Después de media vida compartida sobre los escenarios, Antonio García de Diego estuvo en el momento del adiós. Su guitarra cómplice cerró una historia de casi cuarenta años de trabajo junto a Joaquín Sabina. Músico y productor clave en su trayectoria, se formó como escolano del Valle de los Caídos y ha colaborado con Luz Casal, Miguel Ríos, Triana, Estopa, Víctor Manuel y Ana Belén o Camilo Sesto, ayudando a construir el sonido de toda una época.
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PREGUNTA.- Empecemos por el final: el último concierto de Sabina. ¿Cómo fue ese día?
RESPUESTA.- Muy emocionante, porque sabíamos que era la última vez que tocábamos con Joaquín. Esa emoción ya venía acumulada de conciertos anteriores, sobre todo en América. La última actuación es mítica, pero curiosamente sentí más la penúltima, porque en la última estaba grabando TVE y eso te condiciona: tienes que controlar más, concentrarte, y eso frena un poco la emoción. Aun así, fue muy intenso. Estaba nuestra gente y el público también sabía que era la última vez que lo escuchaba en directo. Hubo lágrimas, claro.
P.- ¿Cuántos años ha estado con él?
R.- Empecé a trabajar con Joaquín hacia el año 86-87, en ‘Hotel, dulce hotel’. Al principio, produciendo discos mientras yo seguía con Viceversa. En la banda entré sobre el 91 o 92. En total, cerca de 40 años.
Proceso creativo
P.- ¿Cómo era el proceso creativo con Sabina?
R.- No siempre era igual. A veces, componía solo, y tiene muchísimas canciones así. Otras veces trabajábamos como un trípode: Joaquín, Pancho Varona y yo, mano a mano con la guitarra. Nos daba libertad, pero también tenía muy claro lo que quería. Por ejemplo, con ‘Contigo’ nosotros hicimos una música que luego él descartó, pero que acabó siendo ‘Es mentira’.
P.- Ha trabajado con Víctor y Ana, con Luz Casal, con Miguel Ríos, con Estopa…
R.- Te vas alimentando humana y musicalmente. El que más me ha marcado musicalmente ha sido Joaquín, porque me hizo tocar estilos que nunca pensé: boleros, rumbas… Yo venía del rock. Miguel Ríos te aporta energía, Ana sensibilidad, Víctor una conexión muy de tierra.
En el Valle de los Caídos
P.- Su formación musical empieza en el Valle de los Caídos…
R.- Entré muy joven en la escolanía, con 6-7 años. Allí empezó mi desarrollo musical: leer solfeo, cantar todos los días, leer gregoriano… Eso educa muchísimo el oído. Musicalmente fue el principio de todo, aunque de otras vivencias pueda opinar distinto. (…)
P.- Más allá de la fe o la religión, ¿cómo definiría su espiritualidad?
R.- Soy muy racional, muy de tierra. No diría que soy especialmente espiritual, pero sí humanista. Todos tenemos algo de espiritualidad, pero me defino más desde lo humano que desde lo espiritual en un sentido religioso.