El nuevo nuncio en Israel y delegado apostólico en Jerusalén y Palestina es un arzobispo italiano experto en conflictos y dictaduras. Con la frágil tregua de Gaza de fondo, León XIV nombró el pasado 22 de enero a Giorgio Lingua como su representante en Tierra Santa. El diplomático, de 65 años, sustituye al filipino Adolfo Tito Yllana, que se jubila a los 77 años después de cinco años al frente de la misión diplomática vaticana. Lingua aterriza en Tel Aviv con una experiencia probada como nuncio en plazas complejas como Irak, Jordania, Cuba y Croacia, además de una labor diplomática previa en Costa de Marfil, Estados Unidos y Serbia. Sobre la nueva misión que comienza, Lingua conversa con ‘Vida Nueva’.
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PREGUNTA.- ¿Cómo acoge este nuevo encargo que le ha hecho el papa León XIV como nuncio en Israel y delegado apostólico en Jerusalén y Palestina?
RESPUESTA.- Lo he acogido con gratitud, emoción y un poco de temor. Tierra Santa siempre ha estado en lo alto de mi lista de deseos. Cuando un deseo se convierte en realidad, solo puede haber estupor y agradecimiento.
P.- ¿Abandona Zagreb para trasladarse a Tel Aviv. ¿Tiene la sensación de que se marcha a una plaza complicada?
R.- Basta con abrir cualquier noticiero para darse cuenta de la complejidad de la situación. Pero no voy a resolver problemas, voy en nombre del Santo Padre para hacer sentir su cercanía a la comunidad cristiana, a la católica en particular. Luego, obviamente, también tendré que encontrar la manera de hacer llegar su voz –que ya es muy conocida– a las autoridades civiles, y a todos aquellos que están abiertos a escuchar su llamamiento por la paz.
P.- ¿Usted sabe perfectamente ‘torear’ en lugares difíciles, ya que ha sido nuncio en Cuba. ¿Qué ha aprendido de su misión en la isla que le ayude ahora para servir desde Israel y Palestina?
R.- En Cuba aprendí muchas cosas, pero la primera que me viene a la mente y que podría ayudarme también en mi próxima misión es la
resiliencia de la gente, es decir, la capacidad de reaccionar de manera positiva y adaptarse a las adversidades de la vida y a las dificultades, manteniendo el buen humor y el equilibrio psicológico.
Volver a Tierra Santa
P.- ¿Después de pasar por Jordania, ¿qué significa para usted volver a Tierra Santa para ser los ojos del Papa?
R.- Significa volver a las raíces de mi opción cristiana. Volver a los lugares donde todo comenzó. Donde el Todopoderoso se manifestó en la debilidad de nuestra humanidad. Significa, por tanto, redescubrir el mensaje siempre actual y nunca cumplido –quizás porque nunca fue realmente acogido y creído – del Evangelio de las bienaventuranzas.
P.- ¿El mundo vive en conflicto y todos miramos a las guerras olvidadas de África, a Ucrania y a Oriente Medio. ¿Hay espacio para la paz?
R.- ¡Hay espacio de sobra! Si es verdad que existen unas 13.000 bombas atómicas en el planeta Tierra –y ¡con solo 500 bastaría para eliminar a la humanidad del planeta–, entonces hay que decir que para lo que no hay más espacio es para la guerra. Me parece que nos estamos volviendo locos… ¿qué necesidad tenemos todavía de más armamentos? Ya tenemos bastantes si queremos matarnos todos. Así que… ¡solo queda espacio para la paz!
P.- ¿En la cuna de las religiones, ¿cómo pueden ser las distintas confesiones fuente de paz y no de conflicto?
R.- Intentando vivir el mensaje religioso sin instrumentalizaciones. En el centro de cada religión, al menos de las principales, está la llamada “regla de oro”: no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti, o como dijo Jesús, en positivo: haz a los demás lo que te gustaría que te hicieran a ti. ¡Todo está incluido en este mandamiento!