“En este tiempo de gracia, demos espacio al silencio, apaguemos un poco los televisores, la radio y los smartphone”. Este es el consejo del papa León XIV para los católicos en su primera Cuaresma como Sucesor de Pedro, tal y como ha compartido tras rezar el ángelus ante los miles de fieles congregados en la plaza de San Pedro en un domingo en el que comienza su semana de ejercicios espirituales.
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Robert Francis Prevost ha invitado a “practicar generosamente la penitencia, junto con la oración y las obras de misericordia”. Asimismo, ha invitado a “meditar la Palabra de Dios, acercarnos a los sacramentos; escuchar la voz del Espíritu Santo, que nos habla al corazón, y escucharnos unos a otros, en las familias, en los lugares de trabajo y en las comunidades”.
“Dediquemos tiempo a los que están solos, especialmente a los ancianos, a los pobres y a los enfermos. Renunciemos a lo superfluo y compartamos lo que ahorramos con quienes carecen de lo necesario”, ha subrayado.
Palacio apostólico del Vaticano
Ayuno, limosna y oración
En este primer domingo de Cuaresma, el Pontífice ha señalado que este tiempo es “un itinerario resplandeciente en el que, con la oración, el ayuno y la limosna, podemos renovar nuestra colaboración con el Señor para hacer de nuestra vida una obra maestra irrepetible”.
“Se trata de permitirle eliminar las manchas y curar las heridas que el pecado haya podido causar en ella, y de comprometernos a hacerla florecer con toda su belleza hasta alcanzar la plenitud del amor, que es la única fuente de felicidad verdadera”, ha aseverado.
Y ha continuado: “Se trata de un camino exigente, y existe el riesgo de que nos desanimemos o de que nos dejemos seducir por caminos de satisfacción menos agotadores, como la riqueza, la fama y el poder (Mt 4,3-8). Estas tentaciones, que también fueron las de Jesús, no son más que pobres sucedáneos de la alegría para la que fuimos creados y que, al final, nos dejan inevitable y eternamente insatisfechos, inquietos y vacíos”.
Por eso, “la penitencia, al tiempo que nos hace conscientes de nuestras limitaciones, nos da la fuerza para superarlas y vivir, con la ayuda de Dios, una comunión cada vez más intensa con Él y entre nosotros”, ha añadido antes de confiar a la Virgen María, “Madre que siempre asiste a sus hijos en la prueba, nuestro camino cuaresmal”.
Cuarto aniversario de la guerra de Ucrania
Al concluir el ángelus, el Papa ha recordado que han pasado ya cuatro años del inicio de la guerra contra Ucrania. “Una dramática situación que sigue ocurriendo bajo los ojos de todos”, ha dicho el Pontífice. “Cuántas víctimas y familias rotas, cuánta destrucción, cuánto sufrimiento indecible”.
“De verdad, toda guerra es una herida infligida a toda la familia humana”, ha continuado, recordando que los conflictos dejan tras de sí “muerte, devastación y un camino de dolor que marca generaciones”. Por ello, “la paz no puede ser postergada, es una exigencia urgente que debe encontrar espacio en los corazones y traducirse en decisiones responsables”.
De esta manera, León XIV ha renovado su llamamiento a “que callen las armas, que cesen los bombardeos, que cese el fuego y se refuerce el diálogo que lleve a la paz”, y ha “invitado a todos a que se unan en oración por el martirizado pueblo ucraniano y todos los que sufren por esta guerra y cualquier conflicto en el mundo. Que pueda resplandecer en nuestros días el don de la paz”.