La oración por Ucrania que el pasado miércoles elevó León XIV durante la audiencia general se ha transformado, apenas unos días después, en caridad sobre el terreno. Y es que, tal y como había denunciado el pontífice —aludiendo a “las consecuencias de los bombardeos que han vuelto a golpear también las infraestructuras energéticas”—, la Santa Sede ha activado un nuevo envío humanitario a las zonas más castigadas por la guerra.
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Por mandato del Papa, la Limosnería Apostólica ha enviado tres tráileres con 80 generadores eléctricos, que partieron desde la basílica romana de Santa Sofía —iglesia de referencia de la comunidad ucraniana en Italia— y que ya han llegado a Fastiv y a Kyiv, dos de los puntos especialmente afectados por los últimos ataques.
La iniciativa responde también a las peticiones de numerosos obispos, conscientes del sufrimiento de la población civil y de las dificultades añadidas por el invierno. En estas semanas, las temperaturas nocturnas descienden hasta los –15 grados, mientras que durante el día se mantienen entre –10 y –12. Muchos vecinos se ven obligados a abandonar sus casas para refugiarse en espacios calefactados donde, gracias a estos generadores, pueden recibir también una comida caliente.
Cuatro años de guerra
Junto al material eléctrico, se han enviado a Ucrania miles de medicamentos, complementos nutricionales y melatonina, un producto muy solicitado porque ayuda a conciliar el sueño en medio del miedo constante y el estrés prolongado. Cada gesto solidario se convierte así en un pequeño respiro para una población que arrastra ya cuatro años de trauma bélico. Mientras tanto, la violencia no da tregua. En las últimas horas se han registrado nuevos ataques sobre Odesa y Járkov, donde incluso un niño de diez años ha perdido la vida.
Desde el Dicasterio para el Servicio de la Caridad confirman además que se está ultimando la carga de otro camión con antibióticos, antiinflamatorios, antihipertensivos y alimentos de primera necesidad. Una vez en el país, la distribución se realiza a través de la red parroquial de las distintas diócesis, que actúa como columna vertebral de esta ayuda de emergencia.
Esta oleada de gratuidad ha sido posible gracias al Banco Farmacéutico, a varias empresas del sector, al grupo Procter & Gamble y a innumerables donantes anónimos. Como ha subrayado el limosnero pontificio, Cardenal Konrad Krajewski, “a nombre del Papa”, el agradecimiento se extiende “a toda la gente de buena voluntad que no se cansa de ayudar a quienes sufren”.