Este domingo, 21 de junio de 2026, el papa León XIV se asomó a la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico en el Vaticano para rezar el ángelus con los fieles y peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro.
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Tras la oración, el pontífice recordó la celebración de la Jornada Mundial del Refugiado de la ONU este 20 de junio apeló a la protección de quienes dejan “su casa, su tierra y su familia” y apeló a “las conciencias de los responsables de las naciones” ante los que buscan “protección y seguridad”, especialmente de quienes sufren persecución. También saludó especialmente a un grupo de diálogo ecuménico, recordó a los jóvenes brasileños fallecidos en un accidente ferroviario y los fieles presentes.
A partir de la liturgia de este 12º Domingo del Tiempo Ordinario, el pontífice reflexionó sobre la misión de los cristianos en el mundo actual, la superación del miedo y la necesidad de cultivar espacios de silencio en la rutina diaria.
La contemplación no es exclusiva de los monjes
Basándose en el Evangelio del día (Mt 10,26-33), el Papa comentó la exhortación de Jesús a sus discípulos: “Lo que les digo en la oscuridad, díganlo a la luz, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde la azotea”. El pontífice explicó que anunciar el evangelio no consiste en aplicar herramientas externas, sino que es, fundamentalmente, compartir un encuentro personal y único con Él.
La fuerza del apostolado, señaló, se basa en la obra del Espíritu Santo en cada persona. Para ilustrarlo, citó a santo Tomás de Aquino y su concepto de “contemplata aliis tradere” (transmitir a otros lo que hemos contemplado), desmintiendo rápidamente un mito común sobre la oración. “No hay que pensar en el ‘contemplar’ como una experiencia exclusiva, reservada a algunos santos o a los monjes y a los ermitaños”, aseguró el pontífice.
El Papa invitó a todos los fieles a buscar momentos de quietud entre los compromisos diarios para permanecer en silencio ante Dios, escuchar su voz y encomendarle tanto las alegrías como las preocupaciones. Según León XIV, esta práctica forma personas de fe sólida, capaces de reflejar la luz del Evangelio incluso en lugares donde sus valores no son comprendidos ni aceptados.
Fidelidad ante el cansancio
Además, el Papa hizo un paralelismo entre las comunidades a las que se dirigía san Mateo y los cristianos de la actualidad. El pontífice recordó que las primeras comunidades debían afrontar hostilidad y persecuciones.
Destacó que esta misma realidad la siguen sufriendo hoy muchos cristianos en diversos lugares del mundo. Advirtió que, ante estas situaciones, existe una gran tentación de dejarse vencer por el cansancio, el miedo o el desánimo.
Para hacer frente a estas dificultades, el Papa trazó una hoja de ruta sobre cómo debe ser la respuesta de un creyente, reconociendo que es difícil permanecer fieles a las enseñanzas de Jesús:
- Frente al odio: Responder con el amor.
- Frente a la prepotencia: Responder con la mansedumbre.
- Frente al desánimo: Responder con la perseverancia.
Para finalizar, citando la Exhortación Apostólica ‘Evangelii gaudium’ del papa Francisco, León XIV subrayó la necesidad de profundizar las raíces de la fe mediante una relación intensa con Jesús. Esto, concluyó, es lo que otorga la fuerza para no rendirse y seguir transmitiendo un mensaje de esperanza, amor y paz en cualquier circunstancia, algo que “¡al mundo le hace mucha falta!”.

