José Beltrán, director de Vida Nueva
Director de Vida Nueva

Seminaristas modelo


VIERNES

Libertad, 8. Concierto de Migueli, con nuevo disco bajo el brazo: ‘Atolondrado’. No se ha vuelto catastrofista. Su realismo le hace contemplar el acelere y la crispación general con otros ojos. Quizá por eso, entre canción y canción, comparte que “me he pasado media vida recogiendo lágrimas”. “He descubierto que, cuando te salpican las lágrimas de otros, te bendicen”.



Lección para no escurrir el bulto cuando se avista a lo lejos un problema en forma de amigo, hermano o compañero. Y es ahí donde uno es capaz de dar la vuelta a cualquier diagnóstico. Como canta Migueli a su amigo Tito: “Del estiércol, flor”.

DOMINGO

Por la tarde. Parroquia de Santa Maravillas de Jesús. Getafe. Aurelio cumple 25 años de cura. Con algo más de tranquilidad que en los 24 anteriores. Aceptó celebrarlos a puerta abierta porque los suyos le insistieron. Al echar la vista atrás, se detiene en el rector de su seminario.

“Como no se fiaba de mí, me puso como ‘carabina’ al seminarista modelo. Hoy ese seminarista está casado con una catequista y yo estoy aquí”. Lo dice con el convencimiento de que “Dios no elige a los mejores”. Depende de quién establezca ese particular rasero. Pero su homilía no se detiene ahí.

Seminaristas 1

Grupo de seminaristas. Foto: Archivo Vida Nueva

“A mí no me enseñó a ser sacerdote el seminario, donde aprendí algunas cosas, sino cada una de las comunidades con las que he compartido fe y vida. Y las religiosas”. No es una coletilla adosada. Lo dice ante una reliquia de la madre Nazaria Ignacia, la fundadora de las misioneras Cruzadas. La española nacionalizada boliviana, bajita de estatura, pero de una altura evangélica y social como el propio Aurelio.

Por la noche. Leganés. Fiestas de San Nicasio. Enfrente, Siempre Así. Rumbas y mucho más. Bromeo con quien le mando un vídeo a través del móvil: “Aquí ando, en un concierto de música protesta”. No es una broma. Ni siquiera ironía. Que alguien le cante al amor, a la amistad, a la esperanza, a descubrir al otro como amanecer es ir contracorriente. Y no como alternativa al reguetón, sino a todo lo demás que nos envuelve como banda sonora.

LUNES

‘La bola negra’. La guerra como fusilamiento de todos. También para quien aprieta el gatillo. Y para quien contempla como espectador, fumándose un pitillo o devorando su interminable cubo de palomitas en la butaca. Es la negación absoluta del otro. La cosificación que burla toda dignidad. Las guerras de cada día como condena individual y comunitaria. Como sepultura de lo que podríamos ser y no somos. “¿Qué nos perdemos cuando nos negamos? La vida. Hay que vivir”.