Rouco Varela: un católico que “sigue las exigencias de la conciencia moral, no puede concluir afirmándose independentista”

  • El periódico “El Mundo” publica una amplia entrevista con el arzobispo emérito de Madrid
  • Habla de Cataluña, de los curas independentistas y de otras cuestiones actuales, como el juicio a ‘La Manada’, el pontificado de Francisco o la ‘Ley de Memoria histórica’

Antonio María Rouco Varela, cardenal arzobispo de Madrid y presidente de la CEE

La edición dominical del periódico “El Mundo” ofrece una entrevista con el cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo emérito de Madrid, que presidió el pasado día 7 de diciembre una de las Vigilias de la Inmaculada de la archidiócesis, concretamente la de la Basílica de Nuestra Señora de la Merced.

El cardenal responde a las preguntas de Emilia Landaluce, que el pasado mes de julio ya entrevistó al cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona. Habla de Cataluña, de los curas independentistas y de otras cuestiones actuales, como el juicio a ‘La Manada’, el pontificado de Francisco o la ‘Ley de Memoria histórica’.

La cuestión catalana

Para el cardenal, “la comunidad eclesial en Cataluña ha mantenido y mantiene básicamente la doctrina de la Iglesia sobre la relación de la persona con el Estado, con la comunidad política”. Aunque, reconoce que ha habido excepciones a la hora de respetar este principio de la doctrina social, como “quien por ejemplo ha colocado urnas en una Iglesia”, algo que “está prohibido por el derecho canónico”, por tratarse “de un uso profano de un lugar sagrado” y además “choca con las obligaciones de la Iglesia de respetar el orden jurídico legítimo y legítimamente establecido”. “Y lo mismo podría aplicarse a los colegios concertados religiosos que participaron en el 1 de Octubre”, señala.

Respecto a la posición de la Conferencia Episcopal, esta no ha cambiado para Rouco. El discurso del cardenal Blázquez se mantiene en la misma línea de los documentos de la presidencia anterior, en los que “reconociendo en principio la legitimidad de las posturas nacionalistas verdaderamente cuidadosas del bien común, se hacía una llamada a la responsabilidad respecto del bien común de toda España que hoy es bueno recordar”, apunta. Frente a las críticas de quien esperaba una postura más firme de los obispos con el nacionalismo, alaba la referencia de Blázquez al artículo 155 de la Constitución en Cataluña y su defensa de que “el mantenimiento del orden constitucional garantiza el bien común, y guardar el bien común es un deber moral para los ciudadanos, para todos los que forman parte de una comunidad política”.

De la reconciliación y la unidad habla al ser preguntado por la ley de memoria histórica. “Deberíamos dar por finiquitada esa visión de una historia de España, partida en dos Españas, que no se reconocen mutuamente”, sentencia.

Los curas independentistas

Al ser preguntado por imágenes como el obispo Novell votando o sacerdotes contando papeletas, el cardenal establece el principio de que un católico que “sigue las exigencias de la conciencia moral, en la que el valor de la justicia y el valor de la caridad ocupan un lugar central, no puede concluir afirmándose independentista, en el sentido de lo que explican los dos documentos de la Conferencia Episcopal Española”, ya que sería una actuación que rompe “la unidad de una forma unilateral”. Este valor de la unidad, en el caso español, se vería reforzado, según el cardenal, por “razones adicionales, podríamos decir, que tienen que ver con los rasgos más hondamente característicos de su historia, que refuerzan moralmente este juicio”.

“No puede ser que una parte de los ciudadanos, de una parte de un Estado legítimamente constituido, quieran romper unilateralmente la unidad de la comunidad política. No lo deben de hacer, si viven cristianamente”, sentencia. Y, conclreta aún más, al decir que “si España es el nombre de la realidad histórica concreta o, lo que es lo mismo, de la comunidad política en la que vives, debes de cuidar su unidad en la justicia, en la solidaridad, en el amor y en la paz. Y no puedes decir que te vas, que rompes unilateralmente con ella porque estás rompiendo un bien muy decisivo para ti y para los demás”.

Se pronuncia, como experto canonista, además, sobre el derecho a decidir, en términos jurídicos: “Se tiene derecho a decidir sobre realidades y comportamientos que moralmente sean aceptables, pero no hay derecho a decidir de una manera absoluta ni respecto a uno mismo, ni mucho menos, respecto a los demás”.

La dignidad por los suelos

A partir del juicio de ‘La Manada’, denuncia que en el ambiente que “domina actualmente en la sociedad” es “de un relajamiento ético sin fronteras ni privadas, ni públicas” que permite que “suceda lo de Pamplona. Que se den estos casos tan brutales, tan lamentabilísimos como lo ocurrido allí”. Al respecto, el cardenal reclama que “urge sanar las raíces humanas y espirituales de las que se alimentan estas conductas de jóvenes que hay que calificar como una barbaridad sin paliativo alguno”. Tras condenar el hecho, sea una violación – en este caso apunta “lo sucedido no puede ser más grave”– como una “participación voluntaria, asistiríamos a un tristísimo exponente de un trato íntimo en las relaciones personales, en el que la dignidad de la persona queda arrastrada por los suelos”.

Frente a los tópicos sobre que el papa Francisco es “progresista”, para Rouco “hablar ahora de posiciones conservadoras o de posiciones progresistas en la Iglesia relacionadas con las verdades fundamentales de la fe, yo creo que no se puede hablar”.

De Benedicto XVI, además de constatar sus limitaciones para una movilidad, destaca su “frescura intelectual, en la frescura espiritual, que es muy propia y muy típica de él”. Algo que se muestra, según señala, en su denuncia de la violencia con justificaciones religiosas.

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