De vez en cuando el papa León XIV recibe a alguno de los prelados críticos con el papa Francisco, especialmente en materia litúrgica. Así, el pasado 18 de diciembre, visitó al pontífice en el Vaticano el obispo auxiliar en Astaná, la capital de Kazajistán, desde 2011, Athanasius Schneider. Crítico con cualquier propuesta de reforma, ha ido más allá de recuperar los permisos de Benedicto XVI en lo que a la misa con el misal previa al Vaticano II se refiere.
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Un documento papal
Según ha declarado el propio obispo en una entrevista en la plataforma Pelican+, le ha propuesto a León XIV que promulgue una Constitución Apostólica sobre la Misa Tradicional, entendiendo por esto la celebración conforme a las normas tridentinas. Una constitución apostólica sería un documento de primer orden y establece una praxis de forma más definitiva, de entrada, que un motu proprio como han hecho tanto Benedicto XVI como Francisco con los permisos a una celebración conforme al rito extraordinario. “Un documento más solemne, no solo un Motu Proprio como hizo Benedicto XVI y luego el anti-motu proprio del papa Francisco ‘Traditionis custodes’”, explicó el prelado en la entrevista.
“Creo que no sería muy adecuado volver a redactar un anti-Motu Proprio contra ‘Traditionis custodes’, sino simplemente un documento más solemne por encima de los Motu Proprios”, añadió. Así, pidió “realizar una nueva regularización de toda la cuestión de la misa tradicional en latín, de nuevo independientemente de los Motu Proprios. Hacer una nueva regularización solemne con esto, dando completa libertad y coexistencia a ambas formas, una coexistencia pacífica, sin limitaciones ni impedimentos para ninguna de las dos formas”. Para el obispo kazajo en su propuesta no hay una forma ordinaria y otra extraordinaria de celebrar la eucaristía en función del misal que se emplee, el del Vaticano II o el de Trento de espaldas a los fieles y ‘ad orientem’; para él las dos formas serían ordinarias y por lo tanto al alcance de cualquier sacerdote su celebración, evitando así que un obispo pueda llegar a restringir la misa tradicional. Una fórmula, opina, que “traería justicia y paz a la Iglesia”.