Marc Rastoin: “No se puede entender a Jesús sin el judaísmo”

El jesuita explica cuál es el estado actual del diálogo entre judíos y cristianos

Marc Rastoin

Hace 75 años, Jules Isaac, historiador judío, fundó la Amitié judéo-chrétienne de France (Amistad judeocristiana de Francia). Su acción fue el origen de un cambio de doctrina en la Iglesia católica hacia el judaísmo. Marc Rastoin, jesuita, biblista y profesor en las facultades jesuitas de París, apasionado de la lectura judía de las Escrituras, explica en esta entrevista en La Croix cuál es el estado actual del diálogo entre judíos y cristianos.



PREGUNTA.- Cuando Jules Isaac, cuya esposa e hija murieron en Auschwitz, lanzó la Amitié judéo-chrétienne en 1948, justo después de la guerra, se podía decir que habíamos recorrido un largo camino…

RESPUESTA.- De hecho, estamos saliendo de uno de los periodos más oscuros para las relaciones con el judaísmo. El antisemitismo pagano de los nazis, y a veces de la tradición comunista, se sirvió del antijudaísmo cristiano, que existía desde hacía siglos, para desencadenar la tragedia absoluta que fue la Shoah. Su impacto todavía pesa a nivel teológico y espiritual en el mundo cristiano. Sin embargo, desde finales del siglo XIX, la visión católica del judaísmo había empezado a cambiar con ciertos pioneros, como el teólogo jesuita Joseph Bonsirvin. Pero fue la conmoción absoluta de la Shoah durante la Segunda Guerra Mundial lo que hizo que muchos católicos se dieran cuenta de que era necesario un cambio radical. Comenzó entonces un proceso que desembocó en algunas de las decisiones del Concilio Vaticano II, y que continúa hoy.

P.- ¿Tienen los protestantes y los católicos el mismo enfoque del judaísmo?

R.- Tanto en las comunidades protestantes como en las católicas, el antisemitismo estaba muy extendido. En ambos bandos hubo fuertes opositores al antisemitismo nazi, con las especificidades de cada confesión. Pero puede decirse que es un problema común a todos los cristianos. Algunos ortodoxos también trabajan en ello.

Todas las grandes Iglesias cristianas se han visto afectadas por formas más o menos variadas de lo que se conoce como teología de la sustitución: la Iglesia sería el nuevo pueblo elegido, habría sustituido a Israel en el plan de Dios. Esta “teología” ha justificado comportamientos discriminatorios desde la primera cruzada en Occidente hasta la Shoah, pasando por los pogromos del siglo XIX en Rusia.

En Francia, durante la guerra, tanto redes judías como católicas y laicas protegieron a los judíos. Pensemos en la acción del pastor André Trocmé en Chambon-sur-Lignon, cuyos habitantes dieron asilo a 5000 personas, entre ellas más de 3000 judíos que huían de la persecución. En Lyon, la red de la revista Témoignage chrétien, con los padres de Lubac y Chaillet, alertó a las conciencias católicas. Del mismo modo, el obispo Saliège, en Toulouse…

Por parte judía, Jules Isaac siguió siendo famoso por su encuentro con el papa Juan XXIII, que preparaba el Concilio. Había conocido a Charles Péguy, uno de esos católicos dreyfusards en un momento en que estallaba el antisemitismo, alentado por las comunidades católicas de la época. Las semillas de rechazo del antisemitismo sembradas en aquella época permitieron la evolución de Jules Isaac.

El punto de partida: volver a Cristo

P.- ¿Cuáles fueron las principales etapas del diálogo judeocristiano?

R.- Por parte católica, el Vaticano II y la publicación de Nostra Aetate pusieron fin a la enseñanza del desprecio. La teología de la sustitución ya no es defendible. Se condenaron las manifestaciones de antisemitismo y antijudaísmo. Estas decisiones, una vez votadas en el Concilio, tuvieron que ser llevadas al terreno. Hubo que redactar notas de catequesis para ayudar a todos los catecismos del mundo a tener en cuenta estas novedades. También hubo que modificar la liturgia. Todo esto lleva su tiempo. Y todavía podemos deplorar el hecho de que los discursos negativos de antes del Vaticano II, que eran fuente de persecuciones, a menudo solo han sido sustituidos por el silencio. Por eso nos queda todavía mucho trabajo por delante. Se necesita tiempo para cambiar las mentalidades.

P.- ¿Qué propuesta positivas deberían haber sustituido a los discursos negativos?

R.- Debemos decir que la permanencia del pueblo de Israel hoy es una bendición, una verdadera buena noticia: Dios permanece fiel a su pueblo y a su palabra pase lo que pase, frente a quienes quieren destruirlo. Es una buena noticia para nosotros, los cristianos. Durante mucho tiempo hemos dicho: los judíos eran infieles y pecadores, por eso Dios los expulsó y los sustituyó por una nueva comunidad. Pero, ¿ha permanecido siempre la Iglesia fiel y sin pecado en sus dos mil años de historia? Si Dios hubiera castigado a Israel por ello, ¡también nosotros podríamos tener serias dudas! “Los dones y la llamada de Dios son irrevocables”, dice Pablo en Romanos 11,29. Esta frase está en el centro del discurso del Vaticano II sobre el pueblo judío.

P.- También recordamos el fuerte gesto del papa Juan Pablo II en el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén, que habló de nuestros “hermanos mayores” en la fe…

R.- Estas palabras no están exentas de ambigüedad: ¡los hermanos mayores del Génesis, Abel, Esaú… rara vez son los elegidos por Dios! Dicho esto, Juan Pablo II fue muy apreciado por la comunidad judía por la forma en que trató el asunto del Carmelo de Auschwitz, por ejemplo. Fue él quien se aseguró de que el Vaticano reconociera el Estado de Israel a finales de 1993. El mero hecho de que el Vaticano comenzara a mantener relaciones diplomáticas con Israel fue muy significativo. Los israelíes y los judíos de todo el mundo le están agradecidos.

P.- ¿En qué punto nos encontramos hoy y qué queda por hacer?

R.- Debemos empezar por volver a Cristo. Jesús era un judío practicante, estrechamente vinculado a su pueblo. Habló a las ovejas perdidas de la casa de Israel… No se le puede entender sin entender el judaísmo. A menudo se objeta que el judaísmo actual no es el mismo que el de Jesús, y es cierto. Pero eso no impide que hagamos todo lo posible por entrar en ese espíritu. Es lo que pretende, por ejemplo, la declaración de la Pontificia Comisión Bíblica “El pueblo judío y sus Sagradas Escrituras en la Biblia cristiana” (2001): nos recuerda que siempre es útil e importante leer el Antiguo Testamento y los comentarios judíos sobre él, descubrir la riqueza de la tradición judía, saber qué es el sabat. Todavía nos queda mucho trabajo por delante para garantizar que la bendición que representa una comunidad de Israel viva hoy siga extendiéndose por todo el mundo cristiano.

P.- Pero, ¿no está este trabajo reservado a los especialistas, a los que entienden hebreo?

R.- Hay que decir de nuevo, con los papas, que tenemos una relación única con el judaísmo. Un católico, para ser católico, puede desconocer totalmente el hinduismo o el budismo. Con el judaísmo es diferente. Nuestro Antiguo Testamento fue escrito en hebreo. No podemos entendernos si olvidamos que procedemos de un movimiento de renovación espiritual, mesiánico y escatológico de otra religión.


*Artículo original publicado en La Croix, ‘partner’ en francés de Vida Nueva

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