Pablo Delclaux: “Abrir una catedral cuesta miles de euros al día”

  • La Conferencia Episcopal ha celebrado las XIIIª Jornadas de estudio e información sobre Patrimonio Cultural de la Iglesia
  • El director de Patrimonio Cultural asegura a Vida Nueva que “la Iglesia tiene que comunicar mejor acerca de sus bienes para demostrar que no tiene nada que esconder”

pablo delclaux patrimonio

La Comisión Episcopal para el Patrimonio Cultural ha celebrado, entre los días 12 y 13 de febrero, las XIIIª Jornadas de estudio e información sobre Patrimonio Cultural de la Iglesia en el marco legislativo estatal y autonómico. El objetivo de estas jornadas, bajo el lema ‘Sostenibilidad económica del patrimonio cultural de la Iglesia’, no es otro sino reflexionar acerca de la problemática de la financiación y la gestión de los bienes eclesiásticos.

Pablo Delclaux, director del secretariado de la Conferencia Episcopal para el Patrimonio Cultural, señala a Vida Nueva que estas jornadas de marco legislativo “siempre suscitan mucho interés”, pero que sobre todo son el momento idóneo para hacer balance sobre “cómo la Iglesia comunica lo que posee y, sobre todo, lo que hace para mantenerlo”.

PREGUNTA.- ¿Es consciente la sociedad española de la labor que realiza la Iglesia con el sostenimiento del patrimonio?

RESPUESTA.- La sociedad de nuestro país es solo medio consciente. Muestra de ello es que muchas veces recibimos protestas de la gente acerca de por qué se cobra en las catedrales para entrar. La gente no es consciente de lo que cuesta abrir una catedral, que puede alcanzar los miles de euros al día, por lo que hace falta recaudar fondos. Es una pena, yo no cobraría nunca, y mucho menos en lo que es la parte del templo. Otra cosa es lo que son museos, sacristías y esas cosas. Pero a veces no queda más remedio.

Por otra parte, muchas veces no se es consciente porque escuchamos continuamente esa expresión medio errónea de que la Iglesia posee no sé cuánto patrimonio cultural en España. La Iglesia como persona jurídica no existe. O sea, no es la Iglesia la que posee, sino tal parroquia, tal catedral, tal orden religiosa. Entonces, no es que la Iglesia tenga un patrimonio ingente, sino que hay pequeñas micro-Iglesias e instituciones que son las dueñas, que generalmente les cuesta mucho mantener ese patrimonio porque suele ser un inmueble.

P.- Las continuas advertencias de cobrar el IBI a la Iglesia, ¿tendrían un impacto inmediato en el cuidado del patrimonio cultural?

R.- El IBI nunca lo vamos a pagar mientras no cambie la ley. Y no es porque haya un concordato, sino porque cualquier ong, cualquier partido político, cualquier sindicato, no paga el IBI por los bienes inmuebles que cumplen la función para la que están destinados. Es decir, un templo que se utiliza como tal no paga IBI igual que no lo hace la sede de ningún sindicato o cualquier ong. Ninguna. No es un privilegio especial. Ahora bien, si yo tengo una casa porque la he heredado de una feligresa que se ha muerto, y esa casa la tengo alquilada, sí que pago el IBI.

En caso de que cambiase la ley de mecenazgo, el IBI se debería pagar por la gente que vive en el inmueble, y en el caso de la catedral no corresponde el espacio que posee con la habitabilidad que tiene, por lo que todo eso se tendría que revisar. Pero sería algo terrible. ¿Cómo puede afrontar ese pago un convento de monjas que ocupa una manzana entera en Madrid? Sería la ruina. No se podría cumplir la función social.

P.- El turismo religioso es una fuente económica para continuar sosteniendo templos. ¿Sigue siendo numeroso este tipo de turismo o se ha visto reducido con la continua secularización de nuestro país?

R.- Aunque no siempre es así, el turismo religioso muchas veces va ligado al turismo cultural. Ambos están en auge. Durante el invierno, o incluso en las vacaciones de verano, la gente no solo busca playa y ‘trecking’ por la montaña, sino también cultura. La gente va a las muchas exposiciones que se hacen, pero aparte hay un turismo más que religioso, espiritual. Hay gente que busca experiencias de retiros, por ejemplo, y eso es algo que hay que promocionar. En España hay hospederías abiertas donde la gente se puede alojar buscando una pequeña experiencia monástica. Es decir, participar de la liturgia con los monjes o frailes, vivir unos días de más o menos silencio, pasear por el campo y alejarse del mundanal ruido. Este tipo de turismo tal vez no esté tan en auge, pero podría estarlo si se promociona, porque la gente lo está buscando.

P.- No sé si puede hacerse autocrítica en este caso, pero ¿puede la Iglesia mejorar en transparencia o ya traslada a la sociedad de forma suficientemente clara cómo gestiona el dinero en el ámbito del patrimonio?

R.- Ese es uno de los temas. Hay que hacer autocrítica, aunque la Iglesia tiene su portal de transparencia y todas las parroquias tienen que exponer sus cuentas anuales, desde siempre. En primer lugar, hay que hacerla para que la gente se de cuenta de que no tenemos nada que esconder, y en segundo lugar para que se den cuenta de que estamos necesitados de dinero. Aunque una parroquia sea un bien privado, es de uso público, y no se trata de que lo mantengan las autoridades, sino que son los fieles quienes tienen que ayudar al administrador, el párroco por ejemplo, a mantener ese bien. Por eso habría que comunicarlo mejor, pero en ese doble sentido de mostrar que no hay nada que esconder y que realmente hay necesidades.

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