¿Qué se celebra el día de Todos los Santos y por qué es el 1 de noviembre?

Cementerio en San Sebastián con flores por el día de Todos los Santos
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El 1 de noviembre la Iglesia celebra la fiesta de Todos los Santos: una jornada en la que se honra a la gente que fue canonizada de forma oficial y también a los millones de personas que vivieron y murieron en santidad sin que nadie lo supiera. El día de todos los santos lleva en el calendario cristiano más de doce siglos porque contiene un mensaje crucial para el cristianismo: la santidad no es un privilegio de unas pocas personas.



¿Qué celebramos el día de Todos los Santos?

Antes de tener una respuesta hay que tener claro un concepto teológico que aparece en la liturgia: la comunión de los santos. Cada 1 de noviembre se insiste en ello. La primera lectura de la jornada, tomada del libro del Apocalipsis, describe que el autor vio “un gentío inmenso, imposible de contar, de toda nación y raza, pueblo y lengua” (Ap 7, 9) que estaba junto a todas las tribus de los hijos de Israel. En esa multitud no solo caben los santos reconocidos oficialmente, sino los bautizados de todas las épocas y naciones que se esforzaron por cumplir con amor la voluntad de Dios, aunque de la mayoría no conozcamos ni el rostro ni el nombre.

Por eso Benedicto XVI recordaba en 2006 que los santos no son “una exigua casta de elegidos”, sino una muchedumbre innumerable. Y también Francisco insistía en hablar de los santos “de la puerta de al lado”: esos familiares, vecinos y conocidos que llevaron adelante su vida cristiana de forma cotidiana y escondida.

Lo que celebramos el día de Todos los Santos es, en definitiva, esa llamada universal a la santidad. Como podemos leer en Gaudete et exsultate, para ser santos no hace falta ser obispos, sacerdotes o religiosos: se puede ser en el matrimonio, en el trabajo hecho con honradez o en la paciencia de unos abuelos que enseñan a rezar a sus nietos. Esa idea de una santidad al alcance de todo el mundo es también la clave para entender cómo hay que venerar a los santos.

1 de noviembre, el origen de una fiesta con siglos de tradición

La fiesta de Todos los Santos hunde sus raíces en la convicción de la Iglesia primitiva de que los mártires merecían un día en el que recordar su sacrificio. El papa Bonifacio IV estableció en el siglo VII una jornada para conmemorar a todos los mártires del cristianismo, fijada entonces el 13 de mayo. Un siglo más tarde, el papa Gregorio III amplió aquella celebración a todos los santos de la Iglesia y la trasladó a su fecha actual, el 1 de noviembre.

El cambio de la primavera al otoño se hizo pensando mucho sobre ello. Por aquellas fechas, en los territorios donde la Iglesia se había ido extendiendo, ya existían celebraciones muy arraigadas dedicadas al recuerdo de los difuntos, como el Samhain celta o el mundus patet romano. El nuevo calendario cristiano convivió con esas tradiciones y las fue integrando, de modo que la fecha del 1 de noviembre acabó reuniendo, en un mismo horizonte, la memoria de los que ya habían partido y la esperanza cristiana en la vida eterna.

La diferencia entre Todos los Santos y el Día de los Difuntos

Es habitual confundir el 1 y el 2 de noviembre, pero son dos jornadas complementarias y no idénticas. El 1 de noviembre, día de Todos los Santos, la Iglesia celebra con alegría a quienes ya han alcanzado la plenitud junto a Dios: es una fiesta, no un duelo. El 2 de noviembre, en cambio, se conmemora a todos los fieles difuntos y el acento se desplaza hacia la oración por quienes están todavía en camino hacia la salvación definitiva. En su momento, el papa Francisco dijo que es la oración más grande y eficaz por las almas de los difuntos. Entender esta diferencia ayuda a comprender por qué se celebra el día de Todos los Santos con un tono festivo, mientras que la jornada siguiente tiene un carácter más orante.

Día de todos los santos. En esta representación de los hermanos van Eyck, los santos del cielo se

Día de todos los santos. En esta representación de los hermanos van Eyck, los santos del cielo se congregan alrededor del cordero

El punto en común entre Todos los Santos y Halloween

La palabra Halloween procede de la expresión inglesa “All Hallows’ Eve”, es decir, la víspera de Todos los Santos. “Hallow” era, en la Inglaterra medieval, sinónimo de “saint” (santo). Ese origen lingüístico revela hasta qué punto ambas celebraciones están emparentadas. Halloween conserva, bajo su forma actual de calabazas y disfraces, elementos que proceden de festividades muy antiguas, como el Samhain celta (que se celebraba entre el crepúsculo del 31 de octubre y el del 1 de noviembre) o el Mundus Patet romano, ligados ambos al fin de la cosecha y al recuerdo de los familiares difuntos.

Más allá de la estética, lo que une a estas tradiciones es un sentido común muy hondo: la necesidad humana de detenerse una vez al año para recordar a quienes ya no están y sentirlos, de algún modo, cerca. Cambian las formas (una hoguera, una ofrenda en el umbral de la casa, una vela junto a una tumba o una oración en la Eucaristía), pero el impulso de fondo es el mismo: que la memoria de quienes nos precedieron no se pierda.

Un día de fiesta dedicado a recordar a los que no están

Por eso la fiesta de Todos los Santos se ha vivido tradicionalmente como una jornada de encuentro. La visita al cementerio para limpiar y adornar las tumbas, las flores, las velas encendidas junto a los nombres queridos. Han sido gestos sencillos que expresaban que la comunión con los seres amados no se rompe con la muerte.

Obviamente, cada cultura ha desarrollado sus propias tradiciones alrededor de estas fechas. En México, por ejemplo, la celebración adquiere una fuerza y un color singulares, hasta el punto de que existen guías para celebrar en familia la solemnidad de Todos los Santos que ayudan a los hogares a orar juntos y a mantener viva la memoria de sus difuntos.

En el fondo, el 1 de noviembre, día de Todos los Santos, no invita a mirar hacia atrás con tristeza, sino con gratitud y esperanza. Recordar a quienes no están es también reconocer que su testimonio permanece vivo y que la santidad cotidiana sigue siendo un camino abierto para todo el mundo.