Parto de una anécdota que en el contexto actual nos sirve de diagnóstico. Mes a mes, divulgamos en diversas comunidades, la intención mensual del Papa, que en el pontificado de León XIV ha asumido la forma de “Reza con el Papa”. Adherirnos y divulgarla es un gesto de comunión concreto con él y con la Iglesia universal. Además, a ojo atento, tiene un plus evangelizador y doctrinal del que sería bueno sacar provecho.
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Hace unas noches me llegó un mensaje de alguien que con honestidad y de buena manera me planteaba que se sentía desconcertado por los pedidos que hace el Papa: “Nos pide rezar por el agua…” (intención de setiembre) “en vez de pedirnos rezar por el aborto y otras cosas más importantes”. Esa es la anécdota.
Una anécdota pocas veces sirve de diagnóstico a no ser que sea “la gota que colma el vaso”. Y en nuestro caso, no es infrecuente que aparezcan comentarios de ese tipo. Algunos presentando un sincero deseo de comprensión, como el de este amigo, y otros llevados adelante con una crítica magisterial, ácida, que se encuentra en la misma sintonía con otras similares que abarcan la doctrina, la liturgia y la pastoral. Por eso creo que es necesario que prestemos atención: estas críticas son síntoma de algo “grueso” que está pasando con la eclesialidad: un movimiento de desconfianza y de sospecha sobre quien es el referente necesario de la Iglesia católica ante al que, sutilmente, se advierte que hay que ponerse en guardia porque se ha desviado, o está siendo manejado, poniendo en peligro la verdadera catolicidad. En los cismas recientes (Belorado, FSSPX, Redentoristas transalpinos) y excomuniones de algunos obispos y sacerdotes, esta sospecha ha sido llevada a sus últimas consecuencias.
Por eso, aquí van unos puntos que quisiera compartir:
1. No nos quedemos con el titular
Se dice que el Papa pide rezar por el agua, por el deporte, por la soledad en las ciudades… (intenciones más recientes). Y para los próximos meses se vienen: la salud mental, el uso de las riquezas, las familias monoparentales… (va a seguir dando que hablar).
Primero, creo que la mayoría estaríamos de acuerdo que no está mal rezar por lo que sea. Cuando oramos por algo, ponemos ante Dios una situación para que “se haga su voluntad” en eso que le presentamos. Cuando pedimos “por las guerras” todos entendemos qué es lo que estamos pidiendo.
Para partir bien, primero, atendamos a la formulación completa de la intención mensual. Este mes, León XIV nos pide rezar por el cuidado del agua… y luego explicita un poco más: “Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan igual acceso a ella”. Y luego sigue propiamente el momento de la oración.
El primer punto, entonces, es atender realmente a la formulación completa de lo que el Papa nos pide a lo que nos unamos, y no quedarnos simplemente con repetir un titular que muchas veces es reducido tendenciosamente para convertirlo en blanco de críticas infundadas (falacia del espantapájaros).
2. Regalo de una clase de teología
Decíamos que en la intención mensual tenemos: la formulación del pedido, una pequeña explicación y luego el Papa nos invita a rezar con él. Y en esa oración va desglosando una serie de motivos “humanos” y “teológicos”. Si prestamos atención, cada oración está llena de doctrina. En el caso que venimos analizando, se nos invita a ver el agua como don de Dios. Se nos invita a ver una realidad humana, física, material, “profana”, más allá de lo meramente material, y reconocerla como don, regalo, gratuidad de Dios. ¡Cuánto más religiosos nos haríamos si al beber un vaso de agua, en ese acto tan simple, cayéramos en la cuenta que, con mirada creyente, estamos haciendo uso de un don…
Luego continúa y nos recuerda que el agua es signo de su gracia, y más adelante, no solo signo sino también un signo eficaz: Dios la ha convertido en sacramento. En síntesis, en el transcurso de esta oración guiada, se nos ha dado una clase teología. Todo muy lejos de ser un pedido trivial.
3. Ser como el buen samaritano
Al poner ante todos los fieles, cada mes, su intención, el Papa no solo está poniendo sobre la mesa una cuestión a modo de tema. Sobre todo desea que a esa cuestión le prestemos los ojos y el corazón, que no hagamos “la vista gorda” ante cierta realidad. Nos interpela si queremos ser como “el buen samaritano” o como los otros personajes.
Hoy la cuestión es el cuidado del agua, que a muchos puede parecer algo bastante banal e innecesario porque, seguramente a buena parte de nosotros, basta dirigirnos unos pocos metros y abrir una canilla. Con la intención se nos ha recordado la situación de decenas de miles de seres humanos que carecen de las condiciones necesarias para obtener un poco de agua potable cada día. No estamos pidiendo para que tengan caramelos, sino, para que puedan acceder a algo que es esencial.
En cada intención, hay una invitación a que cada fiel ensanchemos el corazón, a que expandamos nuestra corta mirada. A prestar atención a realidades, que quizá, no sean nuestras pero que otros las padecen. A salir de nuestro mundito y descubrir las necesidades y a veces momentos difíciles que están viviendo otros. A dar el paso, como decía en espléndida síntesis Camus, de solitarios a solidarios. Y para los cristianos, esta solidaridad no nace de una simple concesión y de una buena disponibilidad, sino de la propia naturaleza de la Iglesia: no nos podemos concebir sino como Cuerpo: si uno sufre, es el Cuerpo el que sufre.
4. La dimensión profética de ser cristiano
Con esto, el Papa revitaliza la dimensión profética del ser cristiano. No hay (no debería) haber cristiano que omita o relativice esta dimensión, que además nos ha sido dada y confiada en nuestro bautismo. La profecía bíblica (dejando de lado falsas ideas “místicas”, más llamativas, cómodas y resignadas) carga con la valentía de la denuncia ante las injusticias, las desigualdades y los sufrimientos de los hermanos. Basta repasar el Antiguo Testamento y también el Nuevo.
Detrás de muchas de las intenciones mensuales se encuentra el darle visibilidad a una realidad vulnerada y violentada que buena parte de las veces tiene como causa, o son arrastradas, por el egoísmo, la soberbia, la insolidaridad o la apatía de las personas o de las comunidades, organizaciones y estados.
A quien le parecen “inocentes” las intenciones del Papa, tendría que prestar atención a esta fuerte carga de denuncia. En el caso de este mes, que en pleno siglo XXI (progreso, desarrollo, globalización, ¿más inteligentes, más críticos, más solidarios?) haya pueblos enteros que sufran por escasez de agua potable, pone en evidencia que, como humanidad hay mínimos que no hemos alcanzado, y no porque falten recursos o inventiva.
Mensaje en vídeo de León XIV. Foto: Vatican Media
5. Aprender a ver toda la realidad
Queda claro que este mes León XIV nos pide rezar por el agua. El mes pasado fue por la soledad en las ciudades. El mes siguiente… O sea, hay una recolección de realidades humanas diversas, pero no una priorización tendenciosa para dejar de lado “lo religioso” y lo moral en vistas a convertir la Iglesia en una ONG. De hecho, por ejemplo, tanto Francisco como León XIV han puesto como intención mensual, con diferentes expresiones, la defensa de la vida humana desde la concepción hasta su muerte natural (defensa de la vida humana que también abarca la situación de los migrantes desplazados).
También se ha pedido por los sacerdotes en crisis, por los cristianos que sufren persecución, por la vida eucarística, por el sacramento de la reconciliación… Para quien preste atención, no hay un desplazamiento para quitar las cuestiones religiosas o morales, llevado adelante por algún tipo de conspiración masónica, liberal, modernista, infiltrada, que busca hacer olvidar las cosas de Dios; sino mas bien, un pedido ¡más exigente!: aprender a ver a toda la realidad, incluso en sus aspectos más mundanos y profanos, con la mirada de Dios. Mirada que busca evangelizar para sanar, regenerar y llevar todas las cosas a su plenitud. Esto nos conduce al siguiente punto.
6. No restringir la religiosidad
El hecho de asumir intenciones tan diversas, además de recordarnos que el creyente está llamado a tener la mirada del buen samaritano, nos invita a contemplar y a actuar como cristianos en todas las cosas que hacen a la dimensión humana y no restringir la religiosidad a un sector estrecho de la vida. Al fin de cuentas, la condición humana es como un paquete con cosas muy diversas. En ese “paquete” habrá cosas menos trascendentes e incluso molestas, pero que necesariamente forman parte de nuestra vida e historia. No nos podemos retraer de ellas. Están ahí, nos hacen, nos reclaman, y a partir desde la Encarnación y la Pascua de Cristo están llamadas a ser regeneradas. A los cristianos se nos ha hecho el anuncio y la promesa de que todas las cosas serán hechas nuevas, y nos toca trabajar y colaborar en esa dirección. Con todas las cosas: estén afuera o dentro de nuestros templos.
La constitución ‘Gaudium et spes’, n.39, lo recuerda y nos alienta. Y aunque a los detractores del Concilio Vaticano II no les convenza, afirma:
“… los bienes de la dignidad humana, la unión fraterna y la libertad; en una palabra, todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y trasfigurados, cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal: ‘reino de verdad y de vida; reino de santidad y gracia; reino de justicia, de amor y de paz’. El reino está ya misteriosamente presente en nuestra tierra; cuando venga el Señor, se consumará su perfección”.
