Dios no actúa como muchas veces esperamos. No conquista por la fuerza, no elimina el mal de manera inmediata ni busca imponerse desde el poder. Esa fue la idea que ha subrayado el papa León XIV en su mensaje durante el Ángelus de este domingo, 19 de julio en el que, apoyándose en las parábolas del trigo y la cizaña, el grano de mostaza y la levadura, subrayó que “Dios prefiere la pequeñez”.
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Una pequeñez que, ha explicado el Papa, “es signo de su amor discreto”, porque deja libre al ser humano para acogerle o rechazarle y actúa “de forma escondida e invisible” hasta transformar la realidad desde dentro. “A veces esperamos algo espectacular, deseamos un Dios que intervenga desde lo alto arrancando de inmediato la cizaña del mal”, ha reconocido el pontífice.
Sin embargo, esa imagen, añadió, acaba trasladándose también a la forma de entender la Iglesia. “Nos imaginamos a un Dios fuerte y poderoso y, por desgracia, adaptamos también a esta imagen nuestra forma de ser cristianos y de ser Iglesia”, lamentó.
Frente a esa lógica, el Papa ha recordado que el Reino de Dios sigue creciendo silenciosamente, incluso “en medio de la cizaña” y, por ello, ha pedido aprender a descubrir “el bien que brota incluso en la oscuridad del mal”, sin caer en juicios precipitados.
La lógica de la semilla
“El Reino viene como la más pequeña de las semillas”, ha dicho el Papa, y “crece de manera invisible, como la levadura en la harina”. “Él siempre nos acompaña y su amor siempre está actuando en nuestro favor”, ha asegurado.
De esta manera, León XIV ha afirmado que, como cristianos “estamos llamados a adoptar un estilo evangélico, sin oponernos precipitadamente con juicios arrogantes, sin imponernos con el poder y la fuerza, sin perder la confianza en la obra de Dios”.
Para ilustrarlo, ha recuperado unas palabras del entonces cardenal Joseph Ratzinger, en las que defendía que “la lógica de la semilla”, una lógica que “no es la del éxito ni de la grandeza”, sino la de hacerse pequeño y ponerse al servicio de los demás. Solo así, ha concluido el Papa, los creyentes podrán convertirse ellos mismos en “una pequeña semilla del Evangelio” y en “una levadura de amor que transforma la masa del mundo”.
