Para conocer el origen de Papá Noel, hay que saber que antes que Santa Claus se llamaba Nicolás y nació hacia el año 280 en la actual Turquía. Con el tiempo llegó a ser obispo de una ciudad llamada Mira y alrededor suyo nació un rumor que más tarde creció hasta transformarse en mito. Se decía de él que dejaba bolsas de oro en las ventanas de las casas más pobres al amparo de la noche, antes de que amaneciera, para que nadie supiera quién había sido. A partir de ese gesto nació la idea de Papá Noel, pero, quitando toda la parafernalia decorativa, todavía se puede conocer la historia real de Santa Claus.
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Papá Noel existió y sus regalos eran reales
Mucha gente se pregunta si existió Santa Claus. Para llegar a saberlo, en primer lugar hay que examinar el origen de Papá Noel . Tras el personaje tantas veces explotado hubo una persona de carne y hueso. En su raíz, Papá Noel encuentra su origen histórico en Nicolás de Mira, un obispo del siglo IV nacido en lo que hoy es Turquía.
Es complicado separar objetivamente las verdades historiográficas, es decir lo que la ciencia conoce, de lo que son mitos transmitidos de una generación a la siguiente. Lo que se sabe con certeza es poco, pero aparentemente sólido: vivió entre los siglos III y IV, fue obispo de Mira, en la región de Licia, y tras su muerte sus reliquias fueron trasladadas a Bari, en el sur de Italia. Ya en época temprana se le veneró como santo y como patrón de la infancia, de los pobres y de los navegantes, atribuyéndole los fieles numerosos milagros.
Hay otros datos que suelen aparecer en casi todas las biografías que documentan si existió Santa Claus, aunque no todo se puede sostener con firmeza: que nació hacia el 280 en Patara (cerca de Mira), que fue perseguido bajo el mandato de Diocleciano, encarcelado y posteriormente liberado en 313 con el Edicto de Milán. Se dice que falleció un 6 de diciembre de algún año entre el 343 y mediados de siglo, motivo por el cual se estableció esa fecha como día para honrar su memoria.
Antes de ser obispo, Nicolás dio tres bolsas con monedas de oro a sendas doncellas cuyo padre las había empujado a la prostitución con el fin de extinguir una deuda. Una escena que, con la correspondiente deformación en la transmisión a lo largo de los siglos, permite dilucidar un cierto origen para el mito de los regalos.
El origen de papa Noel no está en una bebida de refrescos, sino en un obispo de los siglos III y IV
El obispo que se convirtió en Santa Claus gracias a un dibujante (y no a la Coca-Cola)
La historia de Papá Noel recorre cientos de años, con adiciones, supresiones y modificaciones. En 1087, un grupo de normandos italianos trasladó las reliquias del santo desde Mira hasta Bari. Desde allí se propagó el culto a San Nicolás por toda Europa y se le nombró patrón de marinos y comerciantes, lo que favoreció que se convirtiera en una figura popular a ambos lados del continente, venerada lo mismo en territorio de la Iglesia Católica como de la Ortodoxa. Era el santo protector de quienes atravesaban los mares.
Aunque es probable que la contribución de mayor envergadura al mito actual de Santa Claus provenga de los Países Bajos. Allí el santo pasó a ser conocido como Sinterklaas y apareció la costumbre de llenar un zapato de monedas para los niños pobres. Más tarde, con la colonización de América, muchos neerlandeses acabaron en Nueva Amsterdam (posteriormente Nueva York). Los habitantes americanos adaptaron el nombre a Santa Claus, desplazando a su vez la fecha de celebración para que coincidiera con Nochebuena. De ese modo, la generosidad del obispo fue sustituida poco a poco por la costumbre del intercambio de regalos.
¿Y qué se puede decir del aspecto de Papa Noel? Lo imaginamos como un hombre mayor, rechoncho, risueño y vestido de rojo. ¿Nació como campaña publicitaria para una marca de refrescos?
La respuesta es que solo parcialmente. En 1823, Clement C. Moore publicó un poema donde se hablaba de San Nicolás, mencionando ya el trineo lleno de juguetes, la entrada por la chimenea y el saco al hombro. Más tarde, el ilustrador Thomas Nast agregó algunos detalles a esa imagen para el semanario Harper’s Weekly durante las décadas 1860 a 1880. Nast fue el responsable de darle el aspecto de viejo bonachón y de mofletes sonrosados, así como de despojarle de cuanto pudiera identificarle como cristiano. Por aquel entonces, mucho antes de la publicidad de refrescos de Cola, ya se vinculaba a San Nicolás con el color rojo.
San Nicolás hoy, la existencia real de Papá Noel
No obstante, más allá del mito, la Iglesia continúa celebrando la memoria de San Nicolás cada 6 de diciembre, lo mismo el calendario romano que el ortodoxo.
La Basílica de San Nicolás de Bari, levantada para custodiar sus reliquias, es hoy un centro de peregrinación ecuménica. No hay demasiados santos venerados por igual por católicos y ortodoxos, pero el antiguo obispo de Bari se cuenta entre ellos. Y resulta especialmente llamativo porque la figura de San Nicolás se transforma en nexo de unión entre confesiones para las que una separación mutua de mil años pasó demasiada factura de cara a la reunificación.
Algunas costumbres populares también han conservado la memoria del santo. En Países Bajos, la víspera de su fiesta, en la noche del 5 de diciembre, se sigue dando la gran cita de los regalos, aunque en la mayor parte del mundo se ha trasladado ese momento al 25 de diciembre, siguiendo la costumbre norteamericana. Cambia el calendario, pero el gesto es el mismo que atribuían al obispo: dar sin esperar nada a cambio.
Al final, la figura de san Nicolás funciona como un puente entre culturas, tradiciones y confesiones cristianas. Papá Noel, igual que nuestros Reyes Magos, existe en la forma de la voluntad de tantas y tantas personas que hacen que algo que parece irreal, fantasioso o irracional sea una realidad contrastada año tras año. Puede que, a la pregunta de si existió Santa Claus, esa sea la respuesta más honesta. No tenemos una certeza historiográfica cien por cien infalible, pero sabemos que detrás de los regalos hay un gesto mucho más profundo: la donación gratuita y la entrega al otro.
