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Carmen Ros: “Las tensiones en la Vida Consagrada son una oportunidad”

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Carmen Ros, subsecretaria de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica (CIVCSVA), fue la encargada de clausurar la 48ª Semana Nacional para Institutos de Vida Consagrada que, del 25 al 27 de abril, congregó en Madrid a alrededor de 700 religiosas y religiosos llegados de toda España.

En su ponencia De las tensiones a la comunión: espiritualidad de la fidelidad a la Iglesia, esta religiosa de las hermanas de Nuestra Señora de la Consolación, abordó las tensiones que se dan en la vida consagrada y las oportunidades que el ir con las “riendas tiesas”, en verso de León Felipe, pueden ayudar para transformar esas tiranteces “en comunión y fidelidad a la iglesia”. “Hay una oportunidad de encuentro para que desde la fe podamos transformar las tensiones en comunión dentro de la vida consagrada”, señaló, subrayando que “lo que importa es llegar con todos y a tiempo”.

Comunión y sinodalidad

Según Ros, “estamos hechos para la comunión, a hacer Iglesia juntos” y se preguntó “por qué hoy vemos las diferencias como una amenaza y no llegamos a verla como experiencia de vida, porque Dios nos quiere y nos ha querido diferentes”. “Unidos y en la diferencia es el camino de Jesús, como nos dice el papa Francisco. Comunión y sinodalidad no pueden ser conceptos que se queden en buenas intenciones”, señaló, por lo que invitó a  que “no se queden en conceptos vacíos, porque estamos hechos para la comunión, y diría que somos comunión”.

Pero en el camino hacia la comunión, Ros, que lleva 27 años en la congregación vaticana, “encontramos tensiones”, dijo. “Las experiencias que acumulamos en nuestras comunidades nos indican que no es fácil el camino. Las tensiones son también una gracia, aunque no siempre las percibamos así, y la imagen de los odres viejos y los nuevos representan muy bien esta tensiones en nuestra vida”.

Unas tensiones, añadió, “que despiertan la creatividad y otras que la sofocan, que nos impulsan a salir o que nos paralizan, que pueden ser ocasión de vida, que nos mantienen despiertos y, si se gestionan bien, producen frutos buenos”.

Resistencias al cambio

Con todo, la religiosa -que reconoció que con la reforma de la estructura vaticana que pretende el Papa, la CIVCSVA se verá poco afectada, aunque “algunos aspectos pueden cambiar, por ejemplo en el tema de la misión o en el de los protocolos en los casos de abusos sexuales”-, advirtió que “tenemos una cierta resistencia al cambio y necesitamos mente, corazón y voluntad abiertas, claves para llevar a cabo procesos de transformación que nos pueden hacer mucho bien”.

La religiosa hizo entonces un repaso a las realidades que son causa de tensión, ya sea en la comunidad, entre el deber y el servicio, en las relaciones intercongregacionales, en las derivadas de la multiculturalidad, de la misión, de las relaciones con los laicos, en el contexto de una sociedad estructurada que le exige a la vida consagrada nuevas respuestas, por cuestiones económicas “al entender la economía como un poder fáctico” dentro de la congregación, por prejuicios culturales cuando se importan hermanos o hermanas “solo para sostener nuestras obras”, por lo que pidió, como el papa Francisco, vivir con amor “el cambio de rostro de la vida consagrada”, aunque reconoció que “no siempre es fácil”.

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Carlos Martínez Oliveras, director del ITVR, cerró la Semana con la lectura de las conclusiones

Un vino nuevo que rechaza el clericalismo

Tras la ponencia de clausura, Carlos Martínez Oliveras, director del Instituto Teológico de Vida Religiosa (ITVR), organizador de la exitosa Semana, cuyo lema era A vino nuevo, odres nuevos, leyó las conclusiones de las mismas, destacando que “el vino nuevo de la fe rechaza el odre viejo del clericalismo, la autorreferencialidad, el afán de dominio, la conciencia de tener posesión absoluta de la verdad y apuesta por la inserción y la synkatábasis (abajamiento) como la clave para que la fe cristiana pueda hacerse cultura, no siendo absorbida por ninguna de las culturas”.

Asimismo, el religioso claretiano pidió rechazar “el odre viejo de la mundanidad, el materialismo y el consumismo que debilita el vínculo entre las personas y destruye lo esencial de la fe, a saber, la búsqueda de Dios, y rescatar la visión pascual de la historia apostando por la espiritualidad y el compromiso radical evangélico con los últimos”.

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