El 28 de diciembre la Iglesia recuerda la matanza de los niños de Belén ordenada por el rey Herodes para eliminar a Jesús recién nacido. Ese mismo día, la tradición española suele invitar a gastar bromas, los medios publican noticias falsas y la televisión emite una gala benéfica desde hace años. La relación entre las tres cosas parece algo truculenta, pero la explicación de por qué las tres cosas suceden el mismo día es bastante sencilla.
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¿Qué ocurrió el día de los Santos Inocentes realmente?
Lo podemos leer en apenas tres versículos del Evangelio de Mateo (2, 16-18). Herodes, rey vasallo de Roma en Judea, se siente amenazado cuando unos sabios de Oriente le hablan del nacimiento de un nuevo rey. Al comprender que aquellos visitantes no van a decirle dónde está ese niño se enfada hasta tal punto que ordena asesinar a todos los menores de dos años nacidos en Belén y sus alrededores. El evangelista cierra la escena con un lamento tomado del profeta Jeremías: una voz que se oye en Ramá, la de Raquel, que llora a sus hijos y rehúsa el consuelo “porque ya no existen”.
Muchos estudios ponen en duda que el episodio ocurriera tal cual. Una corriente de autores sostiene que Mateo buscaba un paralelismo con el faraón que ordenó matar a los primogénitos hebreos, para presentar a Jesús como un nuevo Moisés. Además, por otra parte, los cálculos pueden desmitificar el relato evangélico: el biblista Raymond Brown indicaba que Belén era una aldea de alrededor de mil habitantes, por lo que, por estadística, las víctimas no habrían pasado de una veintena de niños, lo que queda muy lejos de cifras multitudinarias.
Con todo, ya a finales del siglo IV se veneraba a aquellos pequeños como los “primeros mártires de Cristo”. El papa Francisco decía que los inocentes de hoy son los niños que sufren por la guerra y el hambre. Sabiendo que los evangelios no son tratados históricos, la celebración sigue leyéndose en esa clave.
Qué es el día de los santos inocentes, según la representación artística de Nicolaus Beatrizet (1540).
¿Cuándo se celebra el Día de los Santos Inocentes y por qué el 28 de diciembre?
En España y en la mayor parte de la Iglesia latina, el día de los Santos Inocentes se celebra el 28 de diciembre, dentro de la octava de Navidad. La fecha no se fijó de un día para otro. Esta fiesta entró en la liturgia occidental a lo largo del siglo V, después de que la Epifanía se hubiera implantado en occidente el siglo anterior.
Aun así, no todas las ramas cristianas coinciden en el calendario. Se puede decir que en ese desajuste está una parte del origen del Día de los Inocentes tal como se entiende a nivel popular. Los ortodoxos lo celebran el 29 de diciembre (lo llaman “los Santos Inocentes asesinados por Herodes”); los sirios ortodoxos, el primer domingo después de Navidad; y el antiguo rito mozárabe español lo llevaba, con más lógica cronológica, al 8 de enero.
Por supuesto, ese baile de fechas no es una cosa sin importancia. En el siglo XIII, un comentarista llamado Guido de Orchelles observó que la matanza debió de suceder cerca de un año después del nacimiento (tras la visita de los magos de Oriente). Colocarla antes de la Epifanía resultaba a sus ojos una excentricidad.
Entonces, ¿por qué se celebra el Día de los Santos Inocentes precisamente ese día? Fácil: encaja en una secuencia. En la octava de Navidad, el 26 se recuerda a san Esteban (vinculado a diáconos), el 27 a san Juan Evangelista (vinculado a presbíteros) y el 28, en consecuencia, quedó reservado para el clero más joven, los monaguillos.
De la tragedia a las bromas: 28 de diciembre y la tradición de las inocentadas
Para entender cómo convergen tragedia y bromas hay que hablar del idioma. Inocencia viene del latín, en concreto de la negación de la palabra “nocens”, que significa hace daño. Al agregarle la partícula “in” se convierte en algo similar a “que no hace daño” o “que no hace mal”. Pero cuando el latín se fue transformando en español, inocente adquirió otro significado: ingenuo, crédulo y fácil de engañar. Así que, cuando la Iglesia celebraba la memoria de los Santos Inocentes, el español a pie de calle lo tuvo fácil para dar comienzo a las inocentadas.
No fue un desarrollo lineal, por supuesto. La historia del Día de los Inocentes en su versión festiva también se explica por celebraciones como la Fiesta de los Locos (Festum Stultorum), de raíces medievales y renacentistas, alrededor del Año Nuevo. Esta formaba parte de la llamada “libertad de diciembre” (libertas decembrica), una parte del calendario en el que, heredando el espíritu de las Saturnales romanas, se invertían los papeles: los humildes mandaban, las autoridades eran efímeras y se toleraban burlas, disfraces y engaños impensables el resto del año.
Como el 28 era el día de los monaguillos y evocaba a unos niños “inocentes”, ambas cosas terminaron fundiéndose en una sola. La jornada se convirtió en “la ocasión perfecta para engañar a los inocentes”. La Iglesia intentó una y otra vez frenar aquellos “juegos necios y perniciosos”, como los llamaba. La Universidad de París condenó la Fiesta de los Locos en 1445 y el Concilio de Basilea quiso suprimirla por completo, pero la costumbre sobrevivió transformada.
Así es como se llega hasta las inocentadas de hoy: las bromas entre amigos, las noticias falsas que publican los medios cada 28 de diciembre y la Gala Inocente, un espacio solidario que desde 1995 ha ido pasando de cadena en cadena y que hoy emite La 1 de TVE.
Las inocentadas más curiosas de España
El Día de los Inocentes en España y sus sucesivas transformaciones históricas ha dejado tradiciones locales sorprendentes. Podríamos decir que la más espectacular es la Festa dels Enfarinats de Ibi (Alicante). Cada 28 de diciembre, catorce hombres casados (condición indispensable) toman por asalto el ayuntamiento, se proclama “la Justicia Nova” e imponen durante horas leyes absurdas, celebran juicios exprés y multas imposibles de pagar. Hacia las once aparece la “Oposición” y estalla la batalla: harina, tomates, verduras, petardos y colores por todas partes. Al final se firma la paz y todo el dinero recaudado en las multas va a parar a entidades benéficas. La fiesta, recuperada en 1981 tras casi cuarenta años sin celebrarse, conserva ese aire de las Saturnales de mundo al revés.
Otra celebración a recordar es el obispillo de Burgos, heredero directo de aquellas fiestas del clero menor. Un niño de coro era elegido “obispillo” el día de san Nicolás y, la tarde del 28, recorría la ciudad revestido de obispo hasta el Hospital del Rey. Eso sí, con algunos límites: mitra sencilla, manos cruzadas sobre el pecho y prohibición absoluta de dar bendiciones. Muchas costumbres similares llenaron las catedrales españolas (Sevilla, Toledo o Zaragoza) hasta que los concilios las fueron apagando por considerarlas un abuso.
En caso de querer saber más, en el interior valenciano y alicantino sobreviven parientes cercanos de los Enfarinats, como el Ball dels Folls del Camp de Mirra o las fiestas de “reyes” burlescos de Tibi, Agost o Biar: pequeños mundos al revés que, un día al año, permiten a los inocentes tomar el poder terrenal.
