Pliego
Portadilla del Pliego, nº 3.464
Nº 3.464

Hacia una Iglesia mosaico: entre la minoría y la diáspora

La lectura y el análisis de datos sociológicos y estadísticos (abundantes y diversos, desde perspectivas y niveles variados) confirman la impresión general de que algo importante nos está sucediendo. El diálogo con muchas personas, la observación de las prácticas sociales, la visión de la realidad impone una evidencia: la religión ocupa un papel escasamente relevante en la vida social y en la conciencia de las personas concretas, independientemente de la valoración global y de la interpretación que se pueda dar a este hecho.



En cualquier caso, lo que parece innegable es que, en nuestro contexto, la Iglesia deja de ser una fuerza dominante en nuestra cultura: el cristianismo era una realidad mayoritaria (típica del modelo de cristiandad o de nacionalcatolicismo) y, progresivamente, va pasando a una situación de minoría. Asumir esa situación resulta doloroso (una especie de duelo y de pérdida) para un imaginario colectivo en el que aún aletea la situación anterior como punto de referencia, como ideal para la Iglesia.

Minoría mayoritaria

No obstante, tampoco se puede negar que el cristianismo sigue siendo una minoría mayoritaria, que aún cuenta con raíces en el comportamiento colectivo, con instituciones abundantes, con una presencia patente (aunque haya mucho de superficialidad o de inercia).

Iglesia semivacía

Incluso, en la actualidad, ha emergido con fuerza en la opinión pública el llamado “giro católico”, que ha colocado en el centro de interés el retorno de lo religioso, también entre los jóvenes. Más allá del alcance y de la duración del fenómeno, es innegable que el tema religioso ha dejado de ser tabú, y que el cristianismo permanece como punto de referencia de ese fenómeno.

La nueva situación de minoría ha sido objeto de análisis y de valoración por parte de múltiples autores, tanto desde el punto de vista sociológico y cultural como desde el punto de vista teológico y pastoral. Como simple pincelada, es conveniente señalar que prestigiosos pensadores no solo reconocen la situación progresiva de minoría, sino también que el final de la cristiandad no debe ser objeto de lamento.

Responder mejor a la misión

La situación de diáspora respondería mejor a la misión y al significado de la Iglesia en el mundo actual. Para que ello sea efectivo, concuerdan todos ellos, se requiere un cambio de autoconciencia eclesial y una reforma profunda a diversos niveles.

Andrea Riccardi, historiador y fundador de la Comunidad de Sant’Egidio, constata en ‘La Iglesia arde’ que se ha producido una ruptura entre la Iglesia y la sociedad, así como en la transmisión de la fe a las nuevas generaciones (sobre todo, a raíz de la ‘revolución’ del 68). Ello reclama repensar el tipo de presencia de la Iglesia, la revitalización del anuncio, reavivar el pensar la fe y revisar el papel de la mujer en la Iglesia.

Parroquia Santos Angeles Custodios

Chantal Delsol, filósofa francesa, en ‘El fin de la cristiandad. La inversión normativa y la nueva época’, señala que finaliza una civilización, la cristiandad; ese proceso no debe ser vivido como una catástrofe si abre el camino al cristianismo; su estatuto de minoría, de pequeño rebaño, le permitirá actuar como hospital de campaña, siguiendo la estela de los primeros cristianos.

¿Países cristianos?

Desde el punto de vista teológico, ya desde los años 60 autores relevantes anticipaban esa perspectiva. K. Rahner en 1959 habló de ‘La Iglesia en situación universal de diáspora’ porque “ya no hay países cristianos”, porque en todas partes son minoría en número.

Esa situación, sin embargo, es valorada como una necesidad inherente a la historia de la salvación: en su peregrinación histórica, la Iglesia permanecerá hasta el final de los tiempos como signo de contradicción y de persecución; en todas partes la Iglesia se está convirtiendo en una Iglesia de diáspora, con cristianos más activos y con una profunda espiritualidad.

Contemporáneamente, J. Ratzinger profetizaba que la Iglesia del futuro será pequeña, pero no sectaria; debe empezar de nuevo su misión porque ya no puede vivir del pasado, sus miembros lo serán por decisión libre y no por tradición. Será una Iglesia que se centre en lo esencial, con interiorización de la fe y simplificación estructural. Así, aparecerá la Iglesia como algo nuevo, capaz de ofrecer esperanza a la humanidad, con fermentos creativos que pueden ser fecundos en los grandes debates de la actualidad.

Grupos pequeños, pero auténticos

J. Daniélou, en ‘La Iglesia, ¿pequeño rebaño o gran pueblo?’, asume que, ante la fuerza de la secularización, la pretensión de que haya pueblos cristianos o una cristiandad resulta inviable. El futuro de la Iglesia consiste en un conjunto de grupos pequeños, de cristianos auténticos, en un mundo ajeno al cristianismo.

Comunidad parroquia

En esta situación se impone la centralidad de una doble coordenada: a) a ‘quién’ (no simplemente ‘qué’) anunciamos; b) qué modelo de Iglesia debemos configurar.

Habida cuenta de la condición de minoría, hemos de ir aprendiendo a pensar desde la diáspora (sea pre-cristiana o post-cristiana) y allí ofrecer un mensaje y una respuesta que ya no resultan evidentes para los imaginarios colectivos dominantes. ¿Cómo comunicarnos y hacernos comprender por un mundo que ya no es cristiano (o que nunca lo fue)? ¿No existen balbuceos que puedan entrar en diálogo con nuestra propuesta? (…)

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Índice del Pliego

1. DÓNDE ESTAMOS COMO IGLESIA

  • Una constatación sociológica
  • Intentos de interpretación y de lectura teológica

2. NARRAR LA HISTORIA DE DIOS ENTRE LOS BALBUCEOS HUMANOS

  • A la escucha de los balbuceos de nuestros contemporáneos
  • Es hermoso hablar bien de Dios
  • El Dios que revela su rostro en la carne y la historia de Jesús
  • Más allá de la oposición y del rechazo: hacia la Vida definitiva
  • La comunidad de seguidores de Jesús: la Iglesia

3. LA IGLESIA MOSAICO EN LA DIÁSPORA

  • La Iglesia nace en la diáspora y como diáspora
  • La Iglesia: un mosaico a la búsqueda constante de la armonía
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