La Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC) ha decidido suspender el viaje a Roma previsto entre el 16 y el 20 de febrero ante la posibilidad de una cancelación masiva de vuelos hacia la Isla, provocada por la escasez crítica de combustible. La decisión fue comunicada este domingo, apenas un día después de que el Gobierno cubano anunciara que, desde el 9 de febrero y durante al menos un mes, el país no contará con queroseno suficiente para repostar los aviones que llegan del exterior.
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El desplazamiento episcopal tenía un carácter especialmente significativo: se trataba de la tradicional visita Ad Limina Apostolorum, que cada cinco años permite a los obispos presentar al Papa un informe detallado sobre la situación pastoral de sus diócesis. Pero esta vez despertaba un interés añadido, al ser el primer encuentro oficial con papa León XIV y producirse en un momento de extrema fragilidad social y política para el país.
De hecho, solo unos días antes de anunciar la suspensión, los propios prelados habían confirmado públicamente su intención de viajar a Roma. En un comunicado, explicaban que la visita “será ocasión para renovar la unidad con el Sucesor de Pedro, compartir la realidad pastoral de nuestras diócesis y fortalecer la misión evangelizadora en medio de los desafíos que vive nuestro pueblo”.
Los obispos añadían entonces que aprovecharían el encuentro para pedir “la bendición del Papa para todos los cubanos” y reiterarle que “las puertas de nuestra Patria están abiertas para una eventual visita suya”.
Alarmas encendidas por la crisis energética
El contexto ha cambiado de forma abrupta. La COCC alertó ya la semana pasada del “agravamiento” de la situación económica y social tras la orden del presidente estadounidense Donald Trump, que amenaza con imponer aranceles a quienes suministren petróleo a Cuba, un país que necesita importar cerca de dos tercios de su energía.
“Las noticias recientes, que anuncian, entre otras, la eliminación de toda posibilidad de que entre petróleo al país, disparan las alarmas, especialmente para los menos favorecidos”, denunciaron los obispos, subrayando que “Cuba necesita cambios y son cada vez más urgentes, pero no necesita para nada más angustias ni dolor”.
Un día después, el propio León XIV —que antes de ser elegido Papa visitó Cuba en dos ocasiones— expresó desde la Plaza de San Pedro su “gran preocupación” por el aumento de la tensión entre La Habana y Washington, y pidió a ambas partes un “diálogo sincero y eficaz para evitar la violencia y cualquier acción que pueda aumentar el sufrimiento del pueblo cubano”.