Del 23 al 24 de junio celebramos San Juan, una noche de fuego y creencias
La noche del 23 al 24 de junio, millones de personas encienden hogueras, escriben deseos y los lanzan al fuego, saltan siete olas o se lavan la cara con el rocío del amanecer. Recibe el nombre popular de “noche mágica de San Juan”. Lo que no todo el mundo sabe es que detrás de esos gestos hay tres cosas muy distintas que se dan la mano: una decisión de la Iglesia del siglo IV, un profeta bíblico y pura lógica astronómica. Sorprendentemente, las tres encajan entre sí.
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¿Qué día es San Juan y cuándo es la noche “mágica” en 2027?
Gran parte del interés que suscita esta celebración comienza por responder a una cuestión básica: qué día es San Juan o cuándo es el día de San Juan. Respuesta fácil. La festividad de San Juan Bautista se celebra el 24 de junio.
Pero eso solo responde a una de las incógnitas; falta saber qué día es la noche de San Juan. También es sencillo. Es la víspera: la noche del 23 al 24 de junio. En 2027 cae en la noche del miércoles 23.
Que se celebre la noche anterior y no el propio día 24 se explica porque la tradición cristiana antigua contaba las fiestas desde la víspera, igual que la Nochebuena es la víspera de la Navidad. La celebración empieza cuando cae el sol del día 23.
En una sociedad que ha despojado de significado profundo las muchas celebraciones a lo largo del año, las motivaciones se reducen a lo siguiente: ¿es festivo el día de San Juan?
No es festivo nacional en toda España, pero sí lo es en Cataluña, la Comunidad Valenciana, Galicia y Baleares. Además, fuera de nuestras fronteras la fecha tiene una tradición también de largo recorrido: en Portugal, la Noite de São João de Oporto es una de las citas populares del año, y en Brasil las Festas Juninas llenan junio de música, hogueras y comida.
La celebración de San Juan el Bautista y el solsticio de verano
El 24 de junio no es una fecha elegida al azar. Coincide con el solsticio de verano del calendario juliano, el momento del año en que los días alcanzan su mayor duración y, a partir de ahí, empiezan a acortarse. Antes incluso del cristianismo, tanto el solsticio de verano como el de invierno tenían una importancia enorme en la vida popular, porque el culto al Sol estaba muy extendido y las hogueras eran su elemento central.
Hay quien sugiere que la Iglesia occidental, consciente del arraigo de aquellas fiestas paganas del fuego y del sol, situó aquí de forma deliberada el nacimiento de Juan el Bautista, superponiéndolo a unas celebraciones que ya existían. Según el calendario juliano, el 25 de diciembre correspondía al solsticio de invierno y el 24 de junio al de verano, fechas que después se rectificarían en el Concilio de Nicea del año 325.
La lógica teológica que subyace es en cierta medida elegante. El propio Juan lo dijo del Mesías: “Es necesario que él crezca y que yo disminuya“ (Juan 3, 30). Y eso es exactamente lo que hace la luz: desde el 24 de junio, nacimiento de Juan, los días empiezan a menguar; desde el 25 de diciembre, nacimiento de Cristo, los días vuelven a crecer. Incluso lo comentaba San Agustín: en la Natividad de Cristo crece el día; en la de Juan, mengua. La astronomía y la teología se tocan desde una misma perspectiva universal.
¿Y por qué Juan nace seis meses antes que Jesús? Lo establece así el evangelio de Lucas, que sitúa la concepción de Juan seis meses antes que la de Cristo. Esa diferencia de medio año convierte el 24 de junio en el espejo exacto del 25 de diciembre: dos nacimientos, dos solsticios, dos mitades del año que se reflejan.
Qué se hace la noche de san Juan y cuáles son las tradiciones de san Juan tienen que ver con la figura de san Juan Bautista, la figura central de esta imagen creada por Willem Reuter (1665)
¿Quién fue Juan el Bautista? El profeta que anunció la llegada de Cristo
Juan Bautista fue, según los evangelios, hijo de Zacarías y de Isabel, siendo ella pariente de María, la madre de Jesús. De ahí el vínculo familiar entre ambos. Es presentado como un predicador austero y de personalidad radical que bautizaba en las aguas del Jordán y anunciaba la llegada de alguien más grande que él. De hecho, cuando vio acercarse a Jesús, lo señaló con una frase que se repite adaptada en cada misa: “He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn 1, 29).
Fue, por tanto, el precursor: el profeta que preparó el camino y presentó a Cristo. Bautizó a Jesús en el Jordán y mantuvo una relación tensa con el poder político de su tiempo; al final, Herodes Antipas acabó ordenando su muerte.
La figura de Juan Bautista, por tanto, está asociada al agua y eso también ha quedado reflejado en las diferentes tradiciones y festividades populares.
La “magia” de la noche de San Juan: tradiciones y rituales
Hay algo que caracteriza a la noche de San Juan desde hace siglos: la superposición de elementos cristianos y paganos que hacen unos de una misma simbología. Casi todas las tradiciones de San Juan giran alrededor del fuego como destructor del mal y del agua como elemento purificador.
Para no alargarse mucho, toca resumir lo que se hace la noche de San Juan:
- Las hogueras. Son la imagen más famosa de la fiesta. Se saltan las llamas, se baila alrededor o se queman muñecos de trapo (los júas en Málaga, los juanillos en Cádiz) que simbolizan el mal y la mala suerte del año.
- Los deseos. El ritual de la noche de San Juan más extendido consiste en escribir en un papel aquello que uno quiere dejar atrás, o aquello que desea que llegue, y lanzarlo al fuego. En cuanto a qué se pide en la noche de San Juan, la lista es tan antigua como humana: amor, salud, suerte o una buena cosecha.
- El agua. En la costa se salta el mar de espaldas para librarse de lo malo; tierra adentro se busca el rocío del amanecer o la “flor del agua”, que brota en las fuentes al romper el alba y que, según la creencia popular, hace feliz en el amor a quien logra cogerla.
- Las hierbas. Ciertas plantas, como la albahaca y el helecho, son usadas esa noche bajo la creencia de que poseen propiedades curativas y protectoras.
Esta amalgama de tradiciones paganas y cristianas pueden resultar confusas y hasta contradictorias entre sí. Dado que es la noche de San Juan, el bautista, a los bautizados precisamente corresponde discernir con sabiduría.
A lo largo de los siglos, esta velada ha inspirado al mundo de la literatura, desde el “El sueño de una noche de verano” de Shakespeare hasta los romances que fechaban sus historias en “la mañana de San Juan”. Con o sin rituales, sigue siendo la fiesta en la que el fuego y el agua se conjugan con significados opuestos y conforman en la mente colectiva el concepto de la noche más “mágica” del año.
