Tribuna

León XIV, adalid de la dignidad para todos

Síguenos en:

A la hora de resumir el mensaje lleno de Evangelio y dignidad humana que nos ha ofrecido el papa León XIV en su visita apostólica a España, pensé en aquellas palabras que dirige Pablo a su discípulo Timoteo cuando le dice: “Proclama la Palabra de Dios, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, reprocha, exhorta como quien tiene mucha paciencia y sabe enseñar” (2 Tim 4, 2). Así lo hemos experimentado compartiendo con el papa León este viaje a Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife.



Ha tenido una palabra clara, valiente, llena de coraje y amabilidad, sin excluir a nadie e integrando a todo el mundo, ya que el destino era global, a la vez que partía de su concreción. Con él hemos sentido portadores del mensaje que hoy el mundo necesita y nuestras sociedades reclaman a voces.

“Alzar la mirada”

La primera palabra ha sido una invitación a “alzar la mirada” cuando existe tanta postración padecida y apenas hay fuerzas para levantarse, tal como se ha explicado en distintas intervenciones, pidiendo al Papa una palabra clarificadora y que levantara el ánimo y comunicara fuerza para seguir en pie.

El papa León XIV en el centro CEDIA 24 Horas, de Cáritas Madrid. Foto: EFE

“Habrá un buen número de jóvenes con entusiasmo –decía el papa León a los periodistas en el vuelo hacia Madrid–, compartiendo la alegría de la fe, podemos dar un mensaje muy bueno”. Y así ha sido, jóvenes, compartir la fe y un mensaje muy bueno.

Actitud de escucha

El auditorio, de lo más variado, y una recepción del mensaje en actitud de escucha han hecho posible la atención incluso de los más alejados y reacios a escucharlo, como alguien había comentado. La expectativa se ha convertido en una valoración que ha superado en mucho las previsiones, cuando alguien ha dicho “este hombre se hace escuchar”, o “no me hubiera imaginado prestarle atención tanto tiempo”, o “le hacen caso, tanto creyentes como agnósticos”, o “su palabra es de esperanza y ánimo para todos y no crea diferencias”.

Ha pedido a las autoridades y al Parlamento, “por amor a la verdad, abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de la realidad social y de su historia”, al mismo tiempo en que insiste en la “grave responsabilidad de ordenar jurídicamente la convivencia social, a veces amenazada por la cultura del descarte. En este sentido, la defensa de la vida humana no es una cuestión parcial”.

Escuchar a los pobres

No solo discursos y homilías que se han hecho escuchar por la claridad de su lenguaje y la densidad evangélica y humanitaria de su contenido, sino su referencia y proximidad a los pobres con la que ha demostrado una sensibilidad especial, pues lo primero que ha hecho ha sido escucharlos.

Papa con migrantes en Arguineguín

León XIV recibe en Arguineguín, un centro de flores para lanzar al mar en memoria de los migrantes fallecidos. Foto: EFE

Se nos han saltado las lágrimas en muchas ocasiones, ya que las experiencias que le han expuesto tocaban la fibra más fina y delicada de mucho sufrimiento. Entre sus muchas respuestas, el Papa ha agradecido el testimonio y ha hablado del perdón, de la “buena disposición del corazón para rechazar toda forma de odio y de venganza, y ser portadores de paz”.

Con los más vulnerables

Visitando y conociendo de primera mano la realidad de esos centros de acogida y atención a los más vulnerables, donde tantas entidades de Iglesia trabajan sin descanso, de forma gratuita, sin esperar nada a cambio, se ha referido a los enfermos, los presos –acercándose a la cárcel de Brians 1–, y a esos lugares de sufrimiento que son los puertos, donde llegan constantemente pateras llenas de personas que huyen de la guerra, la injusticia, el hambre y el descarte familiar, étnico y social.

El papa León XIV en la prisión de Brians 1

El papa León XIV en la prisión de Brians 1 durante su visita a Barcelona. Foto: Vatican Media

El Papa ha mostrado hacia estas personas su mayor sensibilidad, que le ha hecho decir: “Queridos migrantes, antes de decirles cualquier palabra, quiero inclinarme ante su dignidad…”. Ha unido la Eucaristía y toda celebración, porque “no podemos pasar de largo ante los cayucos y las pateras, pues de la oración brota todo servicio y a ella vuelve todo compromiso”. No acabaríamos nunca de profundizar y comunicar todo lo visto y oído.

Belleza, verdad y bien

Por ello, en cada celebración y encuentro, se ha clarificado más la verdad del Evangelio y la presencia de Jesús, quien desde la cruz ha proyectado su luz sobre toda la ciudad y el mundo entero, pues ya no hay fronteras. Así, veíamos iluminarse la cruz de la torre central de la Sagrada Familia y la efigie de Antoni Gaudí fijándose en ella. Toda una revelación que nos invita a contemplar la belleza, a comprometernos con la verdad y a hacer el bien, junto con la acción de gracias. Gracias, Santo Padre, papa León, por su palabra valiente, su cercanía y bondad.