El obispo de Magdeburgo, Gerhard Feige, fue una de las voces más contundentes de la Iglesia católica alemana contra la AfD antes de las elecciones en Sajonia-Anhalt. Un mes después de que el partido obtuviera el 43,8% de los votos y se convirtiera con diferencia en la primera fuerza del Parlamento regional, mantiene su posición, aunque reconoce que el resultado obliga a mirar de frente una realidad política que también ha penetrado entre los cristianos. “Estoy desilusionado, desconcertado y preocupado, pero no desesperado”, ha asegurado, tal como recoge Katholisch.
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El nuevo Parlamento de Sajonia-Anhalt se constituyó este martes con AfD como grupo mayoritario. Su dirigente regional, Ulrich Siegmund, tiene previsto presentarse en diciembre a la elección como ministro-presidente. La formación no dispone por sí sola de mayoría absoluta, pero su resultado ha cambiado el equilibrio político del Land. La organización regional de AfD está clasificada por el servicio de inteligencia interior de Sajonia-Anhalt como una fuerza de extrema derecha confirmada.
“Todavía existe una mayoría en Sajonia-Anhalt para la que la democracia liberal es un valor fundamental y no un mero medio para un fin”, explica el obispo. Desde la Iglesia y las organizaciones de la sociedad civil, asegura, seguirán defendiendo “la dignidad de todo ser humano, la convivencia tolerante y la paz social”.
“No creo que una sola persona pueda resolver esto. El problema es demasiado complejo y complicado”, admite. Lo que echa en falta es “más confianza mutua y en el futuro, análisis honestos y soluciones constructivas, valentía cívica y empatía” y, especialmente, dejar atrás el “seguir igual” en la política habitual.
Cuando los cristianos también votan a AfD
Uno de los datos que más interpela a la Iglesia es el comportamiento electoral de sus propios fieles. Cerca de un tercio de los votantes cristianos apoyaron a AfD. Feige reconoce que el resultado le sorprende solo a medias. “Sigo convencido de que el Evangelio puede humanizar a las personas y que los cristianos son un ejemplo de ello. Por otro lado, los cristianos también pueden sucumbir al espíritu de la época y a sus ideologías“.
“Supongo que algunos ni siquiera se han familiarizado con el programa de la AfD, sino que simplemente estaban frustrados por la crisis, hartos del clima político actual, y votaron por algún conocido aparentemente cercano de su círculo”, explica. “Otros parecen adherirse a una forma identitaria de cristianismo cultural y muestran poco o ningún respeto por el mandamiento fundamental de amar al prójimo”.
Asimismo, señala a “los círculos conservadores de derecha que se obsesionan con cuestiones de sexualidad y estilos de vida y creen estar mejor representados en la AfD que en las iglesias”. Por otro lado, Feige observa una tendencia hacia “una religiosidad individualista, universal y atemporal”, resumida en la idea “Salva tu alma”.
Es ahí donde aparece, según el obispo, la crítica a que la Iglesia se pronuncie sobre cuestiones políticas. Feige asegura haber recibido por ello reacciones “francamente odiosas y abusivas”. “Pertenecer formalmente a una iglesia no significa haber comprendido e interiorizado verdaderamente su significado y misión”, advierte.
“No elegí este papel”
Su enfrentamiento público con AfD le ha valido también acusaciones de contribuir a la polarización. “El Evangelio siempre ha sido una fuerza divisiva, que nos desafía a aceptar o rechazar su mensaje”, responde. “Me parece extraño que alguien que, siguiendo el espíritu de la Biblia, aboga por la dignidad de todas las personas, por la libertad y la justicia, la solidaridad y el amor al prójimo, sea acusado de contribuir a la división de la sociedad”, sostiene.
El coste de haberse situado públicamente contra el partido se ha traducido, explica, en “innumerables solicitudes de entrevistas”, además de “insultos y difamaciones”, aunque también ha recibido cartas de agradecimiento y muestras de solidaridad. “No elegí este papel; simplemente me tocó vivirlo”, reconoce.
Un posible “cambio de paradigma”
La incógnita ahora es qué ocurriría si AfD lograra hacerse con el Gobierno regional. “Hasta ahora, el Estado y la Iglesia, si bien son fundamentalmente independientes, han mantenido una relación contractual y, en general, han sido socios de confianza”, señala. Ambas partes han colaborado en diferentes ámbitos desde una responsabilidad compartida hacia los ciudadanos y el bien común.
“En mi opinión, se está produciendo un cambio de paradigma”, afirma. “Si se toman en serio las declaraciones anticlericales de la AfD, parece que ahora las iglesias somos vistas como enemigas. Aún está por verse qué implicaciones tendrá esto para nuestra relación”.
“La línea roja se traza donde se tergiversa o se infringe la ley, donde se rescinden contratos arbitrariamente”. Si eso ocurriera, avanza que la Iglesia recurriría a los tribunales. Para el resto de conflictos, espera que puedan encontrarse soluciones en el ámbito de trabajo habitual. “A pesar de todo, seguiremos contribuyendo a dar forma a nuestra comunidad de manera decidida, constructiva y colaborativa”, asegura.
El difícil diálogo con los votantes
Otro de los retos está en mantener abiertas las conversaciones con quienes han votado a AfD. “Casi nadie lo ha logrado hasta ahora”, admite. A su juicio, muchos de quienes votan o simpatizan con AfD “suelen permanecer ocultos”. El asunto se aborda sobre todo en entornos de confianza y, aun allí, puede adquirir tal carga emocional que “hasta familiares, amigos y vecinos prefieren evitarlo”.
“Responder con calma y objetividad a la distorsión de la realidad, las mentiras y las insinuaciones, la demagogia y el cinismo no es tarea fácil”, afirma. Más difícil todavía es combatir con argumentos racionales “los miedos y las ansiedades que se avivan”. “Mantenemos nuestro compromiso de no reaccionar con agresividad ni cinismo”, insiste.
