“Tenéis mucho que aportar a la Iglesia y, al mismo tiempo, podéis enriqueceros en ella”. Con estas palabras, el obispo de Málaga, José Antonio Satué, se dirigió a los más de cien participantes que se reunieron del 9 al 11 de octubre en la Casa de Espiritualidad San José, de los franciscanos, para celebrar el XV Encuentro de Chipiona de Cristianos LGTBIQ+.
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La cita, que se celebra en la localidad gaditana desde 2010, reunió este año a personas procedentes de distintos puntos de España, además de participantes llegados de Portugal, Italia y Suiza. Bajo el lema “Todos, todas, todes”, en referencia a las palabras pronunciadas por Francisco durante la JMJ de Lisboa de 2023, el encuentro puso el foco en la sinodalidad, el acompañamiento, la acogida, la educación, la pastoral y la necesidad de fortalecer el trabajo en red.
La organización correspondió en esta edición a PADIS Canarias-Pastoral para la Diversidad Sexual en Canarias, que planteó el trabajo en seis círculos temáticos. Entre los asistentes hubo miembros de Crismhom, Acgil, Betania, Ichthys, PADIS+G, Samaria, Siquem, la Red de Cristianos Arcoíris, Miradas, Axarquía, Kairós, PADIS Pamplona y Comunidades de Vida Cristiana, además de numerosas personas que acudieron a título individual.
“Todos somos hijas e hijos de Dios”
El encuentro comenzó el viernes con la llegada de los participantes y una oración preparada por el grupo Samaria de Badajoz. Ya el sábado, Miguel Ángel Sosa González, animador-presidente de PADIS Canarias, abrió formalmente los trabajos reivindicando un espacio eclesial en el que nadie tenga que renunciar a una parte de sí mismo para acercarse a Dios.
“Al mirar sus rostros, no veo solo una asamblea; veo caminos compartidos, veo resiliencia y, sobre todo, veo el rostro vivo de un Dios que nos ama con locura”, afirmó. Sosa definió el encuentro como “un refugio donde no hace falta dejar la identidad en la puerta para poder encontrarse con el Señor” y defendió que “nadie debe caminar a la intemperie espiritual”.
También recordó las palabras de Francisco sobre la acogida eclesial: “En la Iglesia hay lugar para todos, todas, todes”, así como su conocida pregunta: “Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla?”.
Uno de los mensajes centrales llegó de la mano de José Antonio Satué, obispo de Málaga, quien no pudo estar presencialmente pero hizo llegar unas palabras a la asamblea. “Quiero haceros llegar mi cercanía a quienes habéis preparado este encuentro y a todas las personas que participáis en él, con el deseo sincero de fortalecer vuestra fe y compartir la experiencia de vuestra vida cristiana”, señaló.
El prelado insistió en una convicción que calificó de fundamental: “Todos somos hijas e hijos de Dios”. A partir del encuentro de Jesús con la samaritana, recordó que Cristo “se acerca a cada ser humano, especialmente a quienes experimentaban algún tipo de exclusión” y que “cada persona merece ser escuchada, acogida y reconocida en su dignidad”.
No ignorar las heridas
“Sé que muchas personas LGTBIQ+ han vivido situaciones de incomprensión e incluso de rechazo en ámbitos eclesiales”, afirmó Satué, antes de añadir: “Puede que algunos de vosotros hayáis experimentado palabras o actitudes que no reflejaban el auténtico rostro de Cristo”.
El obispo agradeció particularmente a quienes, pese a esas experiencias, han continuado vinculados a la comunidad cristiana. “No debemos trivializar ese dolor ni ignorar las heridas que esas experiencias hayan podido dejar”, subrayó. Para Satué, escuchar esas historias “forma parte de la misión de la Iglesia, consuela a quienes las han padecido y contribuye a la conversión de la comunidad eclesial”.
“Todos estamos llamados a poner nuestros dones al servicio de la comunidad y de su misión evangelizadora, porque todos, sin excepción, somos destinatarios y, a la vez, protagonistas de su misión”, señaló el obispo. En su conclusión, Satué reclamó una Iglesia capaz de caminar junto a cada persona desde “el respeto, la paciencia y la misericordia”: “Tenéis mucho que aportar a la Iglesia y, al mismo tiempo, podéis enriqueceros en ella”.
Sinodalidad y participación
Las ponencias del sábado estuvieron centradas especialmente en la sinodalidad y en las posibilidades que abre para una participación más plena dentro de la Iglesia. Eloy Bueno de la Fuente, sacerdote de la diócesis de Burgos, doctor en Misionología y Filosofía y catedrático de la Facultad de Teología, presentó la sinodalidad como una dimensión constitutiva de la Iglesia y no simplemente como una iniciativa temporal.
Su intervención abordó la participación de todos los bautizados, la consulta como cauce de implicación eclesial y la escucha mutua como escucha del Espíritu. También puso el acento en una Iglesia entendida desde las personas y las relaciones, con un “nosotros” eclesial marcado por una actitud inclusiva y de apertura.
María Luisa Berzosa, religiosa de las Hijas de Jesús, participó mediante una intervención grabada desde Roma, donde se encontraba con motivo de los trabajos relacionados con el décimo aniversario de “Amoris Laetitia”. Berzosa situó el actual proceso sinodal en continuidad con el Concilio Vaticano II, que, recordó, “no fue punto de llegada sino de salida”.
La religiosa evocó especialmente la figura de Francisco y el impulso dado durante su pontificado. “Cuando nos parecía que no eran posibles los sueños, que la realidad era muy prosaica, que no había tiempo ni ocasión para la poesía, que había que resignarse con el ‘siempre se ha hecho así’, irrumpió ese ‘viento que sopla donde quiere y oyes su sonido pero no sabes ni a donde va'”.
“Y ese viento se llamó Jorge Mario Bergoglio, jesuita, convertido en papa Francisco”, añadió. Berzosa recordó también las tres palabras que acompañaron la convocatoria del Sínodo de la Sinodalidad: “participación, comunión, misión”. Asimismo, en su intervención defendió que el camino sinodal no puede quedar reservado a unos pocos. “Estamos invitados todos, todas y todes a poner alas a nuestros sueños, a no dejar que se queden adormecidos sino que despierten mejores iniciativas de nuestro corazón para hacer realidad el sueño sinodal”, afirmó.
Una pastoral “con”, no “para”
Tras las ponencias, buena parte del encuentro se desarrolló en seis círculos de trabajo, a partir de documentos preparados previamente durante los últimos meses. Las conclusiones fueron compartidas el domingo en asamblea y pusieron sobre la mesa retos concretos para la presencia y participación de las personas LGTBIQ+ en la Iglesia.
En el ámbito del acompañamiento se reclamó mayor formación para quienes desarrollan esta tarea y un profundo respeto por las personas acompañadas como miembros de pleno derecho de la comunidad.
Los grupos dedicados a la pastoral plantearon una de las ideas centrales del encuentro: no desarrollar una pastoral “para”, sino una pastoral “con” las personas LGTBIQ+, acompañada de respaldo institucional por parte de la Iglesia. También señalaron la necesidad de reforzar la formación humana y emocional, mejorar la acogida de quienes llegan a las comunidades con heridas y avanzar en una reflexión teológica capaz de incorporar la realidad de las personas consagradas LGTBIQ+.
El grupo de acogida reclamó, por su parte, la creación de ambientes “amables y seguros”, en los que sea posible hablar entre iguales, crecer en visibilidad y generar referentes dentro de la propia Iglesia. Entre las cuestiones planteadas apareció también la necesidad de abordar la dimensión psicoafectiva y sexual tanto del clero como del laicado.
En educación, los participantes defendieron la educación afectivo-sexual como un elemento imprescindible para favorecer una plena integración escolar y social. También reclamaron espacios educativos en los que puedan encontrarse con libertad familias, docentes y alumnado diverso, una mayor formación de las comunidades educativas y un lenguaje más inclusivo por parte de las editoriales.
Hacia una red estatal
Uno de los acuerdos concretos salidos de Chipiona fue avanzar en la creación de una red estatal de grupos y asociaciones cristianas vinculadas a la diversidad sexual. El círculo dedicado al trabajo en red planteó la necesidad de contar con una estructura capaz de ofrecer apoyo mutuo, disponer de una visión conjunta, favorecer nuevos encuentros y desarrollar proyectos comunes.
La propuesta fue aprobada por unanimidad y ya se ha constituido un grupo preparatorio que, en una siguiente fase, dará paso a una mesa coordinadora. El objetivo es establecer un plan de trabajo a corto, medio y largo plazo y dar continuidad a experiencias anteriores de colaboración, entre ellas el proceso de “Entrelazados” desarrollado en 2021 con motivo del Sínodo convocado por Francisco.
La asamblea concluyó con una eucaristía a los pies de la imagen de Nuestra Señora de Regla, presidida por Cristóbal Rodríguez Hernández, sacerdote de la diócesis de San Cristóbal de La Laguna, y concelebrada por varios sacerdotes participantes. “El Señor no nos pone condiciones, nos ama y punto”, afirmó en su homilía.
“La acogida sin reconocimiento y respeto es una gran mentira, porque es un modo auto consolante de decirnos que somos buenos, sin que realmente nos importe el mundo del otro”, continuó. “No acojamos, no pidamos ser acogidos, solamente. Pidamos ser reconocidos y respetados, para poder ser conocidos y amados, para poder conocer y amar”, insistió.
El sacerdote recordó también que “el amor limpio al prójimo significa que yo no estoy llamado a cambiar a la otra persona”, sino a “reconocer y respetar para poder amar”. Y, citando al papa León, invitó a mirar de otra manera la fragilidad humana: “Nuestra magnífica humanidad no florece a pesar del límite, sino a menudo a través del límite”.
Con la eucaristía se puso fin a una edición marcada por la reivindicación de una mayor participación, reconocimiento y presencia de las personas LGTBIQ+ dentro de la Iglesia. Chipiona ya prepara la XVI edición del encuentro, prevista del 8 al 10 de octubre de 2027.
