“Calma y cordura” ante esta “pandemónica realidad”, es la frase que Jeanette Rincón Morales, laica venezolana y directora del Observatorio socioantropológico pastoral (OSAP) del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), utiliza en estos momentos de incertidumbre a más de una semana de la incursión militar de Estados Unidos en Venezuela el 3 de enero.
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Expresión que hace 90 años acuñara el general Eleázar López Contreras, presidente de la transición y ministro de guerra del dictador Juan Vicente Gómez, para afrontar una situación similar de transición. La caída del tirano chavista – detalla Ricón en nombre propio – contiene una paradoja.
Por una parte, la “Operación Resolución Absoluta” ejecutada por fuerzas especiales de los Estados Unidos, que dio con la captura de Nicolás Maduro y su Esposa Cilia Flores, acusados de atentar contra la seguridad y estabilidad de su país mediante el “narcoterrorismo”, “constituyó un crimen de agresión violatorio del Derecho Internacional”. Así explica a bocajarro.
Aeronaves de guerra entraron sin autorización, bombardearon, murieron 77 personas; a esta agresión se le suman “las declaraciones altivas del presidente [Donald] Trump, al dar a conocer su intención de gobernar (to rule) el país, de administrar la explotación petrolera venezolana y de cobrarse todos los gastos que implique esta recuperación”.
Para Rincón esto es injerencia, intervencionismo, neocolonialismo. Hace un paralelismo con situaciones similares en el mundo con la ocupación/anexión de zonas de Ucrania por parte de Rusia o el genocidio/desplazamiento/ocupación por parte de Israel en Gaza, “evidencias todas del debilitamiento del multilateralismo”.
Pero, por otro lado, los venezolanos han constatado como su soberanía estaba siendo mancillada también con la injerencia de agentes del gobierno de Cuba en funciones neurálgicas para la seguridad nacional, tales como la custodia del Presidente Maduro, “ahora evidenciada por las muerte de 32 militares y funcionarios del ministerio del interior de Cuba”.
Eso representa el 42% de quienes perdieron la vida en los hechos del 3E según los datos que se manejan hasta ahora. También, y no es un secreto a voces, la negociación de los recursos naturales de Venezuela (especialmente petróleo y minerales) con la misma Cuba y países como China, Rusia o Irán, “en condiciones desfavorables para la economía nacional, sin rendición de cuentas y sin que se traduzca en una mejora de la calidad de vida de la población”.
He allí el dilema de la comunidad internacional y la opinión pública venezolana, acallada por el temor de represalias. En el aire flotan las dudas – señala Rincón – muchos se preguntan, ¿dónde estaban las Fuerzas Armadas Bolivarianas durante los sucesos del 3E, hasta qué punto ofrecieron resistencia ante la incursión militar y hacia dónde se encauzarán las lealtades?
Regocijo contenido
En menos de una semana se han dado cambios frenéticos en “los discursos con el ablandamiento del tono”. Meses antes, Maduro arengaba a sus acólitos consignas antiimperialistas, inclusive ordenó a que “no se moviera un alfiler” si ocurría alguna agresión. Diosdado Cabello, número dos del régimen, amenazaba con un segundo Vietnam, acompañando de consignas como “ni una gota de petróleo” a Estados Unidos si violan “el sagrado suelo venezolano”.
Nada. El zarpazo ha sido recibido con estupor – sostiene Rincón –, porque “lo sucedido superó la capacidad de imaginación de casi todos (incluidos militares venezolanos), por el abrumador, alucinante, poder de fuego de USA”. Con el paso de las horas la historia va cambiando en un contrapunteo entre Donald Trump y Delcy Rodríguez, quien ha asumido la presidencia interina, jurando que traerá de vuelta a la patria a Maduro y a Flores.
Sin embargo, lejos quedó el discurso beligerante del chavismo. En un giro de 180 grados, Delcy ha “ablandado el tono” al establecer, vía decretos, vender petróleo a Estados Unidos, excarcelar a algunos presos políticos y hasta la posibilidad de abrir las embajadas de ambos países, cerradas desde 2019.
Esto ha generado “un regocijo contenido” entre los venezolanos, en un país que ve la posibilidad de “renacer la esperanza”, pese a los amagues del chavismo en negarse a soltar a todos los presos políticos y de ver aún a la dirigencia intacta movilizando el poco saldo organizativo con el que cuentan en algunos de sus bastiones. En medio de un estado de conmoción decretado, que pudiera representar la cárcel – sin el debido proceso – contra quien estuviera de acuerdo con lo ocurrido el 3E.
Suma prudencia
La Iglesia institucional venezolana y latinoamericana ha gestionado esta coyuntura, marcada por contradicciones, paradojas y amenazas de violencia, con suma prudencia. Detalla Rincón que “los obispos venezolanos llamaron a vivir la esperanza con más intensidad, a rechazar cualquier tipo de violencia y a abrir las manos para el encuentro, la ayuda y a tomar como base de toda decisión el bienestar de nuestro pueblo”.
Usa como marca el llamado del Papa León XIV, quien sintetizó la posición de la Iglesia: respetar tanto la soberanía nacional, como el Estado de Derecho y los Derechos Humanos cooperando todos en la construcción de un futuro mejor. Por supuesto, admite que seguirán días y meses de incertidumbre, que deberá disiparse “en la medida que las decisiones y las acciones del nuevo gobierno sean coherentes con su recién estrenada narrativa: más abierta y conciliadora, más enfocada en la reconstrucción y el desarrollo que en temas ideológicos”.
Lo ocurrido el 3E es histórico – asegura Rincón – pocos esperaban una reacción pasiva de las bases extremistas del chavismo. Al parecer hay resabios entre ellos y la dirigencia de Rodríguez. Han quedado muchas interrogantes tras el ataque. Lo cierto, es que se ha retornado a la normalidad luego del asueto navideño de y de fin de año.
Todavía hay urgencias como cubrir brechas en necesidades humanitarias básicas: seguridad alimentaria familiar, apoyo psicosocial para las afectadas en su salud mental debido a la crisis y a los acontecimientos recientes, acceso a servicios de salud de calidad y con capacidad resolutiva, acceso a agua segura y electricidad estables, protección, entre otras.
Espera que estas necesidades “entre en las agendas de discusión/negociación y la ayuda humanitaria” no se vean limitada por el Estado de Conmoción Externa decretado desde el 3 de enero. En todo caso, Iglesia y academia “podrían ejercer un rol mediador y hacer un aporte crucial entendiendo y dando a conocer este momento histórico como un nuevo comienzo”.
“Este es quizás un momento para recordar la parábola evangélica del trigo y la cizaña. Simultáneamente, ampliar el trabajo cooperativo en función de satisfacer las necesidades de los más vulnerables, aprovechando o propiciando espacios de acercamiento y diálogo -privados y públicos- que le permitan velar porque el nuevo gobierno realmente escuche y responda a los clamores de la gente”, acotó.