Pliego
Portadilla del Pliego nº 3.124
Nº 3.124

¿Por qué no se produce la conversión-renovación en las propuestas diocesanas?

Durante muchos años, en diversos tiempos y lugares, me he visto implicado en planes pastorales, sínodos, procesos, itinerarios… diocesanos. He de confesar que mi experiencia no ha sido del todo positiva, pues en bastantes casos han sido procesos lógicos que, en el fondo, pretendían adoctrinar; o bien han sido acontecimientos aislados, que han terminado en su misma celebración y, como no podía ser de otra manera, en un precioso documento.

El título de esta reflexión es una pregunta. Quiero con ello que sea una declaración de intenciones. Hace tiempo, Mario Benedetti expresó sabiamente: “Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto nos cambiaron todas las preguntas”. En nuestra sociedad cambiante y plural, no solo tenemos más preguntas que respuestas, sino que es más importante querer y saber hacerse preguntas que tener respuestas. Hoy, la excesiva información y documentación nos está deformando; al estar desmesuradamente informados, nos dan las preguntas y las respuestas, y no nos preguntamos; pero si una persona pregunta y se pregunta es porque quiere saber, y si quiere saber es porque tiene una motivación…

La pregunta surge en mí a partir del proceso de renovación vivido en el Servicio de Animación Espiritual Por un Mundo Mejor en el que participo desde hace años. A partir del Concilio Vaticano II, nos centramos en concienciar y avivar la fe por medio de las ejercitaciones y los proyectos pastorales, que sin duda sirvieron para abrir horizontes. Esto resultó válido durante bastantes años, pero desde hace un tiempo comenzamos a sentir la necesidad de poner en línea del momento actual este bagaje.

De ahí que empezamos a llevar a cabo una “traslación” de las ejercitaciones. Con la actualización de las ejercitaciones, venimos proponiendo “itinerarios” que ofrecen la posibilidad de vivir una experiencia profundamente humana y cristiana, que da prioridad a la persona en la cotidianidad de su vida y de su entorno; al intercambio, como nuevo estilo de comunicación y oportunidad para profundizar en las relaciones, y todo ello acogiendo al Espíritu de Jesús, presencia del Dios de la Vida.

En esta misma línea, ha surgido en mí esta otra pregunta, relativa a la manera en la que el papa Francisco está animando el Sínodo de los Obispos. La consulta a todo el pueblo de Dios nos dejó desconcertados e incrédulos a muchas personas y, tal vez más –creo yo–, a los que tenían mayor responsabilidad eclesiástica. Pero mi sorpresa ha sido la última constitución apostólica, en la que el Papa quiere poner al día el Sínodo de los Obispos. En ella, Francisco propone evolucionar de un modelo de gobierno eclesial marcadamente absolutista y clericalista a otro más participativo y corresponsable.

A partir de ahora, lo normal es que los sínodos se desarrollen en tres fases: una primera fase, en la que todos los bautizados tendremos la oportunidad de dar nuestra opinión; la segunda será la celebración del discernimiento, más reducida pero plural; y la tercera fase en la que, después de la celebración, todo el pueblo de Dios volverá a participar creativamente en la recepción y la aplicación de lo acordado. Esperamos que esto no quede en letra muerta. Yo acojo esta propuesta como una llamada a la “conversión” de los obispos y de los presbíteros, que es una llamada a nuestra responsabilidad.

Mi reflexión no quiere ser una mera crítica, mi intención es propositiva y sugerente. Tengo la esperanza de que, una vez puestas en cuestión dichas propuestas y tras la búsqueda de otras formas y maneras, con un estilo más humano y evangélico, las respuestas sean más factibles. Los tiempos actuales y las nuevas generaciones, con su ausencia más que notoria, lo están demandando.

Las indicaciones las hago desde una perspectiva global, sin entrar en detalles. La reflexión-propuesta gira en torno a cuatro pasos que, desde mi experiencia, son los más apropiados para vivir una experiencia personal y comunitaria de renovación pastoral hecha desde la diócesis. En cada paso, expreso su sentido en una frase nuclear, luego presento una breve descripción de lo que se suele hacer, posteriormente aporto alguna anotación crítica y algunas sugerencias de manera constructiva y, finalmente, concluyo en cada paso con una llamada de atención para que las propuestas eclesiales sean una oportunidad de conversión-renovación de las personas y de la comunidad eclesial.


Índice del Pliego

I. LA CONVOCACIÓN

  • Frase nuclear: El punto de partida, ¿es un simple deseo, una inquietud o es algo real, sentido y verificado?
  • ¿Qué se suele hacer?
  • Sugerencias
  • ¡Atención!: Las propuestas pastorales tendrán presente que toda persona tiene que asumir la propia vida, conducirla, responsabilizarse, quererse…

II. LA VIDA-LA REALIDAD

  • Frase nuclear: La realidad que se quiere afrontar es la que es y no la que deseamos que sea.
  • ¿Qué se suele hacer?
  • Sugerencias
  • ¡Atención!: Las propuestas pastorales promoverán la escucha de la vida, de toda vida y del Dios de la Vida.

III. EL PROCESO

  • Frase nuclear: El proceso son las sucesivas fases de una transformación significativa en cada persona, en las formas de interacción entre las personas y los grupos en el marco de la diócesis.
  • ¿Qué se suele hacer?
  • Sugerencias
  • ¡Atención!: Las propuestas pastorales velarán por renovar y avivar la experiencia del Dios de Jesús.

IV. ABRIR HORIZONTES

  • Frase nuclear: Todo proceso termina en el momento en que se abren nuevos horizontes a la realidad, tanto personal como de los grupos y la diócesis.
  • ¿Qué se suele hacer?
  • Sugerencias
  • ¡Atención!: Las propuestas pastorales tienen que ayudar a vivir ciertos “pasajes” acordes con los tiempos y el Evangelio.

1. De una pastoral de mantenimiento a otra de iniciación y/o reiniciación

2. De la “autorreferencia” a “otro mundo es posible” (Reino)

3. De sociedad a comunidad

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