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Editorial

Caso Viganò: La verdad detrás de los ataques

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El ataque al Papa lanzado en Irlanda con la lacra de los abusos como pretexto por el exnuncio Carlo Maria Viganò resultaba tan insólito y deliberado que requería una reacción igualmente consensuada y eficaz. Tal y como revela Vida Nueva, tras conocerse la carta del diplomático, un gabinete de crisis a tres bandas entre el Papa, el secretario de Estado, Pietro Parolin, y el portavoz vaticano, Greg Burke, marcó un plan de comunicación que pasaba porque Francisco se mantuviera al margen y no entrara al trapo de las acusaciones. De ahí, la invitación a los periodistas a “hacer su trabajo” en el vuelo papal, pero también en su primera homilía en Santa Marta, en la que dijo que “el silencio de Jesús gana a los perros salvajes y al diablo”.



Entrar en un cuerpo a cuerpo con Viganò no tenía sentido, como tampoco iniciar un proceso canónico que le habría convertido en protagonista y mártir. Sin embargo, apelar al periodismo de investigación tuvo resultados inmediatos. Así, la prensa generalista internacional no cayó en la trampa de cuestionar a Bergoglio, sino que focalizó su análisis en la lucha de poder eclesial. En los medios especializados se han ido desmontando las incoherencias de Viganò, y solo quienes le auparon han buscado alargar el serial.

La prudencia como gesto de protección de la figura papal no significa que la Iglesia haya enmudecido ante la provocación. A desenmascarar las incongruencias han colaborado con pruebas en la mano, entre otros, el secretario de Benedicto XVI, Georg Gänswein, o el exportavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi. Los pronunciamientos de los episcopados y de la vida religiosa han sumado fuerzas, igual que los necesarios apoyos en primera persona del Colegio cardenalicio, como los mostrados en estas páginas por Gianfranco Ravasi y Fernando Sebastián.

A la vista está que tras esta embestida solo hay una minoría, pero el eco mundial logrado y la incertidumbre sembrada en el cristiano de a pie revelan la proactividad de un lobby con motor en EE.UU. y caladero curial, que goza de un aparato financiero con tentáculos políticos y mediáticos nada desdeñables.

De ahí que resulte apremiante responder a la invitación de Francisco a indagar en la verdad más allá de los periodistas. Por un lado, al propio Vaticano y a los obispos norteamericanos, que deben investigar a fondo el caso y estudiar cómo reconducir esa deriva radical. Por otro, a los propios católicos, para aprender a afrontar estos envites desde la comunión afectiva y efectiva con el sucesor de Pedro. Lamentablemente, el zarpazo de Viganò no es el primero ni el último, lo que exige una Iglesia que sepa afrontarlos con la eficacia del Papa y su equipo.

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