SÁBADO
Fiesta de Santiago Apóstol. Nada como una madre para utilizar el criterio que sea con tal de que sus hijos tengan butaca ‘prémium’ en el Reino de los cielos. A buen seguro que ellos la miraron con cierto pudor y vergüenza. La misma que cuando les intenta repeinar delante de sus amigos. Aunque, en el fondo, no les parece mal plan. Pero Jesús siempre está al quite para despejar tronos, sillones y sofás. Es más de taburetes. Ni a izquierda ni a derecha. Así, en asamblea. Sinodal.
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DOMINGO
Misa de ocho de la tarde. “La causa de todo esto es el egoísmo”. Análisis certero de la crisis del cambio climático. No mira a la azarosa naturaleza ni la evolución del universo. Tampoco a un ente supremo. Mira a aquel que prende la mecha. No al pirómano ejecutor, sino a todos y cada uno de los que escuchan su homilía.
“Ya nos lo dijo Francisco en su encíclica. Tenemos que denunciarlo como él lo hizo y aplicárnoslo a nosotros mismos. El calentamiento global lo hemos provocado nosotros”. Reflexión adosada a una petición elevada a lo alto para que el trabajo de los equipos de bomberos tenga un buen resultado.
LUNES
Los momentos de prueba. Tienden a fabularse como gestas heróicas o triples saltos mortales. Pero son más sencillos. Es la amiga que decide quedarse para apoyar a otra amiga en un polideportivo, para no dejar solos a quienes han sido desalojados por el fuego. No hay más cocción ni más horneado que ‘estar con’ y ‘ser para’.
MIÉRCOLES
La disolución sobre el papel es un paso más. Uno de tantos que quedarían. Porque pocos se muestran convencidos de que vayan a dispersarse por haberse descubierto que ahí no había carisma. El argumentario martirial en un espacio endogámico y la convicción de una persecución promovida por un demonio que se cuela entre el púrpura hace el resto para que no haya fisuras.
La enredadera que generan las casas en las que habitan, alquiladas o cedidas, es el siguiente entuerto. Es ahí donde se podrá constatar su continuidad. Si encuentran financiador que las sustente, aun sabiendo que no son Iglesia.
Como las de Belorado. Pero ahí permanecen. Continúan ocho. En una casa familiar cedida en Toledo. Y con el hábito, que ahora es disfraz. No están tan lejos las unas de las otras. Salvo por un decreto de excomunión. Delgada línea roja. Aunque el cisma interno sea una realidad dentro de un delirio compartido.

