El cardenal prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Victor Manuel ‘Tucho’ Fernández, ha citado en el Vaticano al superior general de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), Davide Pagliarani. Según informan los lefebvrianos en un comunicado, tras el anuncio, el 2 de febrero, de futuras consagraciones episcopales, el purpurado escribió al sucesor de Marcel Lefebvre para proponerle un encuentro. Una propuesta aceptada y dicha entrevista tendrá lugar el jueves 12 de febrero, aunque la Santa Sede no ha confirmado la noticia.
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Eso sí, el Vaticano confirmó el 3 de febrero que mantiene abiertos los canales de diálogo con FSSPX en un intento explícito de evitar una nueva ruptura eclesial. Así lo aseguró el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni.
“Continúan los contactos entre la Fraternidad San Pío X y la Santa Sede, con la voluntad de evitar rupturas o soluciones unilaterales con respecto a las problemáticas surgidas”, afirmó Bruni al responder a las preguntas de los periodistas.
Después de años con numerosos intentos de acercamiento por parte de la Iglesia, el anuncio unilateral de ordenar obispos el próximo 1 de julio sin el visto bueno de León XIV -el único que puede hacerlo- consuma una nueva ruptura entre la Santa Sede y la FSSPX.
Algo que ya ocurrió hace casi 40 años y que desembocó en la excomunión de los protagonistas directos de un acto considerado ilegítimo. Todo tuvo su origen mucho antes, en 1970, cuando nació (con el beneplácito de Pablo VI) la FSSPX, fundada por el arzobispo francés.
Desde entonces, los conocidos como lefebvrianos han sido el bastión de un tipo de tradicionalismo que, aunque se define “católico” y “fiel a Roma”, no ha dudado en arrastrar varias veces ese espíritu de comunión con el Papa. En esencia, al no reconocer el Concilio Vaticano II (en 1974, en un manifiesto, su superior recalcó que “nos negamos y nos hemos negado siempre a seguir la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante que se manifestó claramente en el Concilio Vaticano II y después del Concilio en todas las reformas que de éste salieron”). Pero el 30 de junio de 1988 ya se dio un paso sin retorno: Lefebvre consagró a cuatro obispos para su comunidad y todos ellos fueron excomulgados por Juan Pablo II.
Bajo el pontificado de Benedicto XVI hubo un claro intento de reconducir las relaciones con la FSSPX. Así, Ratzinger acordó con su entonces superior, Bernard Fellay (uno de los cuatro obispos consagrados por Lefebvre), el establecimiento de una comisión de diálogo para poner fin al conflicto. Esta estuvo varias veces a punto de lograr un pacto de mínimos, pero finalmente nunca llegó rúbrica alguna. Con todo, el Pontífice alemán tuvo en 2009 un gesto de buena voluntad y levantó la excomunión a los cuatro prelados (Lefebvre había fallecido en 1991).
Rechazo de la “utopía apóstata” de Francisco
En estos últimos años, ha habido un ‘impasse’ en el que, sin llegar a una ruptura total, se ha incrementado la tensión. De hecho, Pagliarani llegó a cargar contra la “utopía apóstata” de Francisco, según él, “de origen liberal, naturalista y masónico”. Y es que el actual superior de la FSSPX, elegido en 2018, es menos propicio al acuerdo con Roma de lo que era Fellay.
Pero ahora se ha vuelto a alcanzar una línea roja. La razón última es que solo sobreviven dos obispos (Fellay y Alfonso de Galarreta) de los cuatro consagrados en 1988 por Lefebvre. Así, teniendo en cuenta que solo ellos son los que pueden ordenar a sacerdotes para su comunidad, los lefebvristas temían que pudieran llegar a un momento de ‘muerte natural’, pese a contar con más de 700 presbíteros en todo el mundo.
Por ello, Pagliarini, que ha desvelado que ha contactado en varias ocasiones con la Santa Sede para hacer ver que necesitaban que el Papa nombrara nuevos obispos para su realidad eclesial, al no ver respondido satisfactoriamente su reclamo, ha decidido seguir el paso unilateral de Lefebvre en 1988. Así, el 1 de julio, León XIV tendrá que repetir la respuesta de Juan Pablo II: la excomunión automática de los obispos falsamente consagrados. A menos que el cardenal argentino les haga entrar en razón el próximo 12 de febrero.
