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El cardenal Parolin celebra la Navidad con las comunidades cristianas iraquíes

  • El secretario de Estado vaticano ha presidido las principales celebraciones litúrgicas de la solemnidad con caldeos, sirios y latinos
  • Ha transmitido la preocupación del papa Francisco por la situación de la zona y ha invitado a favorecer la justicia y la paz

El secretario de Estado vaticano, Pietro Parolin, está pasando estas fiestas Navideñas en Irak a donde llegó el lunes y donde permanecerá hasta el día 28. La vista del mandatario está siendo un impulso para las iglesias cristianas locales. En Nochebuena el cardenal ha participando en diferentes celebraciones. En la catedral caldea de San José de Bagdad ha concelebrado con el patriarca Louis R. Sako, una eucaristía a la que acudió el presidente del país, Barham Salih. A continuación, Parolin participó en el rito del encendido del fuego y presidió también las celebraciones de la catedral católica.

En un Mensaje de Navidad para Irak transmitido al primer Ministro, Adil Abdul-Mahdi, se ha referido al país como “cuna de las civilizaciones, tan rico en referencias bíblicas e historia, la tierra del patriarca Abraham, donde comenzó la historia de la salvación. A cristianos y musulmanes ha hecho un llamamiento a “iluminar la oscuridad del miedo y del sinsentido, de la irresponsabilidad y del odio con palabras y actos de luz, sembrando con todas sus manos semillas de paz, verdad, justicia, libertad y amor”. “Lo mucho que tenemos en común y lo mucho que estamos atados el uno al otro es mayor que lo que nos separa”, señaló con sus mejores deseos de Navidad.

La paz de Dios

En la celebración con la comunidad caldea, la más numerosa de las cristianas del país, señaló que la Noche de Navidad es de “insomnio” como la de tantos cuyas preocupaciones no les dejan dormir –como tantas familias iraquíes que “han pasado por la dura prueba del sufrimiento”– y es que, para el cardenal, la Navidad se da “precisamente en esta situación, humanamente sin salida, donde resuena el feliz anuncio”.

Pidiendo la paz y la justicia, Parolin ha alentado la esperanza, la alegría y el compromiso por la paz “de Dios, una paz que refleja su amor por nosotros; una paz que se manifiesta como la capacidad de querer el verdadero bien de los demás, superando lo que el papa Francisco llama la cultura del descarte y de la indiferencia”. “Una paz que sabe ver en los demás al hermano que debe ser amado y ayudado, incluso cuando resulta ser nuestro enemigo; una paz que pasa por la purificación de toda expresión de odio y violencia y por la reconciliación de las mentes y los corazones”, señaló citando el villancico ‘Noche de paz’, compuesto hace 200 años.

A la comunidad cristiana le recordó “que, a pesar de las dificultades, las contradicciones y a veces incluso el rechazo y la violencia, permanecen anclados en Dios y ponen toda su confianza en Él”. Expresó, además la cercanía del papa Francisco: “os lleva en su corazón y siempre reza por vosotros”.

 “El cristiano no puede perder la paz”

En la misa en la catedral siro-católica de Bagdad puso de manifiesto el testimonio de los mártires cristianos de la tierra a causa “del odio y la violencia que siguen afligiendo a nuestros tiempos y que permanecen indelebles”. Citando al papa Francisco habló de “la ternura del Señor, que nunca falla ni siquiera en los momentos más oscuros del sufrimiento, como lo hace una madre con su hijo llorando. Incluso a nosotros, heridos por el dolor y el sufrimiento, a veces desanimados y sin fuerzas para seguir adelante, el Señor nos consuela con su ternura, nos da su paz y nos anima a no tener miedo”. “El cristiano no puede perder la paz, porque es un don del Señor: el Señor la ofrece a todos, incluso en los peores momentos”, señaló invitando a todos a ser siempre “personas luminosas y positivas”.

Ya en la misa del 25 de diciembre, en la catedral latina de Bagdad, ha descrito la “trágica e injusta experiencia de violencia y terrorismo” que está viviendo el país. Ha deseado que “el misterio de la Navidad os anime a contribuir generosamente a este país que amáis, a esta sociedad a la que pertenecéis como miembros de pleno derecho y al mundo entero”, siendo “testigos del amor y del perdón, de la comunión y de la fraternidad, de una vida de servicio y de caridad como fuente de bondad y de bendición para todos”.

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