Luis Antonio Rodríguez Huertas
Militante del partido Por Un Mundo Más Justo y bachiller en Teología

¿Más o menos fronteras?


¿Tú también tienes la sensación de que vivimos en un mundo donde los acontecimientos nos desbordan?  Todos tienen implicaciones políticas y resulta difícil elegir en cuáles intervenir, o sobre cuáles reflexionar o conversar: Tragedias humanitarias, conflictos bélicos que no cesan, datos económicos, fenómenos naturales… Pero, sin duda, uno de los ineludibles es la crisis que se está viviendo en Ceuta estas semanas.



Pues bien, en la sobreabundancia de informaciones y análisis que se están difundiendo (víctimas mortales, soberanía nacional, chantaje marroquí, deficiente gestión española, respuesta mediocre europea, injerencia de EEUU, situación de los migrantes, trato a menores, respuestas de los ceutíes…) creo que falta uno que a mí me parece básico y, quizá, definitivo: qué estamos haciendo en el mundo con las fronteras.

Los sucesos de Ceuta, en definitiva, nos remiten a ello.

La consecuencia del “en frente”

En muchos lugares del globo terráqueo, las fronteras políticas estatales generan intermitentemente tensiones, a menudo de consecuencias fatales como conflictos armados, invasiones, aniquilación o expulsión de sus habitantes.

Pero más aún. En un sentido amplio, entendiendo las disputas de “fronteras” como la lucha por el dominio de un territorio, de un espacio o de una posición económica, la inmensa mayoría de los conflictos violentos se deben a ello. Así, las guerras entre estados, las luchas entre organizaciones criminales en un mismo ámbito, o los combates civiles-fratricidas.

Es decir, se deben a la lógica del “en-frentamiento”, del dibujar o definir límites con quienes están “en frente”, que de ahí viene “frontera”.

El fracaso del “modelo frontera”

Así todo, creo que estamos en el fracaso de lo que yo llamo “el modelo frontera”, por el que la humanidad construye su convivencia en torno a conceptos como separación, defensa y protección.

Creo que estas inclinaciones son entendibles y, a menudo, legítimas. Se dan en lo “macro” pero nacen en lo “micro” (la preservación de lo propio, el deseo de dominar más espacios, la desconfianza o el miedo y la búsqueda de seguridad hacia “los vecinos” que son diferentes…)

Pero no podemos quedarnos en ellas si queremos trascender nuestras vulnerabilidades como humanidad y aspirar a una sociedad más plena.

Entre otras cosas, porque este modelo de convivencia basado en las fronteras no está siendo la mejor receta para conseguir la paz, librarse de la violencia, generar prosperidad compartida o favorecer la ciudadanía global y la fraternidad/sororidad universal.

Las fronteras físicas matan. Las mentales generan odio, rechazo, exclusión. Las económicas, desigualdad y descarte.

A-frontémoslo: o hay alternativas o estaremos aceptando que el único futuro de la humanidad es vivir en constante en-frentamiento.

No puedo obviar que escribo en un contexto de reflexión creyente. Y, si a algo aspiro con mis pobres entradas en este blog, es a tener más presente los criterios éticos y evangélicos en la actuación política, la resolución de los conflictos y la búsqueda del bien común.

En esa dirección, “si creemos que en Cristo ‘ya no hay griego ni judío’” (Gálatas 3,28), toda frontera que separe en vez de unir merece, al menos, ser cuestionada. Incluso

aceptando que la misma doctrina social de la Iglesia reconoce el derecho de las naciones a regular sus fronteras (Catecismo 2241). En definitiva, ¿es compatible el “modelo frontera” con la voluntad de Dios, manifestada en su Hijo Jesús y predicada por sus seguidores?

Migración. Ceuta

Un joven marroquí trata de llegar nadando a Ceuta (España). Foto: EFE

El destino universal de los bienes… y los territorios

Siempre me ha cautivado lo que se esconde tras ese otro principio de la doctrina social de la Iglesia que es el destino universal de los bienes.

A poco que se piense, es de una fuerza extraordinaria y casi inimaginable desde parámetros puramente humanos.

Nos dice que el fruto y disfrute de todos los bienes que existen -los que tengo yo a nivel particular y los que tienen las entidades, organizaciones y estados a nivel social-, han de estar disponibles para que toda la humanidad -y no sólo unos pocos – pueda beneficiarse de ellos.

Lo que no está reñido con la propiedad privada o particular. Pero si la limita y la orienta al estar “hipotecada socialmente”.

En el asunto que nos trae… ¿No debería toda frontera, también las políticas, estar supeditada a esa búsqueda del bien común? Afirmarlo significa, por tanto, que las fronteras no pueden estar diseñadas ni mucho menos gestionadas para generar distancias, conflictos, sufrimientos, víctimas, muertes.

El planteamiento raya casi con el cuestionamiento radical de la necesidad de las fronteras. Pero esto excede el objeto de estas líneas.

Aquí me limito a pedirnos que pensemos: ¿Son las fronteras tal y como las entendemos hoy el mejor modelo de convivencia? ¿Hay alternativas o es sólo “otra u-topía más”?

No tengo las respuestas. Solo intuiciones. Pero ellas también dan para otro post.

De momento, me conformaría con que le dieses una vuelta estos días de verano.

Yo no paro de hacerlo. Las víctimas y todo lo que se está moviendo en el conflicto de Ceuta creo que lo merecen.

Caos en la frontera en Ceuta

Caos en la frontera en Ceuta. Foto: EFE