Como es lógico, en la Biblia no se habla de tartas ni de velas. Sin embargo, los libros que la componen sí tienen mucho que decir sobre la vida, la bendición y la gratitud. Hemos seleccionado varios fragmentos que pueden utilizarse para alegrarse por ese momento en que las personas celebramos haber vivido un año más. En cierta medida podríamos llamarlos versículos de cumpleaños.
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10 versículos de la Biblia para felicitar en un cumpleaños
Antes de desgranar los diferentes versículos de cumpleaños que hemos elegido hablemos de una cosa curiosa. Habitualmente, cuando en la Biblia se menciona expresamente el cumpleaños de alguien, casi siempre se trata de un poderoso extranjero y la historia acaba mal: el faraón que celebra su aniversario mientras José interpreta sueños en la cárcel, o también el banquete de Herodes que termina con la muerte de Juan el Bautista.
Es más, Job y Jeremías llegan a maldecir el día en que nacieron. Así que no debería sorprender a nadie que los Padres de la Iglesia (Orígenes, Jerónimo, Ambrosio o Agustín) vieran en la fiesta del cumpleaños una costumbre pagana, ni tampoco que la cultura cristiana medieval prefiriera durante siglos la celebración de otras dos fechas: el bautismo, que hace al cristiano y el aniversario de la muerte, el dies natalis, visto como el verdadero nacimiento. De hecho, si te fijas bien, verás que el calendario litúrgico solo celebra tres nacimientos: el de Cristo, el de la Virgen y el de Juan Bautista.
Aun así, los tiempos han cambiado y la Escritura está llena de palabras que encajan muy bien en la felicitación de un cumpleaños. Al fin y al cabo lo que se celebra no es el paso del tiempo sino el hecho de seguir existiendo en el plano material. En ese sentido, la Biblia lleva milenios hablando de eso: de un Dios que teje en el seno materno, que bendice, que protege los caminos y que renueva las fuerzas de quien se cansa. Estos son diez textos que encajan como versículos de cumpleaños.
Salmos 139, 13-14
«Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias porque me has plasmado portentosamente; porque son admirables tus obras: mi alma lo reconoce agradecida».
Es probablemente el versículo más adecuado para un cumpleaños de toda la Biblia. El salmista no da gracias por lo que ha logrado, sino por haber sido hecho. El verbo «tejer» sugiere un trabajo artesano, lento y deliberado, lo cual podría relacionarse con la idea de que nadie esté aquí por accidente. Felicitar con estas palabras es recordar a alguien que su existencia fue querida antes de respirar el aire del mundo.
Números 6, 24-26
«El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz».
Es la bendición sacerdotal que Dios entregó a Moisés para Aarón, un texto de bendición antiquísimo. En un cumpleaños funciona porque no desea éxito ni fortuna, sino tres cosas mucho más profundas: protección, atención y paz. Exactamente lo que una madre y un padre desearían a un hijo.
Salmos 118, 24
«Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo».
Otro salmo. Una sola frase que, en realidad, sirve para cualquier felicitación. En el texto se celebra un día concreto, señalado, distinto de los demás. Al fin y al cabo, eso es también un cumpleaños: la decisión de mirar una fecha del calendario y declararla buena. La tradición cristiana lo canta en Pascua, la fiesta de la Vida que vence a la muerte.
Eclesiástico 50, 22-24
«Y ahora bendecid al Dios del Universo, el que hace grandes cosas por doquier, el que enaltece nuestra vida desde el seno materno y nos trata según su misericordia. Que nos dé la alegría de corazón y que haya paz en nuestros días, en Israel por los siglos de los siglos. Que su misericordia permanezca con nosotros y en nuestros días nos libere».
Este versículo de cumpleaños solo será posible encontrarlo en biblias que contengan los libros deuterocanónicos (católicas y ortodoxas). El texto cierra con una bendición que une las dos ideas de un cumpleaños: el origen («desde el seno materno») y el deseo de futuro. Pide alegría del corazón y paz para los días que vienen, que es más o menos todo lo que cabe desear a alguien por quien se siente aprecio.
Salmos 91, 10-12
«No se acercará la desgracia, ni la plaga llegará hasta tu tienda, porque a sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Te llevarán en sus palmas, para que tu pie no tropiece en la piedra».
Este texto del salmo habla de un viaje o de recorrer un camino, lo cual encaja bien con quien empieza una etapa: cambio de ciudad, de trabajo, de vida. Cumplir años es ponerse otra vez en marcha y en este salmo se desea que ese camino se realice en buena compañía.
Proverbios 3, 1-3
«Hijo mío, no olvides mi enseñanza, guarda en el corazón mis preceptos, pues te traerán largos días, años de vida y prosperidad. Que no te dejen la bondad y la lealtad, llévalas colgadas al cuello, grábalas bien en el corazón».
El libro de los Proverbios tiene ese estilo tradicional en el que un padre hablaba con su hijo joven. En este versículo de cumpleaños, la promesa de una larga vida no es mágica ni aparece de la nada, puesto que se relaciona con tomar en consideración la sabiduría bíblica, es decir que el modo de tomar decisiones tiene consecuencias sobre la propia vida. Se puede utilizar a la hora de felicitar a alguien que cumple años y tiene por delante muchas decisiones que tomar. Habrá que tomar en consideración, no obstante, la carga paternalista que ello pueda transmitir a la otra persona.
Isaías 40, 31
«Se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren y no se fatigan, caminan y no se cansan».
El más extenso de los profetas escribe para un pueblo agotado por el destierro. Por eso este texto sirve especialmente para los cumpleaños que llegan en un mal momento o para quien ha alcanzado una edad en la que el cansancio pesa. No promete juventud eterna: promete fuerzas renovadas, que es puede percibirse como algo más realista en el día a día sin renunciar por ello a la esperanza futura.
Romanos 15, 13
«Que el Dios de la esperanza os colme de alegría y de paz viviendo vuestra fe, para que desbordéis de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo».
Este versículo de cumpleaños viene de una carta que Pablo escribe a la comunidad de Roma. En un determinado momento se despide de ella con un deseo, no con una orden. Habla de «Dios de la esperanza». Felicitar así a alguien es desearle no solo un buen año, sino la capacidad de esperar algo bueno de los días que quedan por delante.
Filipenses 4, 4-5
«Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca».
Es importante tener en cuenta que Pablo escribe esta invitación a la alegría desde la cárcel. Eso hace que tenga otro matiz oculto. La alegría cristiana no depende de que todo vaya bien; es una decisión. Y la repetición («vuelvo a decirlo») convierte la frase en algo muy parecido a un brindis.
3 Juan 1, 2
«Querido, te deseo que la prosperidad personal de que ya gozas se extienda a todos tus asuntos, y que tengas buena salud».
La carta más breve del Nuevo Testamento empieza con lo que hoy llamaríamos, sin más, una felicitación. Es un deseo doméstico y concreto: salud, que todo vaya bien. No es un detalle menor que un texto bíblico conserve un saludo tan cotidiano. Las diferentes manos que tradujeron y copiaron los textos originales no lo sustituyeron por algo más grandilocuente. Ese detalle da para toda una reflexión sesuda.

El papa Francisco soplando velas de su tarta de cumpleaños en diciembre de 2015. Foto: EFE
Terminemos diciendo que cumplir años no es un trámite o una excusa para recibir regalos. Ese es un pensamiento fruto de lo monetario y material. La tradición cristiana no celebra el cumpleaños por lo que la persona ha conseguido sino por algo anterior a cualquier mérito: que existe y que fue querida antes de nacer, que su vida no es un accidente y tiene un valor intrínseco que la atraviesa por completo. Estos versículos de cumpleaños hablan de bendición, de protección, de fuerzas que se renuevan y de días que merecen ser llamados buenos. Al principio fue repudiado, pero cuando comenzó a extenderse la celebración del cumpleaños, la tradición cristiana le agregó algo que le es propio: la gratitud por el don de la vida.
