Párrocos en las antípodas, pero con un mismo corazón

Los párrocos Pablo Nicolás Cuadrado y Javier Sánchez-Cervera

Algo ha llovido, y no solo estas semanas, desde que no se veían. Hace unos años coincidieron en la Basílica de Nuestra Señora de la Concepción, en Madrid. Uno aterrizaba como seminarista y el otro remataba sus primeras ‘prácticas’ como cura. El pastoreo los ha llevado a cada uno a una punta de la diócesis en un contexto también distante en lo socioeconómico. Aquel recién llegado a la calle Goya es Javier Sánchez-Cervera, hoy párroco de San Sebastián Mártir de San Sebastián de los Reyes. Pablo Nicolás Cuadrado es párroco de Nuestra Señora de las Victorias y San Atanasio, en el popular barrio de Valdeacederas.



Ambos coinciden en que hay quien “ha intentado generar desencuentro más allá del reconocimiento de que somos un clero plural, cuando es tiempo de centrarnos en la unidad que sacramentalmente vivimos desde que nos impusieron las manos”. Convivium es un regalo de Dios que nos ha ayudado a tomar conciencia más profunda de que formamos parte del mismo presbiterio; con sensibilidades distintas, pero en la misma Iglesia, al servicio del pueblo de Dios”, expresa Pablo.

CONVIVIUM. Madrid reúne en una asamblea sinodal a 1.300 sacerdotes

Para Javier, este encuentro es “una llamada a fomentar los vínculos entre nosotros y a poder superar diferencias que son superficiales y anecdóticas”. Así, “me encanta cuando el Señor se pone de pie en el templo y se pone a gritar: ‘El que tenga sed, que venga a mí y beba’. Como dice la Escritura: ‘De sus entrañas manarán ríos de agua viva’”, verbaliza Javier sobre esa Palabra que le mueve como sacerdote. Pablo se remite al pasaje donde el Maestro se levanta en la sinagoga un sábado y echa mano del profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres”. “Siento que hoy estamos llamados, más que nunca, a estar cerca de la gente que lo pasa peor, sin discriminaciones, ofreciendo un Evangelio vivo creíble y real, no una ideología”, enfatiza el párroco de Tetuán.

La misma misión

Para Javier, aunque el perfil del feligrés mude de uno a otro barrio, “el corazón de las personas tiene las mismas inquietudes” y, de la misma manera, la misión del pastor no se altera. “Vengo de estar 18 años en una zona residencial y, desde hace cinco años, estoy en el centro del pueblo. El lenguaje a veces puede ser un poco distinto, las formas de hacer pueden cambiar, pero la necesidad de Dios y la caridad pastoral te lleva a salir al encuentro con las mismas ganas”, recalca. “La Iglesia es para todos”, completa Pablo, que añade que “está ahí para salir al rescate, porque el Evangelio de Jesús se regala a todos por igual. Es la misma eucaristía la que celebramos y eso es lo que nos hace fuertes y nos hace comunión”.

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