Rodolfo Valenzuela: “Con el tiempo hemos ido ‘monarquizando’ la Iglesia”

Rodolfo Valenzuela, obispo de La Verapaz (Guatemala)

A principios de año, en el marco de su Asamblea Plenaria (23-27 de enero), la Conferencia Episcopal de Guatemala (CEG) elegía a Rodolfo Valenzuela Núñez como nuevo presidente para un período de tres años (2023-2026). Obispo de La Verapaz desde hace más de dos décadas, este prelado de 68 años es la cabeza visible de una Iglesia en la que ciertos sectores –“de los fieles y de la jerarquía”– presentan “resistencias” al proceso sinodal en curso. Por otra parte, entretanto, la institución trata de salir al rescate de sus compatriotas en medio de una situación de “incertidumbre” que se manifiesta –entre otros aspectos– en la migración forzosa o “el deterioro de la administración de la justicia”. Sin embargo, pese a las dificultades, Valenzuela confía, con la vista puesta en las elecciones presidenciales del 25 de junio, en que “aún es posible promover un proceso honesto y transparente”.



PREGUNTA.- ¿Hacia dónde camina hoy Guatemala?

RESPUESTA.- Sería pretencioso decir que lo sé. La opinión generalizada es, más bien, de incertidumbre. Siempre hay quienes dicen que vamos hacia atrás y otros ilusos dicen que esto va muy bien. Soy optimista, realista, y creo que hay progresos en muchos aspectos, aunque el mal se pone en evidencia hoy más por los avances de la comunicación.

Corrupción rampante

P.- ¿Qué es lo que más le preocupa como nuevo presidente del Episcopado?

R.- En el ámbito sociopolítico, el deterioro de la administración de la justicia, debido a la rampante corrupción generalizada, ya que unas Cortes libres de cualquier influencia garantizan libertad entre los poderes del Estado y esperanza de justicia para el pueblo. Y es preocupante que eso no se esté dando.

P.- ¿Y de puertas para dentro de la Iglesia, qué le inquieta?

R.- En el ámbito eclesial, las resistencias en algunos sectores de Iglesia frente al proceso sinodal. Que no es un invento actual, sino que tiene que ver con la identidad de la Iglesia. El modo de proceder sinodal tiene sus orígenes en el mismo Jesús, que camina con sus discípulos y escucha, se adapta a su ritmo, pregunta y, por supuesto, les conduce al descubrimiento de algo nuevo. Se ve en todo el proceso de la subida a Jerusalén y en el relato de Emaús. Ese proceso también se observa en la práctica de consenso reflejada en los Hechos de los Apóstoles, cuando había que decidir sobre la observancia o no de las prescripciones del Antiguo Testamento. Más tarde, en los concilios y sínodos. Sin embargo, con el tiempo nos hemos ido “monarquizando”. No se trata de imitar a una democracia, sino de encontrar juntos la verdad, guiados por el carisma del ministerio petrino en comunión con los obispos. Y eso encuentra hoy resistencias, tanto entre los fieles como entre la jerarquía.

Acogida a los migrantes

P.- Una de las urgencias que interpelan a la Iglesia guatemalteca es la dura realidad de los migrantes, y la necesidad de crear estructuras y espacios para brindarles acogida y consuelo. ¿Corren peligro las Casas del Migrante con la normativa gubernamental para el registro de albergues?

R.- Efectivamente, se trata de un servicio que se ha puesto seriamente en riesgo debido a las exigencias establecidas por el Estado en el marco del proceso de registro de albergues para migrantes, por lo que desde la Conferencia Episcopal hemos manifestado nuestra disconformidad. Las políticas migratorias del Estado están condicionadas por las políticas norteamericanas, tendentes simplemente a frenar la migración. Sin embargo, si hay necesidad de trabajadores en Estados Unidos, podría regularse mejor por parte de unos y de otros, y evitar así esa migración forzosa. Se trata, en primer lugar, de lograr que nuestros países ofrezcan las posibilidades de trabajo en paz y dignidad, cosa que hoy no sucede. La fuga de fuerza de trabajo y de miembros de la familia afecta a la sociedad y, por ende, también a la Iglesia. (…)

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