El cardenal François-Xavier Bustillo, OFMConv., obispo de Ajaccio (Córcega), responde a las preguntas de Vida Nueva tras asistir en Roma al primer consistorio del pontificado de León XIV, celebrado los días 7 y 8 de enero.
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PREGUNTA.- El Papa formuló una pregunta base al arrancar el consistorio: De frente al camino de los próximos uno o dos años, ¿qué aspectos y prioridades podrían orientar la acción del Santo Padre y de la Curia?
RESPUESTA.- El Santo Padre ha terminado el Año Jubilar. Ahora empieza una nueva etapa en su ministerio. Me pareció oportuno que consultara a los cardenales sobre el futuro de la Iglesia. La misión y la manera de vivir nuestra fe es fundamental. Creo útil para la Iglesia imaginar la manera de vivir en el futuro teniendo en cuenta el presente y apoyándonos en el amplio patrimonio espiritual.
P.- León XIV compartió en su reflexión improvisada dos interrogantes: “¿Hay vida en nuestra Iglesia? ¿Hay espacio para aquello que nace?”. Con este punto de partida, ¿cuáles son esas realidades que están naciendo en la Iglesia y que hay que acoger con la “novedad” que pide el Papa?
R.- Los interrogantes del Papa son estimulantes. No vivimos en una Iglesia mecánica que tiene que funcionar. Vivimos en una Iglesia orgánica, que está viva y tiene que transmitir vida. Con sus altibajos, la Iglesia crece y se fortalece. La Iglesia no puede vivir de nostalgia, sino de su alma, el Evangelio. El Apocalipsis dice: “Yo hago nuevas todas las cosas” (Ap 21, 5). Os daré un corazón nuevo y un espíritu nuevo, dice el profeta Ezequiel (cf. Ez 36, 26). Dios no nos da un corazón y un espíritu viejos. En Francia la gran novedad es la cantidad de jóvenes que piden el bautismo de adultos. La Iglesia acoge esta novedad y ofrece su patrimonio espiritual para que estas personas encuentren una brújula en su vida, Jesús. Jóvenes de padres indiferentes y distantes de la Iglesia buscan hoy el camino de la paz. Es una responsabilidad y una oportunidad para la Iglesia.
P.- El cardenal Timothy Radcliffe dijo en su meditación inicial: “El Señor nos llama a navegar en las tormentas y a afrontarlas con verdad y valentía, sin quedarnos tímidamente esperando en la orilla”. ¿Cuál es la tormenta que urge afrontar?
R.- La vida humana está llena de tormentas, desde el nacimiento hasta la muerte. No hay que tener miedo de las dificultades. El miedo paraliza y no puede ser el motor de la vida. La Iglesia ve dificultades, pero no son trágicas. En nuestra sociedad se dramatiza mucho cada dificultad. La barca de la Iglesia tiene que seguir luchando y amando para que la unidad sea visible y sólida, y para que la misión por el Reino pueda transmitir el gusto de la vida y el sentido de la vida a los que están desorientados. Jesús está en la barca, no estamos solos o abandonados. Nuestra misión no es buscar tácticas, políticas o estrategias para sobrevivir. Nuestra misión es encarnar la potencia del Evangelio en la vida ordinaria. El sermón de la Montaña de Jesús es de actualidad. Sus palabras no son anacrónicas.
P.- En la tarde del 7 de enero, abordaron la cuestión de la liturgia. ¿Cómo se pueden reavivar las celebraciones? ¿Recuperar propuestas nostálgicas es la solución?
R.- La cuestión litúrgica para muchos es una cuestión de forma. Los ritos son fundamentales y forman parte del patrimonio eclesial. Creo que actualmente hay 23 ritos en la Iglesia. Podríamos inspirarnos en Oriente, donde pertenecer a un rito no provoca divisiones, sino que ofrece riqueza en la diversidad. En Occidente, el ideal puede caer en la ideología. Hemos caído en un sistema casi infantil en el que hay que pronunciarse si estamos “a favor” o “en contra”, como en las redes sociales. Para mí, en la cuestión litúrgica, antes de trabajar la forma y los ritos, hay que trabajar el fondo, la fe. Se necesita un buen fundamento teológico y espiritual. La liturgia es la expresión de nuestra fe, nuestra forma de orar juntos. Será muy interesante estudiar el “cómo” creemos. La madurez en la vida de fe crea comunión. Ese es nuestro futuro.
