El Vaticano alerta del regreso de la “lógica del miedo” nuclear

La Santa Sede denuncia la modernización de los arsenales, reclama aplicar los tratados de desarme y pide poner en el centro a las víctimas de los ensayos atómicos

protesta en Washington contra las armas nucleares
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La Santa Sede ha vuelto a poner el foco sobre el peligro nuclear y lo ha hecho con una advertencia clara: la guerra y la disuasión están recuperando terreno en el discurso internacional hasta alimentar una auténtica “lógica del miedo”.



Así lo ha denunciado Robert Murphy, encargado de negocios de la Misión Permanente de Observación de la Santa Sede ante Naciones Unidas, en dos intervenciones pronunciadas con motivo de la Jornada Internacional contra los Ensayos Nucleares y de un encuentro dedicado a la asistencia a las víctimas y la reparación medioambiental.

El Vaticano considera que, pese a décadas de experiencia sobre las consecuencias de las armas atómicas, el mundo está volviendo a normalizar discursos que parecían superados.

Una retórica cada vez más agresiva

Murphy ha recordado la “devastadora herencia” dejada por los ensayos nucleares y ha lamentado que esa experiencia no haya sido suficiente para consolidar la convicción de que “la paz no puede preservarse desarrollando armas cada vez más destructivas”.

Al contrario, la Santa Sede observa actualmente un “renovado recurso a la disuasión nuclear” acompañado de una “retórica nuclear cada vez más agresiva”, capaz de debilitar normas internacionales construidas durante décadas.

El representante vaticano ha retomado así una de las ideas expresadas por León XIV en ‘Magnifica humanitas’: abandonar progresivamente la producción de armas nucleares supone reconocer la amenaza que representan unos arsenales capaces de destruir a la humanidad entera.

Tratados que ya existen, pero deben aplicarse

Frente a este escenario, el Vaticano no reclama únicamente nuevos compromisos, sino también que se cumplan los ya asumidos. Por eso, Murphy ha reiterado el apoyo de la Santa Sede al Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares, así como al Tratado de No Proliferación y al Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares.

A su juicio, el trabajo realizado en este ámbito demuestra que “la ciencia, la tecnología y la cooperación internacional pueden ponerse al servicio de la transparencia, de la construcción de la confianza y del bien común”.

El objetivo final sigue siendo el mismo: avanzar hacia “un mundo libre de armas nucleares y, en última instancia, hacia el establecimiento de una paz justa y duradera”.

Contra una “cultura del poder”

Siguiendo también a León XIV, el representante de la Santa Sede advirtió contra el crecimiento de una “cultura del poder” en la que “la disponibilidad de los recursos y la capacidad de dominar tienden a dictar la agenda y los criterios de las decisiones”.

Esa cultura, señaló, se alimenta cuando se normaliza la guerra, se persigue una capacidad militar cada vez mayor y se aprovecha la crisis del multilateralismo para presentar el uso de la fuerza como inevitable. El Vaticano cuestiona especialmente ese “falso realismo que insiste en que no existen alternativas”.

“Detrás de doctrinas, arsenales y consideraciones de ventaja estratégica, hay personas humanas cuya dignidad intrínseca, donada por Dios, no puede nunca ser subordinada a intereses militares o políticos”, ha recordado Murphy. Por eso, la Santa Sede reclama aplicar la “perspectiva de las víctimas” defendida por León XIV y prestar asistencia médica y psicológica a las personas afectadas por las radiaciones derivadas de los ensayos nucleares.

tierra casa común

Cuidado de la casa común. Foto: Archivo

Las heridas también permanecen en la tierra

El Vaticano insiste además en que reparar los daños humanos resulta imposible sin afrontar también los medioambientales. La contaminación del suelo, del agua y de los ecosistemas provocada por las pruebas nucleares continúa afectando a la salud y a los medios de vida de numerosas comunidades y traslada las consecuencias de decisiones pasadas a generaciones que todavía no han nacido.

“Quienes han sido afectados por las armas nucleares nos piden no solo afrontar las consecuencias de los daños sufridos en el pasado, sino también dejar que su testimonio oriente nuestras decisiones para el futuro”, concluyó Murphy, ya que solo así, sostiene el Vaticano, será posible abandonar esa “cultura del poder” y construir una seguridad que coloque en el centro a la persona, cuide la creación y esté verdaderamente al servicio del bien común.

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