Tribuna

¿Hay prójimos de primera y de segunda?

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Soy consciente de que se han escrito muchos artículos, opiniones, noticias e investigaciones sobre la tragedia humanitaria de Ceuta. Cada día las cosas van a peor. Cada día hay más violencia, más crispación, más frustración. No voy a escribir sobre Ceuta ni su tragedia humanitaria. Quiero escribir sobre unas declaraciones que he escuchado esta semana y a las que quiero responder como cristiano y, al mismo tiempo, ser capaz de responderme a mí mismo qué hacer y qué pensar ante todo esto.



Esta semana vi en varios medios de comunicación una entrevista realizada al sacerdote ceutí Jesús Francisco Molina Fernández, vicario parroquial del Santuario de Santa María de África, en Ceuta. Las declaraciones que hacía en el programa ‘Vamos a ver’, de ‘Telecinco’, fueron recogidas por otros medios de comunicación. Pude leer en Vida Nueva declaraciones como: “Es la caridad la que exige esa jerarquía”; “uno atiende antes a su prójimo, que es el próximo, el que tiene al lado, el ceutí, antes que al que no lo es”. También dijo, con el mismo razonamiento, que ya había pobres en Ceuta antes de la crisis y que los recursos eran limitados. Su argumento es que ayudar a quienes han llegado no debería implicar arrancar recursos a los pobres ceutíes. A estas declaraciones hay que añadir también que “la Iglesia no es una ONG”.

Este planteamiento me dejó impactado y me ha hecho estar reflexionando sobre ello bastante tiempo, porque verdaderamente no soy capaz de entender todo lo que este sacerdote dice. Entiendo perfectamente la limitación de recursos y entiendo que eso es un problema, pero no soy capaz de entender el concepto de prójimo del que habla. Mi concepto de prójimo es otro. A lo mejor me estoy equivocando, pero no es el de este hombre. Tampoco entiendo la jerarquía en la ayuda humanitaria. Sí entiendo la prioridad en la atención o en la actuación de los servicios sanitarios ante una emergencia humanitaria, en base al estado de los enfermos, la posibilidad o no de recuperación. Ahí existe un protocolo basado en cuestiones puramente lógicas, orientadas a ayudar a sobrevivir. Pero el concepto de jerarquía en la ayuda desde la Iglesia no acabo de entenderlo.

¿Existe un orden de la caridad?

Esto me llevó a buscar si en la Iglesia existía ese concepto. Y sí, la Iglesia católica reconoce el concepto de ‘ordo caritatis’, orden de la caridad. Se encuentra desarrollado en la Suma Teológica de santo Tomás de Aquino, donde plantea expresamente si debemos amar más a unos prójimos que a otros y considera factores tales como vínculos familiares, proximidad u obligaciones concretas que tenemos respecto a determinadas personas. Este concepto sigue recogido en el magisterio de la Iglesia. El número 2197 del Catecismo, al hablar del cuarto mandamiento, dice que este indica el orden de la caridad, aplicándolo concretamente al deber especial que existe respecto a los padres y otras relaciones de responsabilidad. Por tanto, sí, en la Iglesia hay un orden de caridad, pero este orden de caridad no nos lleva a diferenciar el tipo de prójimo ni a definir al prójimo, y tampoco debería llevarnos a diferenciar entre ceutí y magrebí.

El Evangelio explica perfectamente quién es el prójimo y no hace distinciones entre unos y otros. Pero antes de centrarme en esto quiero aclarar que no estoy juzgando a este sacerdote. Este hombre está en el campo de batalla, está en el terreno, está ayudando, está cumpliendo con la función que le corresponde. Probablemente con muchos menos recursos y posibilidades de las que quisiera, con presiones. Por eso merece mi respeto, porque se está manchando las manos y los pies, se está manchando las sandalias en el barro para ayudar a los demás. Ahí tiene ganado mi respeto.

Respecto al concepto de Iglesia y ONG, es verdad: la Iglesia no es una ONG si con ello entendemos que no puede reducirse a la asistencia social. La función de la Iglesia está en vivir el Evangelio y dar testimonio mediante el amor fraterno, la solidaridad y el compartir, llevando la caridad de Jesús a los demás. La Iglesia es mucho más que una ONG. Es el cuerpo místico de Cristo. Es fe, culto y caridad, y esos tres aspectos no pueden separarse. Así lo explica la propia Doctrina de la Iglesia. La Iglesia es estar al lado del que lo necesita, con humildad, con amor. La Iglesia es entregar la vida al Señor y ante Él todos somos iguales.

Migración. Ceuta

Miles de jóvenes marroquíes tratan de cruzar la valla fronteriza con Ceuta (España). Foto: EFE

Como decía, yo no juzgo a este sacerdote, pero sí debo insistir, desde el respeto, en que sus palabras no fueron acertadas.

Entiendo que este no es el mensaje de la Conferencia Episcopal Española, porque por las declaraciones que han venido haciendo se entiende que no lo es. Ya el 5 de agosto, la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y la Movilidad Humana publicaba un mensaje específico sobre la situación de Ceuta y, el 29 de agosto, su director intervino condenando la violencia, reclamando diálogo y colaboración y afirmando que la respuesta debe respetar la dignidad sagrada de las personas y actuar con humanidad.

¿Quién es mi prójimo?

Pero ¿y si es el punto de vista de una parte de la Iglesia?

¿Cuál es mi concepto de prójimo? El prójimo para mí es todo aquel que no eres tú y me da igual su religión, su procedencia, su orientación sexual, su opinión, su género o su situación administrativa. También cómo llegó a este país. Me da igual. Es el prójimo. El propio papa León XIV decía este año que ser prójimo no depende de la cercanía física o social, sino de la decisión de amar.

En el Evangelio encontramos como uno de los principales mandamientos de nuestra fe amar al prójimo como a nosotros mismos. Así se recoge en Mateo 22, 36-40: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”. Y añade: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22, 37-39). Si yo diferencio entre prójimos de primera y de segunda, estoy faltando a este mandamiento.

El Evangelio y la Sagrada Escritura tienen múltiples pasajes en los que el Señor habla de ayuda, de acogida y en los que podemos ver quién es el prójimo. Lo vemos en el pasaje del Buen Samaritano (Lc 10, 25-37). También en Mateo 25, 35-40, donde Jesús dice: “Fui forastero y me acogisteis” (Mt 25, 35). Cristo se identifica con aquel al que acogemos: “Conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 40).

También el Antiguo Testamento hace referencia al prójimo y al inmigrante. En Levítico podemos leer que el inmigrante será “como el indígena: lo amarás como a ti mismo” (Lv 19, 33-34).

Como vemos, el Señor no rechaza a los otros. En Hechos de los Apóstoles podemos leer: “Dios no hace acepción de personas” y acepta a quien practica la justicia “sea de la nación que sea” (Hch 10, 34-35). ¿Estamos haciendo verdaderamente justicia cuando establecemos categorías a la hora de ser caritativos?