“Venid a mí todos los que estáis
cansados y agobiados, y yo os aliviaré”
(Mt 11,28).
En estos días pasados el Vaticano publicó “Venite ad me”, (que en latín significa “Vengan a mí”) es el título de un documento oficial publicado el 22 de octubre de 2026 por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe de la Iglesia Católica. Su principal interés es presentar los desafíos actuales y las consideraciones para la transmisión de la fe en medio de un profundo cambio de época, un avance acelerado de la secularización (que viene del latín saeculare, que significa “siglo” o “mundo”) y de la misma inculturación necesaria de la fe.
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Quiero, presentar una breve síntesis, que nos ayude a comprender, profundizar e incluso socializar nuestra fe. En unos puntos que ayudarán a muchos católicos del mundo a seguir profundizando en la fe en el mundo actual, no solo se encarna en la cultura, sino que se trasmite la fe de manera que la realidad actual, a nivel pastoral de la Iglesia sigue siendo un desafío para el hombre de hoy. El punto de partida es la crisis de la fe en el mundo actual y como nuestra Iglesia Católica, responde a este desafío.
Volver a lo esencial: Kerigma
“Jesucristo, que está vivo, te ama y ha dado su vida para salvarte” (n. 76). El texto enfatiza que la fe no se transmite únicamente como una serie de normas doctrinales, sino a través de un encuentro personal con Jesucristo (el Kerigma-el primer anuncio, el corazón de Evangelio) y de comunidades vivas que acojan y acompañen los procesos de evangelización.
En este punto nuestras parroquias en general, no solo se tiene un plan pastoral, sino que se garantiza el acompañamiento y la formación desde el kerigma, para crecer en la fe. Sigue siendo un reto para nosotros plantearnos la vivencia y la permanencia de sus integrantes.
Volver a empezar por los adultos
“¿Cómo pueden los adultos transmitir la fe a las nuevas generaciones si ellos mismos no la viven primero a nivel personal?” (n101).
No se puede dar de lo que no se tiene. La fe ya no pasa sola de padres a hijos como antes. Antes bastaba nacer en el seno de una familia católica, ahora ya no basta con que los adultos sean católicos, porque eso no garantiza nada, por eso toca volver sobre los adultos, renovar su fe, volver a evangelizarlos, no dar por sentado la fe y la transmisión de la fe: “ha dejado de existir una especia de “automatismo” en la transmisión de la fe” (n 50).
Grupos fijos con la Palabra de Dios
En cada comunidad, se debe garantizar un estudio espiritual y pastoral con la lectio divina y relatos o estudios bíblicos: “Resulta absolutamente urgente, sobre todo en los países de la antigua evangelización” (n.88). Gran mayoría de parroquias tiene formación bíblica que ha ayudado a muchas personas a profundizar en su fe, el cine y las películas como la “Pasión de Cristo”, la serie de moda: “The Chosen”, los elegidos, con 6 temporadas, ha impactado a muchas personas por la manera como se contextualiza la vida de Jesús desde la mirada de sus discípulos, todo esto ha ayudado a comprender mejor la Biblia en cada hogar y en cada comunidad.
La amistad
La fe sigue pasando de persona a persona. “Entre los ámbitos en los que se trasmite la fe, la amistad adquiere especial relevancia” (n. 89).
Saber escuchar
El anuncio que toca el corazón empieza con el oído, por eso es importante escuchar, el lenguaje verbal y no verbal, el cuerpo también nos comunica algo. “Una comunicación de este tipo no pretende hablar primero, sino que nace ante todo de la escucha” (n. 81). Es bueno, tener un corazón dócil, saber escuchar, empieza por liberar el corazón de prejuicios, sanar heridas, dejar hablar y actuar a Dios.
Hoy en día tenemos mejores herramientas (seminarios difundidos en todas las comunidades, como la sanación interior, del duelo y otros muy reconocidos) para acompañar procesos en nuestras comunidades parroquiales y movimientos eclesiales.
Volver a los sacramentos y a una liturgia viva
Hoy en día, pertenecer a un colegio católico y celebrar los sacramentos no garantiza nada, porque muchos niños y jóvenes: “se alejan de la Iglesia y de los sacramentos inmediatamente después de haber completado el itinerario de iniciación cristiana o el que ofrece la escuela católica” (n. 79).
Los signos nos hablan por si solos, nos comunican algo vivencial: “La celebración litúrgica no puede reducirse a una mera ejecución formal” (n. 92). Observemos la importancia de vivir lo que se celebra y celebrar lo que se vive, muchos católicos que eh escuchado, van a misa porque les toca, por compromiso o porque es un precepto de la Iglesia. Eso debe traducirse en celebraciones vivas y que toquen el corazón de cada feligrés.
Hoy en día, no solo la RCC (Renovación Católica Carismática), sino muchos movimientos han ayudado a las celebraciones con el canto, la música más animada y las letras que tocan el corazón y acompañan los momentos para que sean más vivenciales las celebraciones. El movimiento “Hakuna” incluye momentos de adoración a la Eucaristía, cuyo eje principal es la Hora Santa semanal que combina la oración, la reflexión y la música.
Orar e interceder
El Espíritu Santo, es el motor de la Iglesia, es el corazón de la Iglesia, sin Él nada funciona en la liturgia, sin la oración los corazones se enfriarían y no dejaríamos actuar a Dios en la vida. “Invitamos, por tanto, a todas las comunidades a promover en su seno momentos de oración e intercesión que apoyen la transmisión de la luz de la fe” (n. 143).
En fin, hoy en día tenemos más herramientas para que tengamos una renovación de nuestra fe. Todo ha ayudado a renovar nuestra fe: las redes, las imágenes, la tecnología…; pero al mismo tiempo nos han alejado de la fe, porque ya hoy en día existe una des-conexión en lo que habíamos dado por sentado, la fe por tradición, la fe de nuestros padres a los hijos, la fe transmitida en los sacramentos y la liturgia, como las diferentes instituciones que eran oficialmente católicas. Hoy en día ya no se da nada por sentado en la vida, no tenemos nada seguro. Sigue siendo un reto para las nuevas generaciones fundamentar la fe en sus corazones y renovarla en los creyentes.
Por Wilson Javier Sossa López. Sacerdote eudista del Minuto de Dios
