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Cardenal Radcliffe: “Ya ha habido un Papa gay”

“Estoy a favor de avanzar rápidamente en la ordenación de mujeres al diaconado”, confiesa el purpurado dominico

Cardenal dominico

Todos los cardenales viajan a Roma para participar en un consistorio y el purpurado dominico Timothy Radcliffe se prepara con una amplia entrevista en ‘The Telegraph’ desde Oxford, donde fue educado dentro de una familia de la alta sociedad británica –“Sería una estupidez pensar que esto me ha hecho mejor persona”, bromea a partir de ello–. El que fuera maestro de la Orden de Predicadores tiene el título de una de la iglesias romanas en las que se celebra con el rito tridentino, pero él no es nada tradicionalista.



El cardenal no deja de repetir, como Francisco, que en la Iglesia “todos son bienvenidos” y “hay espacio para todos”. De él recuerda que “detestaba el clericalismo, la idea de que el sacerdocio es una casta superior, y lo calificaba de veneno”; y su idea de sinodalidad, de “cómo devolver al obispo a la diócesis y al sacerdote al pueblo de Dios. Eso alarmó a mucha gente”, añade.

Pensando en el cónclave desmitologiza las maniobras: “No nos veíamos como enemigos ni rivales. Bromeábamos, reíamos, era un ambiente muy distendido, fraternal”. Por eso espera el consistorio como oportunidad para reafirmar que “una Iglesia que es infeliz no puede predicar el Evangelio”. Por ello, confiesa: “Elegimos a León porque podía seguir adelante, pero también reunir a la gente” ya que “realmente es un hombre que se siente centrado en Dios. No reacciona de forma impulsiva, escucha y tiene una gran capacidad de mediación”. “El papel del papa es mantener la unidad de la Iglesia y yo no habría sido visto como una figura unificadora, en gran parte porque el miedo, creo, a menudo hacía que la gente malinterpretara lo que yo representaba”, reflexiona.

Todos son bienvenidos

El cardenal que sigue viviendo en comunidad, forma parte de los turnos de fregar y le toca comprar lo necesario los domingos –tiene ya tarjeta de fidelidad en una cadena de supermercados–. En su ministerio se ha implicado en iniciativas para la comunidad gay en Londres, sufriendo manifestaciones de otros católicos: “Había manifestantes allí que nos decían que todos íbamos a ir al infierno. La gente no dejaba de decir que yo hacía campaña por los derechos de los homosexuales, pero yo solo decía: ‘De nada’. Todo el mundo tiene su hogar en la Iglesia, yo no estaba haciendo nada radical”.

Preguntado sobre si un hombre gay podría ser papa, no duda y responde: “¡Estoy seguro de que ya ha habido uno! No tengo ni idea de quién. Pero no creo que la identidad sexual de las personas sea especialmente importante. No me preocupa que alguien sea gay, me preocuparía que no amara a nadie”. Sobre los transgénero cree “que hay un número muy reducido de personas que sufren disforia de género. Hay que acogerlas. No creo que nadie pueda decir simplemente ‘tengo derecho a decir que soy mujer’, porque nuestra biología es fundamental. Si las personas tienen realmente ambigüedad en su identidad de género, hay que acompañarlas [en su camino], pero uno descubre quién es en la aventura de la vida. No te levantas y dices: ‘He decidido que voy a ser esto’. Esa es una idea falsa e ilusoria de la libertad”, clarifica.

Jornada Grup San Jordi Timothy Radcliffe

Mujeres y sacerdocio

Sobre la posibilidad de ordenación de mujeres, remite a lor argumentos de los prelados africanos que consideraron que “sería una arrogancia por parte de Occidente decir que nuestras ideas de progreso son las únicas válidas” tras las críticas por la elección de Sarah Mullally como la primera mujer arzobispo de Canterbury. “Por primera vez en la historia, las mujeres están al frente de dos departamentos del Vaticano. Si nos fijamos en la educación y la sanidad en el mundo, ningún grupo ha contribuido más que las religiosas católicas. En el pasado ha habido grandes abadesas ante las que los obispos se encogían de miedo. La idea de que las mujeres han sido una minoría pobre y oprimida es falsa”. Para él, “la ordenación sacerdotal no es la gran prioridad. Si vamos a cambiarla, debe hacerse con el consentimiento de toda la Iglesia”.

Y añade: “Algunos pueden tener prejuicios contra las mujeres, y otros dicen que no es la tradición. Puede haber razones perfectamente honorables. Si un sacerdote es ordenado para representar a toda la Iglesia, entonces toda la Iglesia tiene que estar de acuerdo”. Ahora bien, apunta también: “Estoy a favor de avanzar rápidamente en la ordenación de mujeres al diaconado”. “Es una visión muy clericalista pensar que las únicas personas que importan son los sacerdotes. Los santos son más importantes que los sacerdotes”.

 

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