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Cardenal Maradiaga: “La reforma litúrgica del Vaticano II ha quedado paralítica y anémica”

Cardenal Maradiaga: “La reforma litúrgica del Vaticano II ha quedado paralítica y anémica”

El cardenal arzobispo emérito de Tegucigalpa, el salesiano Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, responde a las preguntas de Vida Nueva tras asistir en Roma al primer consistorio del pontificado de León XIV, celebrado entre el 7 y 8 de enero.



PREGUNTA.- El Papa formuló una pregunta base al arrancar el consistorio: “De frente al camino de los próximos uno o dos años, ¿qué aspectos y prioridades podrían orientar la acción del Santo Padre y de la Curia?”.

RESPUESTA.- En primer lugar, la aplicación de ‘Praedicate evangelium’, que, tristemente, cuenta con una oposición, minoritaria, pero ruidosa y efectiva, que quiere reducirla al derecho canónico. La constitución apostólica aprobada por Francisco es otra cosa, es un paradigma para las Curias diocesanas de todo el mundo, para que los criterios que hemos formulado en el preámbulo puedan ponerse en práctica en las Iglesias locales. Será un buen trabajo del Papa hacer que ‘Praedicate evangelium’ no se quede en papel mojado. La segunda prioridad pasa por aterrizar los criterios de la nueva evangelización a través de ‘Gaudete et exultate’ y de la sinodalidad.

P.- León XIV compartió en su reflexión improvisada dos interrogantes: “¿Hay vida en nuestra Iglesia? ¿Hay espacio para aquello que nace?”. Con este punto de partida, ¿cuáles son esas realidades que están naciendo en la Iglesia y que hay que acoger con la “novedad” que pide el Papa?

R.- ¡Claro que hay vida en la Iglesia! Es más, no es una vida que languidece, sino una vida que sigue brotando, porque es el Espíritu Santo el que guía la Iglesia. Por más que algunos observan la realidad con pesimismo, hay muchísimos más jóvenes que aceptan el Evangelio y que van adelante con él, aunque no hacen ruido. Además, contemplamos en la actualidad que, cada vez más, un laicado que toma conciencia de su papel como miembro de la Iglesia y a través de la sinodalidad está participando. Trabajo mucho con las comunidades hispanas en los Estados Unidos, que me piden constantemente aprender a trabajar desde la conversación en el Espíritu, que les está ayudando a descubrir que son parte activa de la Iglesia, que son tomados en cuenta.

El cardenal arzobispo de Tegucigalpa en la 47ª Semana Nacional de Vida Consagrada

“El multilateralismo tiene que ser el garante de la paz”

P.- El cardenal Timothy Radcliffe dijo en su meditación inicial: “El Señor nos llama a navegar en las tormentas y a afrontarlas con verdad y valentía, sin quedarnos tímidamente esperando en la orilla”. ¿Cuál es la tormenta que cree urge afrontar?

R.- Tenemos varias tormentas avistadas. Una de ellas es la geopolítica mundial, que es un caos porque se está reduciendo a repartirse el mundo como una herencia. Asia para China, Europa para Rusia y América para Estados Unidos. No podemos aceptar eso. El multilateralismo tiene que ser el garante de la paz. Este imperialismo que merodea no hace más que seguir adelante para alimentar distintas guerras que son esa Tercera Guerra Mundial a pedazos que denunciaba Francisco. Otra tormenta a afrontar es la indiferencia de muchos católicos que piensan que es imposible entrar en el ámbito de la política y la dejan para unos pocos ambiciosos y corruptos que están deshaciendo las ciudadanías en todos nuestros países. ‘Fratelli Tutti’ nos habla claramente de la limpia, de la buena política y de que la participación de los laicos católicos y las laicas católicas tiene que ser real en las sociedades. No puede caber la indiferencia, ni mucho menos el clericalismo de los laicos. El papel de los laicos no es la sacristía.

P.- En la tarde del 7 de enero, abordaron la cuestión de la liturgia. ¿Cómo se pueden reavivar las celebraciones? ¿Recuperar propuestas nostálgicas es la solución?

R.- Lo que tiene que hacerse es llevar adelante la reforma litúrgica de Vaticano II, que ha quedado paralítica y al mismo tiempo anémica. La fuerza de la renovación litúrgica está ya en el Concilio. La aplicación pasa por superar el ritualismo,  la nostalgia del pasado y llamar a las cosas por su nombre. Quieren celebrar en latín, pero, ¿cuántas personas saben latín y se comunican en latín en sus casas, en sus familias o en sus comunidades de fe? ¿Tiene sentido estar en una celebración de cuerpo presente sin entender nada? Eso es un error. Y, al mismo tiempo, quiero intuir que podría haber una estrategia de la Sociedad San Pío X, de Lefebvre, y de otros tantos para alimentar estas prácticas.

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