La petición
La asociación de mujeres católicas Magdala ha dirigido una carta al presidente de la Conferencia Episcopal Francesa pidiendo oficialmente que las niñas puedan ejercer como monaguillas junto a los chicos en las misas que celebrará el papa León XIV durante su próxima visita a Francia. Esta solicitud señala directamente a las grandes celebraciones papales programadas para el sábado 26 de septiembre en la Plaza de la Concordia de París, el domingo 27 en Lourdes y el lunes 28 en la catedral de Metz.
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Para fundamentar su reclamación, el colectivo recuerda que la instrucción canónica ‘Redemptionis sacramentum’ ya permite que niñas y mujeres sirvan en el altar, dejándolo a juicio del obispo diocesano. En esta línea, argumentan que excluir a las niñas contradice el enfoque sinodal de la Iglesia actual, el cual aboga por una mayor corresponsabilidad de todos los bautizados sin distinción de género. Además, la asociación lamenta que más de la mitad de las parroquias de su país prohíban a las niñas acercarse al altar, marcando un fuerte contraste con la normalidad de esta práctica en lugares como España, Alemania, Bélgica o el mismo Vaticano.
El punto más crítico de la misiva es la denuncia de lo que consideran una violencia simbólica inusual dentro de las parroquias francesas. Magdala critica la tendencia de los obispos a relegar a las jóvenes a roles inventados como “servidoras de la asamblea”, exigiéndoles usar una capa en lugar de un alba. Relatan cómo, habitualmente, el servicio de las niñas se limita a repartir cancioneros o a entregar las ofrendas a sus compañeros varones al pie de las escaleras, siendo estos últimos los únicos autorizados a subirlas hasta el altar.
Finalmente, la carta concluye con una seria advertencia pastoral dirigida a la casa del episcopado católico de su país. Las firmantes aseguran que, si la Iglesia en Francia mantiene esta diferencia de trato que consideran carente de base teológica, tendrá que resignarse a ver cómo las niñas y las mujeres se alejan silenciosamente de la institución sin que nadie escuche su partida.
La norma
El camino hacia la plena integración de las mujeres y niñas en el servicio del altar experimentó un giro definitivo bajo el impulso del papa Francisco, consolidando a nivel legal lo que ya era una práctica común en muchas partes del mundo.
Antes de su intervención, la presencia de monaguillas estaba amparada por normativas anteriores, pero siempre quedaba sujeta a la autorización expresa del obispo diocesano local. Esto generaba una enorme disparidad entre distintas regiones y parroquias, permitiendo que en algunos lugares las niñas fueran excluidas sistemáticamente bajo el argumento de que el servicio del altar estaba históricamente vinculado a la preparación para el sacerdocio masculino. De hecho, crecen hoy vetustos argumentarios sobre que solo varones pueden poner los pies en el presbiterio.
Para poner fin a esta ambigüedad y dotar de un respaldo institucional firme a las mujeres, el papa Francisco promulgó en enero de 2021un documento magisterial en forma de motu proprio titulado ‘Spiritus Domini’. Con este texto, Francisco modificó oficialmente el canon 230, párrafo primero, del Código de Derecho Canónico. El cambio tuvo un impacto teológico y práctico inmenso al eliminar la restricción histórica que reservaba de forma exclusiva a los varones laicos el acceso a los ministerios instituidos del lectorado y el acolitado.
A partir de esa reforma normativa, las mujeres adquirieron el derecho a ser instituidas formalmente como acólitas y lectoras de manera estable, dejando de depender de simples permisos temporales o concesiones excepcionales de cada párroco u obispo.
El argumento teológico central del Papa para justificar este cambio fue desligar definitivamente estos ministerios laicales del sacramento del orden sacerdotal. Francisco subrayó que el servicio en el altar y la proclamación de la Palabra no son un paso previo y exclusivo para los futuros sacerdotes, sino una vocación y un derecho que emana directamente del sacramento del bautismo, el cual iguala a todos los fieles católicos sin distinción de género.
De este modo, la modificación canónica no solo reconoció y validó el valioso trabajo que miles de mujeres y niñas ya realizaban de facto en las parroquias de todo el mundo, sino que dejó sin sustento teológico a los sectores que justificaban su exclusión. Esta normalización universal es precisamente el pilar normativo en el que se apoyan en la actualidad diversos colectivos, como las feministas católicas francesas, para exigir que la participación femenina en el altar sea respetada en todas las diócesis como un derecho derivado de la dignidad bautismal, y no como una mera tolerancia pastoral.
La realidad
Ahora bien, en el Vaticano se ven lectoras pero no monaguillos ya que estos son de los seminarios pontificios o de las universidades romanas. En el caso de la visita de Francisco a Bélgica, la paridad fue muy tenida en cuenta. Pero, ¿en el caso de León XIV?
En su visita a España los seminaristas acapararon el servicio al altar en las misas celebradas. La presencia masculina –e incluso clerical– se rompió en pocas ocasiones. En la vigilia con los jóvenes en Madrid una monaguilla (además con el pelo largo y suelto) en la parte de la adoración cohabitó con tres compañeros varones. En la misa en Cibeles, 0; a pesar de contar con un mayor despliegue de pequeño clero.
En Barcelona, la vigilia de jóvenes no contó con ministerios clericales –solo dos monaguillos varones acompañando a dos diáconos que precedían al Crucificado–. En la misa en la Sagrada Familia, como el presidente Pedro Sánchez pudo contemplar, entre los 17 monaguillos no se vio ninguna chica. Lo mismo ocurrirá en las misas en Canarias.
Por dar pistas a las mujeres francesas… Ahora bien, estas opciones ¿son del comité organizador del Vaticano o de los equipos locales? No sé que sería más preocupante…

