Pérez Pueyo: “Ser cofrade no es ir disfrazado unos días”

  • El obispo de Barbastro-Monzón quiere que “las cofradías sean la primera Cáritas ambulante”
  • A las puertas de la Semana Santa, destaca que esta dimensión caritativa “ya se está dando de una forma más coherente y evangélica”

Ángel Pérez Pueyo, obispo de Barbastro-Monzón

Cinco mil cofrades en una población de poco más de 16.000 almas dice mucho del espíritu de una ciudad como Barbastro, que ya prepara, con sus siete cofradías, la celebración de la Semana Santa con procesiones que no dejan indiferente a nadie, aunque no todos los que asisten a ver sus pasos sean de misa dominical.

“Y es que llega el Viernes Santo, y en el vía crucis de las siete de la mañana está prácticamente toda la ciudad. Lo cual es algo contradictorio, porque luego no los ves en misa. Pero hay momentos en esas procesiones que toda la población se siente conmovida por lo que ve”, señala el obispo Ángel Pérez Pueyo.

En su diócesis de Barbastro-Monzón, este obispo reconoce que existe una “diocesaneidad ya muy trabajada” que no se da en otros lugares. “El que fuera obispo de esta diócesis, Juan José Omella, dio un fuerte impulso a las hermandades y logró, por una parte, cohesionar los grupos y, sobre todo después, inocular la sensibilización por lo social en cada una de las cofradías, algo que luego ratificó, a su vez, su sucesor, Alfonso Milián”.

Apuesta por la dimensión social

Y esto se ha hecho de tal manera que, según Pérez Pueyo, “lo que llevo viendo aquí desde que estoy como obispo, ha hecho ahora cuatro años, es que, junto con esa gran dignidad con la que se traslada a las calles de la diócesis  la historia de amor más grande que la humanidad ha podido vivir, en medio de un silencio impresionante, aparece esa apuesta por lo social, una dimensión que se refuerza todos los años con distintos eventos de signo solidario, con la recogida, por ejemplo en Barbastro, de cerca de 6.000 euros para atender a las personas con Alzheimer. Y me doy cuenta, además, de que esa sensibilidad está muy arraigada y acendrada entre esta gente, que la sienten como algo muy propio”.

El obispo tiene claro que esta dimensión ha calado de forma natural. “No tendría sentido dedicar dinero para el manto, la corona o la peana si no se tiene en cuenta esa otra vertiente social y caritativa. Y ellos la promueven”, reconoce el pastor, que también apunta que “desde la diócesis también les intentamos transmitir que ser cofrade es su manera de plasmar esa dimensión, que no es solamente profética, porque con su propio testimonio de vida se tiene que ser signo, pero también en los gestos de caridad para con los que no tienen rostro”.

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Miembros de la Cofradía de San José procesionan por las calles de Barbastro durante la Semana Santa de 2018

Cuando procesionan –añade–, están cargando con el Crucificado que asume las miserias y el dolor del mundo. El año pasado, por ejemplo, les dimos a los cofrades un lazo blanco en el cual cada uno plasmaba por quién procesionaba. Por eso, intentamos poner también rostro y nombre a una realidad, además del gesto caritativo de solidaridad con un grupo social concreto. Y es que intentamos que sientan que ser cofrade no es ir disfrazado unos días, aunque claro, siempre hay gente más concienciada que otra…”.

Fijar la mira en la persona

Junto con esta mayor conciencia, Pérez Pueyo querría que “cada hermandad sea la primera Cáritas ambulante”. Y lo explica: “Es decir, que cuando alguien necesitado se acerca a una cofradía, que no lo derivemos a Cáritas, sino que sea la propia cofradía la que asuma hacerse cargo, es decir, que mire a esa persona a los ojos y sea tratada con dignidad. Ya veremos luego cómo solucionamos los problemas, pero lo primero es fijar nuestra mirada en la persona. Así, paulatinamente estamos logrando que esta dimensión social y caritativa se vaya dando en las hermandades y cofradías de una manera más coherente y evangélica”.

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