Nuevo español en la cúspide de la Curia de la Iglesia católica. Hoy, a mediodía, la Santa Sede ha dado a conocer que León XIV ha nombrado al español Aurelio García Macías nuevo secretario para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Es decir, el arzobispo vallisoletano, de 61 años, se convierte en el número dos de este «ministerio vaticano», presidido por el prefecto, el cardenal británico Arthur Roche. De este modo, García Macías se encargará de la gestión diaria de las normas litúrgicas y de promover, en el ámbito de los sacramentos, la renovación impulsada por el Concilio Vaticano II.
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Robert Prevost asciende así a uno de los hombres de confianza de Francisco y lo incorpora a su equipo de colaboradores. Al mismo tiempo, lo despeja de las quinielas que de manera insistente en estos últimos meses lo situaban de facto como pastor de alguna diócesis española.
Sobre la misa tradicional
No en vano, el perfil técnico de García Macías en este departamento llevó a Jorge Mario Bergoglio a confiar en él como uno de sus asesores para la elaboración de ‘Traditionis custodes’, el motu proprio promulgado por el pontífice argentino el 16 de julio de 2021 para regular el uso de la conocida popularmente como misa tradicional o misa tridentina.
Pocos como él conocen los recovecos de la liturgia católica. Desembarcó en el Dicasterio en 2015. Solo un año después fue nombrado jefe de Oficina de la Congregación y, en mayo de 2021, el papa Francisco apostó por él como subsecretario. Antes de llegar a Roma, ya había sido delegado de Liturgia de la Archidiócesis de Valladolid y rector del Seminario.
Adaptaciones mexicanas
Discreto y moderado en el fondo y en la forma, su trabajo ha sido especialmente valorado en la Curia durante los últimos años por su minuciosidad. Así, se le atribuye haber sacado adelante las adaptaciones litúrgicas para las comunidades indígenas tseltal, tsotsil, chol, tojolabal y zoque, en Chiapas (México).
Fue el 8 de noviembre de 2024 cuando la Santa Sede dio vía libre para que estas etnias pudieran celebrar la misa integrando sus tradiciones. Esta apuesta de Roma por la inculturación emana de la constitución ‘Sacrosanctum Concilium’, del Concilio Vaticano II, que hace sesenta años instó a respetar y promover «las cualidades peculiares de las distintas razas y pueblos».
El paso dado por Roma, con la supervisión directa de García Macías, fue especialmente relevante, sobre todo si se tiene en cuenta que el precedente anterior se remontaba a 1988, con la aprobación del llamado rito zaireño. Hubo que esperar, por tanto, más de tres décadas para armonizar la liturgia universal con la fe arraigada en una comunidad local.
