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El truco de Tamara Falcó para ganar MasterChef Celebrity: “Mi método de relajación es el rosario”

Tamara Falcó

No es trampa, pero sí un truco. Tamara Falcó ha ganado la cuarta edición de MasterChef Celebrity (TVE). La hija de Isabel Preysler y el Marqués de Griñón confesaba ayer, durante la emisión del programa, su tranquilidad a la hora de afrontar las diferentes pruebas del concurso. “Mi método de relajación es el rosario”, contestaba a la pregunta de Samantha Vallejo-Nájera. Esta, sorprendida, le lanzó de nuevo otra pregunta: “¿Una vuelta al día vale?”. Ante la respuesta afirmativa, la jueza del programa confirmó que lo probaría.

La diseñadora de ropa ha aprovechado los 75.000 euros del premio para entregárselos al Padre Ángel y que el sacerdote pueda continuar con la amplia labor de Mensajeros de la Paz.

En estos meses de programa, la fe de Tamara ha estado muy presente en el programa. Unas veces con profundidad, y otras con un toque de humor. “No creo que me vaya a reencarnar en una langosta ni nada de eso. No creo en eso, yo me muero, un poco de purgatorio y, a lo mejor, al cielo”, comentaba provocando las risas de sus compañeros. También ha hablado sobre la reencarnación: “Es una de las cosas maravillosas de ser católico, veo una araña y ¡pam! Tengo menos miedo de estar reencarnado en un insecto, sabes, estar matando a mi bisabuela o algo así”.

La misma gracia le hizo a Vicky Martín Berrocal su comparación con Dios. “Rezar nunca está de más, yo me santiguo siempre antes de entrar al plató…”, decía ante la mirada expectante de los jueces, y continuaba: “Vicky cree mucho en ella y yo creo mucho en Dios”.

Tamara comenzó el 11 de septiembre el programa sin saber cocinar. Y dos meses y medio después, se ha convertido en la ganadora. Destaca de ella la paz que transmite no solo entre fogones, esa paz que encontró en 2011 en la Biblia Didáctica de PPC-SM, que siempre reconoce que fue el comienzo de su conversión tras estar muchos años alejada de Dios.

“Mi padre se separa por tercera vez, y tras decírmelo, me pide que le acompañe dos semanas al campo. Así que busqué un libro para leer en ese tiempo de verano. Entré en la Casa del Libro y vi una Biblia blanca y azul con una luz iluminándola, con una palmera dibujada –mi nombre significa ‘Palmera’– y un letrero que decía: ‘Biblia didáctica’. Letra grande, papel grueso, pensé: ‘me la compro’”, ha explicado en más de una ocasión. Tras esa primera experiencia, la apuntalaron en la fe unos ejercicios espirituales con el religioso canadiense Ghislain.

La hija de Preysler ha conquistado a todos con su concurso, pero no se muestra orgullosa de su triunfo: “El orgullo es un pecado”.

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