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La magistral meditación del cardenal Radcliffe en el primer consistorio de León XIV: “Si discutimos, no ayudamos en nada al Papa”

  • El Pontífice agustino encargó al purpurado dominico que iluminara a los cardenales en el arranque de la primera cumbre púrpura tras ser elegido en mayo del año pasado
  • El religioso británico analiza “el orden mundial desmoronado” y ahonda en “las tormentas” eclesiales de los abusos y la división ideológica

Timothy Radcliffe

Fue la sorpresa del arranque del primer consistorio extraordinario de León XIV,  que se celebra ocho meses después de su elección. El cardenal decano, Giovanni Battista Re, fue el encargado de abrir el encuentro con un saludo de bienvenida. Sin embargo, el protagonismo recayó en el cardenal dominico Timothy Radcliffe.



El purpurado británico de 80 años recibió el encargo del actual Papa para pronunciar la meditación inicial para orientar a sus compañeros de bancada. Se trata de una designación más que significativa, en tanto que el religioso recibió la birreta cardenalicia hace prácticamente un año de manos de Francisco, que le premió después de encargarle que dirigiera el retiro del Sínodo de la Sinodalidad de 2023.

Considerado uno de los purpurados más progresistas, este mismo martes hizo gala de su mirada abierta en una entrevista a ‘The Telegraph’ en la que se muestra a favor de “avanzar rápidamente en la ordenación de mujeres al diaconado”. De la misma manera, ratifica su acogida al colectivo LGTBI: “Todo el mundo tiene su hogar en la Iglesia, yo no estoy haciendo nada radical”.

Ayudar al Santo Padre

En sus palabras a los cardenales presentes en el Aula Nueva del Sínodo, Radcliffe animó a los presentes a “ayudar al Santo Padre en el ejercicio de su ministerio ante la Iglesia Universal”.

En una intervención magistral, el purpurado instó a sus compañeros a “estar en la barca de Pedro, con su sucesor, mientras afronta las tormentas de nuestros tiempos”. “No podemos quedarnos en la playa diciendo ‘Yo no iría a navegar hoy.’ O ‘elegiría otro barco’”, advirtió a quienes le escuchaban.

Es más, sentenció que “si la barca de Pedro se llena de discípulos que discuten, no serviremos de nada al Santo Padre”. “Si estamos en paz el uno con el otro en el amor, incluso cuando no estamos de acuerdo, Dios estará realmente presente incluso cuando parezca ausente, añadió.

Repaso global

En su análisis, hizo una radiografía del contexto actual para recordar que “vivimos también en tiempos de tormentas terribles, de violencia creciente, desde el crimen con cuchillos hasta la guerra”. “El abismo entre ricos y pobres es cada vez más grande”, denunció el dominico. A la par, expuso que “el orden mundial que surgió tras la última guerra mundial se está desmoronando” y admitió que “no tenemos ni idea de lo que la Inteligencia Artificial nos ofrecerá”. “Si no estamos nerviosos, deberíamos estarlo”, dejó caer justo después.

Cardenal dominico

Tras su valoración global, hizo un ejercicio de autocrítica: “La propia Iglesia está sacudida por sus propias tormentas, de abusos sexuales y división ideológica”.

Con estas reflexiones, insistió en que “el Señor nos ordena navegar hacia estas tormentas y enfrentarlas con sinceridad, no esperar tímidamente en la playa”. “Si lo hacemos en este Consistorio, veremos que viene a nosotros. Si nos escondemos en la playa, no nos encontraremos con él”, remarcó.

Por la comunión

En este sentido, apuntó que en el Consistorio, “algunos de nosotros seremos defensores de la memoria, valorando la tradición”. “Otros disfrutarán más de la sorprendente novedad de Dios, pero la memoria y la novedad son inseparables en la dinámica de la vida cristiana”, añadió. Desde ahí, defendió la comunión: “Nuestras conversaciones cobrarán vida si ambos estamos arraigados en la memoria de las grandes cosas que el Señor ha hecho y abiertos a su novedad siempre fresca”. “No hay competencia”, apostilló.

De la misma manera, compartió que “podemos sentir que, ante los vastos desafíos de nuestro mundo y de nuestra Iglesia, tenemos muy poca oferta”. “¿Qué podemos decir y hacer que marque la diferencia?”, lanzó como provocación al colegio cardenalicio. Y se contestó: “No endurezcamos nuestros corazones, sino que nos abramos a los incalculables dones de Dios, que nos concede gracia sin medida si abrimos nuestras manos y oídos a Él y a los demás”.

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