Obispo de Culiacán revela que el sacerdote mexicano desaparecido y luego encontrado fue víctima de violencia

Jesús José Herrera asegura que la experiencia vivida por el padre Clemente Morales le “ha dejado también afectaciones psicológicas y emocionales, derivadas de las amenazas que recibió contra su persona”

El padre Clemente
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El obispo de Culiacán, Jesús José Herrera, reveló que el sacerdote Clemente Morales, desaparecido y luego encontrado, fue víctima de violencia durante su cautiverio de tres días y aseguró que la experiencia vivida le “ha dejado también afectaciones psicológicas y emocionales, derivadas de las amenazas que recibió”.



El obispo manifestó que el padre Clemente, párroco de la parroquia de Cristo Resucitado, desaparecido el 24 de octubre y encontrado el día 27, “llegó por sus propios medios, conduciendo su camioneta a la casa parroquial, pero en un estado lamentable con evidentes muestras de la violencia que le causaron”.

En un comunicado, abundó que a su llegada, el padre “fue atendido por miembros de su comunidad, sacerdotes, médicos y autoridades que acudieron inmediatamente para darle la atención adecuada”.

Lesiones que requerían atención y seguimiento médico

Precisó que luego de su regreso “fue trasladado a una clínica para recibir atención especializada, debido a que presentaba múltiples golpes y quemaduras en distintas partes de su cuerpo. Aunque las lesiones no ponían en peligro inmediato su vida, sí requerían atención y seguimiento médico”.

Actualmente, añadió, continúa bajo observación médica y su evolución es favorable “aunque su recuperación requerirá tiempo, cuidados y acompañamiento integral”.

Como Iglesia, aseveró el obispo, “nos preocupa no solamente la integridad física de este hermano sacerdote, sino la de todas las personas que también experimentan heridas emocionales, psicológicas y espirituales que dejan estos eventos en sus vidas”.

“Golpeado y le provocaron incluso quemaduras graves”

Señaló que la recuperación de quien ha sufrido violencia exige respeto, comprensión, cercanía y un entorno que le permita recobrar la tranquilidad y la confianza.

Detalló que el sacerdote fue ‘levantado’ por un grupo de personas desconocidas y trasladado a un lugar no precisado, “fue golpeado y le provocaron incluso quemaduras graves en su cuerpo, pidiéndole información que él no conocía y por lo cual no podía ofrecer”.

“Confiamos en que las investigaciones permitan esclarecer plenamente lo sucedido y que quienes resulten responsables respondan ante la justicia”, agregó el obispo.

“No permanecemos indiferentes ante el sufrimiento”

En su comunicado, el obispo de Culiacán puso “la vida del padre Clemente y la de todas las personas que sufren violencia en las manos misericordiosas de Dios, con la esperanza de que su recuperación sea integral y de que estos acontecimientos puedan esclarecerse plenamente”.

Expresó su dolor al “constatar que la violencia que lastima a nuestra sociedad también ha alcanzado a los ministros de culto, llamados a servir, acompañar y anunciar la esperanza a nuestro pueblo. Ningún sacerdote ni persona debe ser objeto de amenazas o agresiones por el cumplimiento de su misión”.

Lamentó que el dolor del sacerdote “se une al de tantas personas y familias que sufren esta realidad, por eso no permanecemos indiferentes ante el sufrimiento de tantas personas desaparecidas y de sus familias, que siguen esperando noticias y anhelando el regreso de sus seres queridos”.

“No podemos aceptar como normal aquello que destruye”

Jesús José Herrera reprobó, rechazó y condenó “las acciones que atentan contra la vida y la integridad física y moral de las personas, entre ellas las torturas físicas y psicológicas y las detenciones arbitrarias, porque son contrarias a la dignidad humana”.

“Desde esta convicción, reiteramos que ninguna persona debe ser privada de su libertad y dignidad, sometida a violencia o utilizada como instrumento de intimidación. Ninguna circunstancia justifica el maltrato, las amenazas, las agresiones ni la desaparición de un ser humano”, añadió.

Expresó su solidaridad “con todas las víctimas de la violencia en Sinaloa y con sus familias. No queremos acostumbrarnos al dolor, a la incertidumbre ni a la pérdida de vidas humanas. No podemos aceptar como normal aquello que destruye a las personas, fractura a las familias y debilita la convivencia social”.

Catedral de Culiacán

Foto: Catedral de Culiacán

“Abandonen los caminos de la violencia, respeten la vida”

Hizo un llamado “firme a quienes provocan muerte, violencia, desapariciones y daños físicos, psicológicos y morales: por compasión, ¡deténganse! Ninguna vida humana es desechable. Ninguna familia merece vivir bajo la amenaza, el miedo o la incertidumbre”.

Ningún proyecto, añadió, “interés o ambición puede justificar el sufrimiento que se inflige a personas inocentes. Les pedimos que reflexionen sobre el daño que están causando, que escuchen la voz de su conciencia y que vuelvan su mirada a Dios. Está en ustedes detener esta violencia”.

Pidió orar “por quienes hacen el mal, porque creemos en la posibilidad de la conversión; pero nuestra oración no significa aprobación ni justificación de sus acciones. Pedimos que abandonen los caminos de la violencia, respeten la vida y permitan que las personas y las familias vivan en paz”.

Violencia e inseguridad que afecta gravemente la vida cotidiana

Si bien agradeció “a los cuerpos de seguridad y atención ciudadana municipales, estatales y federales… el esfuerzo que realizaron para que el padre Clemente volviera con vida”, expresó su “preocupación porque la violencia y la inseguridad siguen afectando gravemente la vida cotidiana de nuestra sociedad”.

“Después de más de dos años de vivir esta situación, el sufrimiento de las familias, las desapariciones, las privaciones ilegales de la libertad y las muertes violentas y en estos meses los feminicidios, nos obligan a decir que lo realizado hasta ahora no ha sido suficiente para devolver a nuestra ciudad la tranquilidad”.

Aseveró que “es indispensable que los esfuerzos institucionales se traduzcan en resultados verificables, en una mayor protección de la población, en investigaciones eficaces y en condiciones reales para recuperar la paz”.

La paz, una responsabilidad compartida

El obispo dijo que “la ciudadanía necesita hechos, respuestas y confianza. Por ello, exhortamos respetuosamente a nuestras autoridades a fortalecer las estrategias de prevención, seguridad, búsqueda de personas desaparecidas, procuración de justicia y atención integral a las víctimas”.

La paz -dijo- es una responsabilidad compartida, “pero las autoridades, desde sus respectivas competencias, tienen una responsabilidad particular e irrenunciable en la protección de la vida, la seguridad y los derechos de las personas”.

“A la sociedad sinaloense le pedimos que mantengamos la solidaridad y el respeto hacia quienes han sido víctimas de la delincuencia y hacia sus familias”.

Renunciar a toda forma de violencia

Aseguró que si “queremos la paz… debemos buscarla juntos. Comencemos por no generar nosotros mismos aquello que tanto lamentamos: la agresión, la descalificación, la mentira, el odio y la indiferencia ante el sufrimiento de los demás”.

Recordó que la paz exige justicia, verdad, responsabilidad y compromiso; “requiere instituciones que protejan a las personas, ciudadanos que participen responsablemente, familias que eduquen para el respeto, comunidades que acompañen  y personas dispuestas a renunciar a toda forma de violencia”.

Refirió que en su pasada visita pastoral a Culiacán, el nuncio apostólico en México, Joseph Spiteri, “nos recordaba unas palabras del papa Francisco: ‘la paz social es un trabajo, artesanal’. No se construye de un día para otro ni depende exclusivamente de una persona o de una institución”.

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