¿Y si tuvieras contacto directo con el Todopoderoso? En ‘El teléfono de Dios’ (Vanir), Francesc Miralles nos invita a pensar en las grandes preguntas de la vida –el amor, la soledad, la muerte y el sentido de estar aquí– sin dogmas ni certezas. A través de una fábula contemporánea, el autor propone la espiritualidad como experiencia humana y cotidiana. Una conversación para leer despacio y dejar que resuene.
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PREGUNTA.- La premisa de recibir el teléfono de Dios es muy simbólica. ¿Qué significado puede tener en términos espirituales?
RESPUESTA.- No hay que entenderlo solo desde lo espiritual o lo religioso. Es una pregunta existencial. Cuando alguien te dice: “Si tuvieras el teléfono de Dios, ¿qué le preguntarías?”, da igual la idea que tengas de Él. Puede ser una figura religiosa, la sabiduría del universo, tu inconsciente… La clave es: si pudieras acceder a todas las respuestas, ¿cuál sería la pregunta más importante de tu vida?
Temas universales
P.- La novela plantea preguntas universales sobre los grandes temas. ¿Cuál es la respuesta que más sorprende?
R.- Esta fábula plantea qué pasaría si tuviéramos línea directa con el ‘coach’ más poderoso del universo, alguien que conoce todas las respuestas y te conoce mejor que tú mismo. Cada persona le preguntaría algo distinto. (…)
P.- Dice que es un hombre espiritual. ¿Eso tiene que ver con la idea de trascendencia?
R.- La espiritualidad, por encima de cualquier religión, es ir más allá de uno mismo. Cuando alguien hace algo por un desconocido, te preocupas por los demás, el amor te saca de tus propias necesidades, eso es espiritualidad. Y también el misterio de la vida, cosas que no podemos explicar racionalmente. (…)
Una parte pequeñísima del universo
P.- Y si tuviera el teléfono de Dios, ¿qué le preguntaría? ¿O le pediría algo?
R.- Nunca me ha gustado pedir. Es un error concebir a Dios como alguien que está pendiente de nuestras cuitas personales. Sea cual sea la idea de Dios que tengas, va mucho más allá de los asuntos humanos individuales. Somos una parte pequeñísima del universo. Yo no pediría nada. Intentaría beber de su sabiduría. Le preguntaría si estoy cumpliendo mi misión en la tierra o si hay algo importante que debería estar haciendo y no hago.
P.- Si le dieran su teléfono, ¿no sería mejor no llamar?
R.- No. Yo llamaría: soy muy cotilla. Aunque solo fuera para saber si alguien responde y si esa voz sabe cosas de mí que yo no sé… O le mandaría un WhatsApp: “Hola, ¿estás ahí? Perdona que te moleste”.