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Decano de la Rota: “Francisco pidió que no se tocase la doctrina sobre la indisolubilidad del matrimonio”

  • Pío Vito Pinto asegura que “el pensamiento y la teología de Benedicto XVI y de Francisco están en continuidad”
  • “El Papa no respira si no es en la vía sinodal”, asegura el canonista en una jornada académica en San Dámaso

Pío Vito Pinto, decano de la Rota Romana, reivindicó esta mañana en Madrid “la continuidad” de los magisterios de los papas Benedicto XVI y Francisco y la determinación del pontífice argentino para sacudir a la Iglesia del adormilamiento en el que estaba sumida, “sobre todo en Europa”. Una sacudida que, como fue ilustrando, tuvo su epicentro en la convocatoria de dos sínodos sobre la familia.



“Yo soy nacido para estas cuestiones con Benedicto XVI y me he tenido que adaptar con Francisco”, señaló el decano en alusión a que su nombramiento tuvo lugar con el papa Ratzinger, seis meses antes de la elección de Bergoglio como pontífice, y que en estos años ha habido “divisiones y críticas, pero la Iglesia es bella”. “Con Benedicto se cerró una época y ahora ha comenzado otra, pero su pontificado se cerró con una cuestión fundamental, en la fe y el matrimonio, sobre la sentencia única afirmativa, que es un puntal de la próxima reforma”, añadió el prelado italiano de 78 años.

“Benedicto ha dicho que no se esperaba a un papa como Francisco, pero, dijo, ‘es mi Papa’. Y el pensamiento y la teología del estos dos Papas están en continuidad y no pueden inventarse nada, porque parten de la fe y de la conciencia de la fe, que es a lo que sirven los sacramentos”, contó Vito Pinto a los estudiantes, sacerdotes y profesores que participaban en la Jornada de Formación ‘La tutela del matrimonio y la atención pastoral a las familias heridas’, organizada por la Universidad Eclesiástica San Dámaso.

Obispos adormilados

El decano destacó la profunda impronta jesuita en el proceder del papa Francisco. “El tiempo de Dios en este Pontificado fue noviembre de 2013, cuando decidió que tenía que haber un camino especial para la familia en la Iglesia, y de ahí salieron los dos sínodos sobe la familia y dos motu proprios, sobre la reforma de los procesos matrimoniales. Esa es su arquitectura, después de un proceso de discernimiento jesuítico, el ser contemplativo en la acción”, afirmó.

El decano enfatizó también al analizar el magisterio de Francisco sobre el matrimonio y la familia que ese camino no quería explorarlo él solo, sino que habría de tener un marcado acento sinodal. “El Papa vio la crisis de fe, sobre todo en Europa, y también vio a los pastores en un sueño profundo –señaló, acompañando la frase con el gesto de estar durmiendo–, pero sintió que no podría caminar si no lo hicieran también los obispos”.

Y de ahí que convocase nada menos que dos sínodos –una extraordinario (2014) y otro ordinario (2015)– sobre la familia. “Francisco no respira si no es en la vía sinodal, que es el camino histórico y efectivo de la colegialidad”, aseguró el prelado, aunque Bergoglio sabía que el sínodo “no le daría un consenso”, añadió. Pero “estando Pedro presente, ya era deliberativo”.

Fiel a Dios y a la Escritura

“Hubo críticas, pero dos tercios de los obispos votaron en la línea del papa Francisco, que escuchó a todos los padres sinodales y, que solo tomó la palabra al principio y al final de la asamblea, y en la línea de lo que luego aparecía en la exhortación postsinodal Amoris laetitia”, en 2016, subrayó el decano, que también destacó que un grupo de unos 25 obispos mostraron su crítica, reivindicando el peso de la doctrina en la cuestión de la indisolubilidad del matrimonio. “Pero Francisco es un hombre fiel a Dios y a la Escritura”, aseveró.

Por otra parte, Vito Pinto y reveló que, para la redacción del motu proprio Mitis Iudex Dominus Iesus sobre la reforma del proceso canónico para las causas de declaración de nulidad matrimonio, en 2015, “Francisco puso como premisa que no se tocase la doctrina sobre la indisolubilidad del matrimonio”.

La sesión académica concluyó con un repaso al discernimiento jurídico-pastoral de los capítulos VI y VIII de Amoris laetitia y con la clausura oficial a cargo del cardenal arzobispo de Madrid, y gran canciller de San Dámaso, Carlos Osoro.

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