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Uno de cada diez conventos españoles no puede pagar la calefacción

La Fundación DeClausura activa una campaña de donativos para ‘dar calor’ a 80 de los 690 monasterios de nuestro país

Monasterios conventos cierre

Según la Memoria de Actividades de la Conferencia Episcopal Española, la Iglesia cuenta con 690 monasterios. Al menos el 11% de ellos, uno de cada diez, tiene dificultades para pagar la factura de la calefacción. Así se deduce de la iniciativa llevada a cabo por la Fundación DeClausura. Y es que han activado una campaña de donativos para ayudar a 80 conventos y esperan recaudar solo en enero cerca de 100.000 euros. Solo el año pasado, cuando pusieron en marcha esta iniciativa, ayudaron a 64 comunidades contemplativas gracias a los 68.500 euros recaudados, lo que supuso una ayuda media de 1.070 euros por comunidad.



Desde la entidad, explican que las comunidades contemplativas suelen vivir en “edificios antiguos, con espacios muy amplios y techos altos, son difíciles de calentar”. “Pasillos, refectorios, salas de trabajo, capillas, celdas, salas de estudio permanecen durante meses a temperaturas muy bajas”, detallan a través de un comunicado desde DeClausura. Los muros de piedra vista, las ventanas antiguas por las que entra el frío y las humedades hacen el resto. A esto hay que unir además el desembolso en mantenimiento, reparaciones… “El convento es como una nevera”, llegan a asegurar las propias inquilinas.

De pulmonías a artritis

Para intentar contener los gastos, las religiosas suelen evitar la calefacción, lo que puede afectar “seriamente a su salud”, según la fundación. Así exponen cómo en los monasterios se multiplican en invierno las enfermedades respiratorias, como gripes, catarros, bronquitis o pulmonías, así como los problemas en huesos, articulaciones y piel, entre ellos artritis, osteoporosis o sabañones.

 “Además, muchas comunidades cuentan con sistemas de calefacción precarios o inexistentes”, denuncian desde la entidad que han registrado cómo algunas disponen únicamente de estufas de propano o butano, mientras que otras utilizan gasóleo, almacenado en grandes depósitos que deben rellenarse varias veces al año. “Solo unas pocas, situadas en ciudades, tienen acceso al gas natural canalizado y en algunos casos se emplean estufas o calderas de pellets o, todavía hoy, estufas de leña”, detallan a través de un sencillo informe.

Monasterio cierre

Así, llegan a poner sobre la mesa cómo “muchas celdas o habitaciones, no cuentan con radiadores ni con ningún sistema de calefacción, salvo las de las hermanas mayores o enfermas”.

Por si fuera poco, DeClausura también expone cómo las comunidades “no pueden acogerse al mercado regulado de luz o gas, reservado a hogares o pequeñas empresas con baja potencia contratada”. “Sus gastos energéticos se suman a otros costes fijos de su vida diaria, como la Seguridad Social, la alimentación o el mantenimiento de edificios y maquinaria”, relatan en su comunicado.

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