En el día de la Solemnidad de la Epifanía del Señor el papa León XIV ha despedido al Jubileo 2025 con la clausura de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro y la celebración de la eucaristía. Una jornada en la que también ha rezado el ángelus con los presentes en la Plaza y que el pontífice rezó desde el balcón central del templo –aunque sin el hábito coral que ha empleados en las bendiciones solemnes–.
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En el momento de los saludos, tras el rezo del ángelus, el Papa recordó que muchos celebran la Infancia Misionera e invitó a todos a rezar por las intenciones misioneras, especialmente a los más pequeños. También mandó un saludo a las comunidades orientales que celebran el 7 de enero la Navidad a quienes deseó “serenidad y paz”.
Los dones del Jubileo
En su reflexión previa destacó que la Epifanía es celebrar “la alegría incluso en tiempos difíciles”. “La vida de Dios se ha revelado: muchas veces y de diferentes maneras, pero con definitiva claridad en Jesús, de modo que ahora sabemos, a pesar de muchas tribulaciones, que podemos tener esperanza”, añadió. Para el Papa, esta fiesta significa “confesar que hemos encontrado la verdadera humanidad, en la que resplandece la gloria de Dios”, “la vida divina ahora está a nuestro alcance, se ha manifestado para involucrarnos en su dinamismo liberador que disipa los miedos y nos hace encontrarnos en la paz”.
“No sabemos qué poseían los magos, venidos de Oriente, pero su viaje, el arriesgarse, sus propios dones nos sugieren que todo, realmente todo lo que somos y poseemos, reclama ser ofrecido a Jesús, tesoro inestimable”, añadió a partir de los regalos de los sabios de oriente. Y es que para León XIV “el Jubileo nos ha recordado esta justicia basada en la gratuidad; tiene en sí mismo la llamada a reorganizar la convivencia, a redistribuir la tierra y los recursos, a devolver “lo que se tiene” y “lo que se es” a los sueños de Dios, más grandes que los nuestros”.
Para el pontífice “la esperanza que anunciamos debe tener los pies en la tierra: viene del cielo, pero para generar aquí abajo una historia nueva”. Y es que, prosiguió, “en los regalos de los magos vemos, pues, lo que cada uno de nosotros puede poner en común, lo que ya no se puede guardar para sí mismo, sino compartir, para que Jesús crezca entre nosotros. Que crezca su Reino, que se cumplan en nosotros sus palabras, que los extraños y los adversarios se conviertan en hermanos y hermanas, que en lugar de las desigualdades haya equidad, que en vez de la industria de la guerra se afirme la artesanía de la paz”, imploró.