Después de casi catorce al frente de la diócesis italiana de Alessandria –y sin haber cumplido los 75 años–, Guido Gallese, conocido en la prensa italiana como el “obispo del Tesla”, deja el gobierno pastoral de la diócesis tras meses marcados por una visita apostólica ordenada por Roma.
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León XIV ha aceptado su renuncia y ha nombrado administrador apostólico de Alessandria a Luigi Testore, que continuará al mismo tiempo como obispo de la vecina diócesis de Acqui. La medida abre así un periodo de transición hasta que el Papa nombre un nuevo titular.
La Santa Sede no ha explicado oficialmente las razones de la salida de Gallese. Pero el movimiento llega después de que, en enero, el Vaticano enviara a Alessandria al cardenal Giuseppe Bertello para realizar una visita apostólica en la que se revisaron tanto el gobierno de la diócesis como cuestiones administrativas y económicas. Diferentes medios italianos informaron entonces de que Bertello estaba examinando las cuentas y algunas de las principales operaciones patrimoniales realizadas durante el episcopado de Gallese.
Un Tesla, el kitesurf y unas cuentas bajo la lupa
El caso terminó trascendiendo mucho más allá de Alessandria por la imagen del obispo llegando en su Tesla al tradicional almuerzo de Navidad con los pobres. El vehículo se convirtió rápidamente en símbolo de las críticas a un prelado al que también se reprochaban su afición a las motocicletas y al kitesurf, así como determinadas decisiones patrimoniales de la diócesis.
El Tesla, según explicó entonces la propia diócesis, no había sido adquirido con dinero diocesano, sino que pertenecía personalmente al obispo. Su portavoz, Enzo Governale, defendió además que Gallese lo había escogido por razones de sostenibilidad y ahorro a largo plazo. También negó que viajara habitualmente a Sudamérica para practicar kitesurf, como se había publicado, asegurando que solía hacerlo en el lago de Como y corriendo él mismo con los gastos.
Sin embargo, entre los asuntos que aparecieron públicamente durante la visita apostólica estuvieron la adquisición y rehabilitación del antiguo convento de los capuchinos —donde reside Gallese— y las obras realizadas en el Colegio Santa Chiara. También se había señalado que la diócesis llevaba tiempo sin publicar sus balances.
Desde Alessandria, sin embargo, se insistió desde el principio en que aquello no debía interpretarse como una condena anticipada. “No es un proceso a la persona del obispo ni un juicio sumario a la comunidad. Es una revisión fraterna que implica a toda la diócesis”, aseguró entonces la diócesis, que prometió “total transparencia” también sobre los asuntos administrativos y económicos.
“Hay que ser malos para atacarme por estas cosas”
“Hay que ser malos y personas de poco entendimiento para atacarme por estas cosas verdaderamente increíbles”, ha afirmado el prelado, reivindicando la austeridad de su vida personal e insistió en que su residencia era de carácter prácticamente monástico.
Ahora, Gallese afronta la salida con un tono distinto. El ya obispo emérito ha sido nombrado asistente espiritual del Collegamento Nazionale Santuari. “Acepto este nombramiento con profunda gratitud”, ha explicado. Sin embargo, ha asegurado que irse de la diócesis “es un poco como morir”. “Alessandria ha sido mi casa durante casi catorce años, la familia con la que he compartido alegrías, dificultades, oraciones y rostros que llevo en el corazón”. “A veces, cuidar verdaderamente de una comunidad significa tener el valor y la humildad de dar un paso atrás por el bien de todos”, ha concluido.
