La Vida Religiosa en España lleva tiempo mirándose en el espejo de los números: menos vocaciones, comunidades más envejecidas y presencias que echan el cierre o se reestructuran. Como advierte en SomosCONFER el nuevo secretario general, Fernando García Sánchez, SDB, repetir que somos menos “no hace bien ni hace justicia” al papel que los alrededor de 30.000 consagrados siguen teniendo en medio de la sociedad española.
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El salesiano llega a la CONFER decidido a rechazar la tentación de administrar la decadencia. Las líneas de acción de la CONFER para los próximos años –que él mismo liderará junto al equipo de la sede– pasan por crear un plan de cuidado integral para unos religiosos que durante años han sostenido obras con más entrega que descanso.
Así, se pretende elaborar una memoria del impacto social de la Vida Consagrada en nuestro país, para que colegios, hospitales y centros sociales no sean una realidad invisible. El religioso plantea también espacios de encuentro para superiores mayores y un acompañamiento del estilo sinodal en el gobierno de los institutos, porque, como nos recordaba Francisco, “nadie se salva solo”. Por último, el nuevo secretario apuesta por articular un observatorio de la escuela católica.
Narrativas polarizantes
A estas líneas se suma la tarea de aterrizar el legado de la visita de León XIV, cuyo llamamiento a abandonar las “narrativas polarizantes” interpela también intraeclesialmente. Y es que García Sánchez reconoce sin ambages que “la polarización ya ha entrado en las comunidades”.
Queda, además, un camino de no retorno: el de la verdad y la reparación integral a las víctimas de abusos en el seno de la Iglesia, un flagelo en el que García Sánchez ha percibido un cambio cuando “los institutos han aprendido a reconocerse como parte del problema”.
La CONFER asume ahora el reto de convertir estas intuiciones en una realidad, porque no hacen falta más estructuras, sino recuperar la frescura del Evangelio, desprenderse del “siempre se ha hecho así” y habitar las fronteras de los más vulnerables, pues es ahí donde está Cristo. Y esa es, precisamente, la diferencia entre sobrevivir y dar vida.
